Matar Al Rey

Capítulo 14

—Padre... —susurró Asael, y en esa única palabra había más que un llamado: había memoria, había una necesidad que llevaba años acumulándose, había un intento torpe pero genuino de acortar una distancia que nunca había sabido cómo atravesar.

—Rey. —corrigió su padre con frialdad.

La respuesta no fue elevada, ni brusca, ni siquiera particularmente dura en apariencia, pero tuvo el efecto de un golpe seco. No había enojo desbordado en su tono, sino algo mucho más inquietante: una firmeza absoluta, una decisión ya tomada que no daba lugar a matices. No le estaba corrigiendo una palabra, le estaba marcando un límite.

Asael no respondió de inmediato. Sintió cómo ese pequeño ajuste cambiaba por completo el terreno en el que se encontraban, transformando lo que había querido que fuera un encuentro entre padre e hijo en algo mucho más distante, más peligroso, más irreversible.

Aun así, avanzó.

Caminó lentamente hacia el balcón, guiándose más por la silueta que por la vista, porque la noche se había vuelto espesa y el interior de los aposentos apenas ofrecía claridad. El aire era distinto allí, más frío, cargado de una tensión que parecía crecer con cada paso que daba.

Un relámpago rasgó el cielo.

La luz atravesó el espacio durante un instante y reveló la figura del rey con una claridad brutal. Asael lo vio entonces, inmóvil, con el cuerpo rígido, y algo en su postura le resultó ajeno, como si no estuviera frente al mismo hombre que había conocido toda su vida. La tormenta se acercaba, y no solo afuera.

—No pienso asesinarte, no es lo que crees —aseguró Asael, su voz intentando mantenerse firme a pesar de todo lo que se agitaba en su interior.

Salió finalmente al balcón, sintiendo el viento golpear su rostro con una intensidad que parecía acompañar la escena, como si incluso el clima hubiese decidido formar parte de ese enfrentamiento. Y entonces lo vio con claridad.

El rey sostenía una espada en cada mano.

No había duda en su postura, no había vacilación en su agarre. No estaba allí para escuchar, ni para negociar, ni siquiera para comprender. Estaba preparado.

—Leí la carta que recibiste —comentó el rey, y el desagrado en su voz no necesitaba explicación. No era solo enojo, era algo más profundo, más arraigado, como una traición que había sido confirmada en cada palabra leída.

Asael sintió cómo esa afirmación cerraba una de las pocas posibilidades que le quedaban. Ya no se trataba de explicar desde cero, ni de introducir la verdad con cuidado. Su padre ya tenía una versión de los hechos, y no parecía dispuesto a abandonarla.

—Te busqué por todas partes, no estabas en ningún lado y fui solo... —comenzó Asael, intentando reconstruir la secuencia, intentando darle sentido a sus acciones, pero no llegó a terminar.

—Estaba en la tumba de tu madre —sentenció el rey.

Las palabras cayeron entre ambos con un peso distinto al de todo lo anterior. No eran una defensa, ni una acusación directa, sino una afirmación cargada de algo que Asael no supo nombrar de inmediato. Dolor, quizás. O algo más antiguo que el dolor, algo que se había transformado con el tiempo en otra cosa.

Asael desvió la mirada apenas un instante.

Intentó ignorar el comentario, no porque no le importara, sino porque sabía que si se detenía allí, si abría esa puerta, no iba a poder cerrarla.

—Me dijeron que debía matarte para convertirme en rey —prosiguió, obligándose a retomar el punto central, a no perderse en lo que no podía resolver en ese momento.

—¿Aceptaste? —preguntó el rey.

La pregunta fue inmediata, directa, sin rodeos, y por primera vez desde que había comenzado ese intercambio, Asael sintió que no había forma de esquivarla.

—Sí... —respondió.

La palabra salió antes de que pudiera detenerla, antes de que pudiera suavizarla o reformularla. Y en cuanto la dijo, sintió cómo se asentaba entre ellos con una gravedad imposible de ignorar. Se maldijo en silencio, no por haber mentido, sino por no haberlo hecho.

—Pero nunca pensé hacerlo —añadió de inmediato, intentando recuperar algo de terreno, intentando que esa segunda parte tuviera el peso suficiente para contrarrestar la primera.

No fue así.

La respuesta del rey no llegó en forma de palabras.

Llegó en forma de acción.

Una de las espadas voló hacia él.

El movimiento fue rápido, preciso, ejecutado sin titubeos, y Asael reaccionó por puro instinto. Sus manos se cerraron alrededor de la empuñadura antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo, deteniendo el arma en el aire con una mezcla de reflejo y sorpresa.

Durante un segundo, la sostuvo.

Sintió el peso del acero, la realidad de lo que implicaba tener esa espada en sus manos, la claridad brutal de lo que su padre esperaba de él en ese momento.

Y entonces la arrojó.

La lanzó lejos, dejándola caer sobre el suelo del balcón con un sonido seco, definitivo, como si ese gesto fuera la única forma que tenía de responder.

No iba a luchar de esa manera.

No iba a convertirse en eso.

No iba a aceptar ese camino, aunque todo a su alrededor pareciera empujarlo hacia él.

Pero al soltar la espada, Asael comprendió algo con una claridad inquietante: que negarse a tomarla no significaba que la lucha no hubiese comenzado.

—No... no voy a convertirme en rey matándote —aseguró Asael, y aunque su voz no tembló, la firmeza con la que lo dijo no era la de alguien que se siente seguro, sino la de alguien que ha decidido sostener una idea incluso cuando todo a su alrededor intenta quebrarla.

El rey no mostró reacción alguna que pudiera interpretarse como duda, comprensión o siquiera sorpresa. No hubo un gesto que indicara que esas palabras habían llegado a algún lugar dentro de él. Por el contrario, su respuesta fue inmediata, física, inevitable.

Se lanzó hacia Asael con la espada en mano.

El movimiento fue rápido, cargado de una violencia que no dejaba espacio para interpretaciones. No era un intento de intimidación ni una advertencia. Era un ataque real, dirigido, decidido. Asael apenas logró esquivar el filo, sintiendo cómo el aire se abría a su lado en el instante en que la hoja pasaba peligrosamente cerca de su cuerpo.




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