Casi siempre tengo el ceño fruncido y una mueca en el rostro, prefiero eso que sonreír, no me ha gustado ser la chica perfecta, eso lo tenía muy claro, porque solamente eso sólo lograría que me sintiera mas triste de lo que ya estoy.
¿Como un recuerdo puede traerte tristeza y felicidad al mismo tiempo?
Aún puedo recordar como los días grises no lo eran tanto si podía ver esa sonrisa ingenua que me regalaba el niño de la galleta.
Es increíble como puedo recordar ese día como si fuera ayer, se siente muy real, tan vivo que puedo sentir las emociones de ese día.
Hace 12 años...
¿Como olvidar el día en que mi hermano tocaba el violín mientras mis padres lo miraban orgullosos?
Mi padre y mi madre estaban sentados en el sofá mirando asombrados a mi hermano, mientras yo miraba asomada desde la cocina como la sala se llenaba de esa melodía que producía él.
Es el sueño de todo padre tener un hijo como él, porque es un prodigio, es educado, bueno en los deportes, popular en su escuela, con una sonrisa que él podía mover el piso de miles de señoritas, era curioso porque que a pesar de todo lo que tenía, a él sólo le preocupaba agradar a nuestros padres con sus logros, por eso no es sorprendente que papá tenga una habitación que contenga los trofeos de Asher Hamilton.
Volviendo al tema, Asher estaba tocando el violín, con una delicadeza que te quedabas mirándolo, su música era arte, los oídos podían derretirse con tan solo escucharlo tocar el violín; sorprendente es lo que describía a mi hermano cuando lo escuchaban tocar ese instrumento las personas, tenía que admitir que tenía talento.
Saliendo del hipnosis que me provocaba al escuchar su música, mire mi mochila que se encontraba lista porque la alisté la noche anterior, solo esperaba que mis padres salieran de su ensoñación por mi hermano para ir a mi primer dia de escuela, era mi primer día en el jardín de niños, quería llegar temprano, conocer a mi profesora y hacer nuevos amigos.
Al ver que mis padres no salían de su hipnosis decidí acercarme a mi mamá y jalarle su vestido suavemente para que
me mirara.
—mami ¿podemos irnos al jardín? Ya es tarde —le miro suplicante porque de verdad me importaba llegar temprano.
Ella solo me miró y sonrió de manera despreocupada y me hizo a un lado.
— en un rato Helena, tu hermano va tocar otra pieza — de nuevo cae en las redes que tiene Asher.
No quería acercarme a mi papá porque sabía que ni me miraría.
Ahora ¿que debía hacer?
¿Faltar a clases y subir a mi habitación esperando que sea mañana?
No.
No quería esperar, porque tal vez mañana ocurriría lo mismo y no podría salir de mi casa.
Así que con el poco valor que puede juntar una niña de cinco años agarre mi lonchera y abrí mi puerta; hice ruido al abrirla, en si sonó un fuerte chirrido pero eso no pareció importarles, saque mi cabeza para sentir la fuerte corriente de aire, me heló la cara pero no me rendiría tan fácil, salí y cerré la puerta.
Sabía donde estaba la escuela porque había ido con mi mamá a matricularme el otro día, así que camine con valentía o al menos fingí tenerla para no entrar en pánico.
Corrí las calles oscuras y nubladas mientras dejaba que la lluvia mojara mi cabello rubio pero por andar mirando las calles no me di cuenta que mi lonchera había sido arrollada por los autos que corrían a alta velocidad, casi me atropella uno, si eso no fuera suficiente un perro grande paso por mi lado y me hizo caer en un charco de lodo, así manchando mi oberol que estaba impecable.
Ese día era horrible, quería regresar a mi casa y llorar en el regazo de mi mamá mientras ella sobaba mi cabello con sus cálidas manos.
En eso veo el jardín de niños que estaba frente a mi, ya no quería entrar, no quería que me vieran con mi ropa sucia y que me habían arrollado mi lonchera, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, mis labios quería salir un pequeño sollozo, así sería mi primer día de escuela.
Pero en eso siento que las lluvias ya no caían en mi rostro, ¿acaso había dejado de llover?, así que mire hacia el cielo extrañada y me percate que había una sombrilla negra tapándome, quería saber quien me había tapado con ese paraguas y cuando volteo siento que podía volar, ya no se escuchaba el sonido de las gotas de la lluvia contra la acera, ya no podía ver ese día tan sombrío, solo pude quedarme mirando a unos ojos verdes que me miraban con curiosidad y amabilidad.
Era un niño de melena rubia que sostenía ese paraguas, mirándome con esa penetrante mirada y con esa bella sonrisa que adornaba su rostro.
Si creía que eso no podía ser perfecto, él habló.
—hola, soy Josep, me gusta tu broche porque combina con tus ojos— después de decir eso me regaló una sonrisa cálida.
El aire se escapo de mis pulmones, el corazón me me aceleró como si estuviera corriendo.
¿Que era eso?
Al no escuchar respuesta mía abrió la puerta para pasar y me miró.
Yo con gusto pase antes que él, ¿podía ser mas lindo?
Me quede embobada mirándolo mientras el se quitaba su impermeable y botas de lluvia.
En eso escucho una pequeña risa y volteo a ver de quien provenía y era de un anciano que miraba a ese niño desde afuera, debía ser su abuelo, ni me percate que estaba con él.
A la hora del almuerzo las cosas habían mejorado un montón, la profesora me presento a la clase y todos me sonrieron, todos ese día eramos nuevos.
Ahora estaba comiendo con Sadashi Himura, una niña de cabellera color castaña con unos ojos rasgados un poco y una piel bronceada, sus ojos pequeños estaban tapados con unos lentes negros que la hacían ver inteligente, me cae super bien.
Me comenta que esta muy feliz de haberme conocido, que ella ya estudiaba desde su casa y que le gusta leer libros, ¡¡ella leía!!.
Yo solo le sonreía y trataba de ponerle atención pero mi mirada se dirigía al niño de cabellera rubia que se reía con un niño de cabellera ondulada, su piel era como el chocolate y tenia una sonrisa contagiosa, parecía que la estaban pasando super bien, creo que consiguió un amigo justo como yo.
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Editado: 12.06.2026