Mas poderoso que la magia

Tercer día

—Oye, Kaifax, ¿hiciste lo del sello? —preguntó Tim.
—La verdad, ayer intenté hacerlo pero no logré nada. Pensé que tan pronto llegaras me ayudarías, pero nos pasamos el rato hablando... ¿De dónde lo sacaste, Tim?
Señalaba un objeto muy semejante a un pequeño armario con dos puertas; cada una tenía la mitad de un círculo y, al cerrarlas, ambas partes complementaban un círculo perfecto.
—La verdad, me ayudó mi padre. Ya sabes, él es...
—Sí, lo entiendo: el presidente.
Justo en ese momento, Lala se aproximó a la puerta del salón. Una vez dentro, se acercó cada vez más a mí. Llevaba claramente un bolígrafo y una hoja de papel en sus manos. Se detuvo a mi lado y escribió:

Hola, Kaifax. ¿Cómo estás hoy?

—Hola, Lala. Pues creo que se me acaba de arreglar el día.
Sonrojada, sonrió y luego preguntó en el papel:

¿Pudiste hacer el sello? Discúlpame, yo no pude hacerlo ayer. Te estuve buscando y no logré encontrarte.
«Maldito profesor Charls», pensé.
—Lo siento, Lala, tampoco pude hacerlo. Me ocupé y, aunque tan pronto como pude intenté realizarlo, creo que esto no es lo mío.
¿Qué vamos a hacer, Kaifax?
—Buenos días, muchachos. ¿Cómo están hoy?
La cara atontada de Tim solamente apuntaba en dirección a la puerta del salón, por la cual estaba entrando la profesora Vayolett. Tim se puso de pie de inmediato y contestó:
—Muy bien, profesora. Qué hermosa está hoy... ehh, bueno, siempre lo ha estado.
La clase soltó algunas risas, mientras que la profesora se fijó en Tim y le guiñó un ojo.
—Todo un galán, Tim —concluyó la profesora—. Bueno, como sé lo buenos estudiantes que son, empezaremos por revisar el ejercicio que les había dejado.
De pronto, Lala, aún estando allí frente a mí, escribió rápido:
Ven, hablemos con ella.
Me tomó de la mano y me llevó hasta donde la profesora, quien ya estaba sentada en su puesto.
—Hola, Lala. Hola, Kaifax. ¿En qué les puedo ayudar?
Lala me miró y, al ver que no me animaba a hablar, ella tomó su bolígrafo y papel. Escribió:
Le queremos decir algo sobre el ejercicio.
—Lo que pasa, profesora, es que no pudimos realizar el ejercicio —expliqué.
—Mmm... ¿acaso no se reunieron?
Lala escribió con urgencia:
Sí, sí nos reunimos, pero… los seguidores de los semidevilloth casi logran raptarme.
La profesora se puso en pie de un salto.
—¿Estás bien, verdad? ¿Cómo pasó?
Ella escribió:
Tranquila, estoy bien gracias a Kaifax. Él me protegió.
—Bueno, en realidad fue suerte.
La profesora, un poco sorprendida por lo que acababa de escuchar, dijo:
—Me alegro de que estés bien, mi niña. Dile a tu padre que debe aceptar la ayuda del Gobierno. Y respecto al sello, atrás, en ese baúl, hay uno; utilícenlo mientras tanto.
Señaló un baúl negro en el que se podía observar bastante polvo en su superficie. Lala me tomó de la mano hasta llegar a su puesto y escribió:
Ve por el sello. Traeré tu silla junto a la mía.
Esaras palabras fueron como adrenalina para mi cuerpo. Inmediatamente me acerqué al baúl. Vaya que sí tenía polvo; estaba algo atorado, así que al hacerle fuerza rompí la tapa, tratando de que nadie se diera cuenta.
«Un baúl de este tamaño solo para esto», pensé mentalmente al ver el objeto. Tenía forma de una espiral con tres puntas y un pequeño punto en el centro, de color metálico.
—Libérame... Libérame...
Una voz se escuchaba fuerte y clara. ¿De dónde venía? El sello se empezó a poner caliente; lo coloqué en el suelo.
—Libérame... Libérame...
La voz venía del sello. Me acerqué un poco.
—¿Quién eres?
—...Soy Rafter... libérame...
—No sé cómo hacerlo, Rafter, lo siento.
—*Una gota... una gota de sangre... en el círculo...*
La idea de poder ver al devilloth que se encontraba dentro de este sello me agradaba. Por alguna razón, mis manos ya estaban actuando sin yo pedirlo. Sentí un pequeño pinchazo en mi dedo y una gota de sangre apareció. Mi mano, como si tuviera pensamiento propio, se dirigió hacia el pequeño círculo con el dedo extendido; me acerqué y la sangre se empezó a acumular.
—¡Kaifax! ¡Kaifax!
—¡Apártense! —esta vez era la voz de la profesora—.

¡Despertarux!

Desperté. Sentí como si alguien me tomara y me llevara a otro lugar de golpe. Estaba sudando. A mi alrededor estaban mi compañeros y la profesora Vayolett, quien dio un pequeño respiro de tranquilidad.
—Pensaba que había sido tarde —dijo la profesora.
—¿Qué ha pasado? —pregunté desconcertado.
—Eso queremos preguntarte. Durante un buen rato estuviste sentado en el suelo y, cuando me acerqué a ti, tus ojos estaban completamente blancos. Al parecer no podías escucharme, como si tu cuerpo estuviese acá pero tu mente hubiera viajado a otra parte —explicó Tim.
—Bueno, recuerdo haber escuchado una...
—La clase ha terminado por hoy, salgan todos por favor —interrumpió la profesora firmemente—. Se retiran de los demás salones de clase sin hacer ruido. Y tú, Kaifax, por favor te quedas un momento.
Sin protestar, cada uno tomó sus cosas y se marcharon.
—¿Qué ocurre, profesora?
—Dime algo, Kaifax, ¿escuchaste una voz?
—Sí.
—¿Te dijo algo?
—Solo quería que lo liberara. Y aunque lo pidió, mi cuerpo parecía querer ayudarlo por sí solo.
La profesora, bastante sorprendida, dijo:
—Mira, Kaifax, no sé hasta dónde puedas entender esto, pero estoy segura de que puedes hablar con los devilloth. Si es verdad, eres la segunda persona que se conozca con esta habilidad.
—No entiendo nada. ¿Los entiendo?
—Sí. Y lo que dices de que tu cuerpo reaccionó por sí solo es porque el devilloth es mucho más fuerte que tú. Según lo que yo sé, esto varía según el poder de quien tenga el don de hablarles.
—¿Don? No creo que sea un don; prácticamente él puede hacer lo que quiera conmigo.
—En cierto sentido sí, pero si tu poder crece, tú serás quien lo controle. Y se dice que quien controle a un devilloth será un amo de la muerte... Debes tener mucho cuidado, Kaifax. No comentes nada de esto y... Espera acá un momento.
Tomó su capa, hizo el chasquido y desapareció en el acto.
«Apenas podía entender todo lo que sucedía: devilloth, magia, muertes, poder... ¿Qué es todo esto? ¿Acaso no es esto un sueño?», pensé.
En ese momento, una pequeña hoja de papel entró por la ventana del salón y aterrizó justo al frente mío. Me acerqué y la leí:



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En el texto hay: magia y amor, aventura, videojuego

Editado: 20.05.2026

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