Match Perfecto

Capítulo 6

Capítulo 6: La cita inexistente.

Cuando cada uno tomó su propio camino aquella noche, la conversación virtual empezó ligera. Casi burlona.

Se quejaron de compromisos sociales absurdos. De reuniones interminables. De familias que decidían demasiado.

Pero lo que comenzó como desahogo pronto se volvió otra cosa.

Más honesto.

Más peligroso.

—¿Sabes qué me da miedo? —escribió Scarlet V.

Braulio Montclair observó la pantalla más tiempo del necesario. No era una pregunta coqueta. Era real.

Sus dedos dudaron antes de responder.

—Que me conozcan de verdad —escribió MontBlaze.

Valentina leyó esas palabras y sintió un eco incómodo en el pecho.

Era exactamente eso.

—Yo temo que me obliguen a ser alguien que no quiero —confesó, sin medir demasiado las consecuencias.

Ambos hablaban de la presión de la familia de la sociedad. De una vida diseñada como un contrato.

Pero bajo los alias, todo parecía metáfora.

Braulio pensó: Es curioso. Con ella puedo decir lo que jamás admitiría frente a Valentina.

Valentina pensó: Qué absurdo. Con este desconocido me siento más libre que con el hombre con el que debo casarme.”

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue cómplice.

Entonces él cruzó una línea.

—¿Por qué no me das tu número? Así dejamos de usar esta app.

Valentina negó con la cabeza, aunque él no pudiera verla.
El anonimato era su escudo. Y también su libertad.

—No es buena idea. Me gusta hablar contigo así.

—Entonces supongo que nunca te veré en persona.

La frase quedó suspendida.

—¿Quieres saber cómo soy? —preguntó ella.

—Claro. Podríamos hacer videollamada… o encontrarnos en algún lugar.

Valentina escuchó al pequeño diablo de la curiosidad susurrarle.

—Tengo motivos que me impedirían verte, pero… —Escribió.

Braulio esperó. El cursor parpadeaba.

—Podríamos vernos de lejos. Sin hablar.

Braulio sonrió, sorprendido de sí mismo.

—Entonces hagámoslo. El jueves. Terraza del bar de la 78. Dime cómo irás vestida y yo haré lo mismo. Nos reconoceremos. No cruzaré una palabra. Solo quiero verte.

Una locura.

Una deliciosa locura.

Después de un minuto exacto, Valentina respondió.

—De acuerdo.

Se describieron con precisión.

Ella: vestido azul oscuro con puntos blancos, cabello suelto.

Él: Traje gris claro, sin corbata, pañuelo en el bolsillo del saco.

Un pacto silencioso, una cita casi clandestina.

Durante los días siguientes, los asuntos empresariales los consumieron. Reuniones familiares. Eventos sociales. Fotografías estratégicas.

En Florencia ya era un secreto a voces.

El compromiso entre Braulio Montclair y Valentina di Rosa sería el evento del año.

Lo que nadie sabía era que ambos planeaban una cita… con otra persona.

O eso creían.

—El jueves no podré acompañarte al club de polo.

Braulio levantó la vista de la Tablet.

—¿Perdón?

Valentina no lo miró.

—Tengo una cita importante.

El silencio se tensó. No uno cualquiera, uno que cruje.

—¿Una qué?

—Cita. ¿Qué parte no entendiste?

—Entendí la palabra. No el concepto.

—No sabía que necesitaba autorización.

—No la necesitas —respondió demasiado rápido. Demasiado seco.

Ella cruzó las piernas con calma estudiada.

-Es con alguien interesante.

Ahí estuvo. El golpe.

Braulio sostuvo su mirada.

—Qué coincidencia —dijo con una calma que no sentía—. Yo también tengo planes el jueves.

Ella arqueó una ceja.

—¿Con tu amiga?

“¿Por qué estoy preguntando lo que no me importa? Se reprendió mentalmente.”

—Es algo personal. Pero tranquila, no mancillaré tu honor.

“Aunque me encantaría ver tu expresión si me vieras con Scarlet.”

Valentina apretó la mandíbula.

—Haz lo que te dé la gana. Solo procura que yo no lo sepa.




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