Match Perfecto

Capítulo 7

Capítulo 7 - Alerta en la entrada.

El jueves llegó con la ansiedad de quien espera el desastre.

Valentina tardó demasiado eligiendo vestido para alguien que, en teoría, no le importaba.

“Es solo curiosidad”, se repitió.

Un bar discreto, luces cálidas, música suave.

Braulio estaba ajustándose la manga del traje gris claro cuando sintió una palmada en la espalda.

—¿Desde cuándo frecuentas terrazas románticas un jueves? —preguntó Tomás, divertido.

Braulio ni siquiera se inmutó.

—Reunión.

—Claro. Con velas y jazz suave. —Muy corporativo —respondió Tomás, con algo de ironía en su voz.

Braulio estaba a punto de replicar cuando Tomás miró hacia la puerta que daba al salón contiguo a la entrada.

Su expresión cambió cuando lo escuchó decir:

—Oye… ¿Esa no es Valentina?

El corazón de Braulio se detuvo.

—¿Qué?

—Tu prometida. La acabo de ver pasar hacia el otro salón.

El mundo se inclinó ligeramente hacia la izquierda. O eso sintió Braulio.

“No. No puede ser. No hoy.”

—¿Estás seguro?

—Completamente —aseguró Tomás.

La palabra cayó como una acusación. Al tiempo que vibró su teléfono.

ScarletV: Ya estoy aquí.

Braulio sintió un frío recorrerle la espalda.

“No. No. No ahora. No hoy. No, cuando por fin voy a conocer a alguien que me entiende. No cuando estoy a punto de confirmar que mi matrimonio es solo un trámite frío.”

Si ella lo veía ahí esperando a otra mujer…

Sí creía que tenía una cita…

Aunque, ¿no tenía todo el derecho? Nunca se habían elegido.

Pero, aun así, le dolía imaginarla con otro.

—Tomás —susurró Braulio con urgencia—. Ven conmigo. Ahora.

—¿A dónde?

—Al baño.

—Eso sonó peor de lo que crees —reclamó Tomás.

Del otro lado de la terraza, Valentina estaba siendo abrazada por su mejor amiga, Clarissa.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Clarissa.

—Investigación social —respondió Valentina demasiado rápido.

“Perfecto. Perfectísimo. El universo tenía sentido del humor.”

Clarissa entrecerró los ojos.

—¿Estás esperando a alguien?

Antes de que pudiera inventar una respuesta coherente, Clarissa añadió:

—Por cierto… acabo de ver a tu prometido.

El estómago de Valentina cayó varios pisos.

El teléfono vibró.

MontBlaze:

Estoy cerca de la barra.

El aire se volvió demasiado denso.

—¿Qué?

—Sí. Entró hace un minuto.

Alarma. Sirenas. Evacuación inmediata. Todo sonó a la vez en la cabeza de Valentina.

El corazón le dio un salto mortal sin red.

No podía estar ahí. No hoy. No justo cuando iba a encontrarse con “Él”.

Valentina intentaba no mirar hacia el interior de la terraza.

“Solo es una cita absurda. No es un crimen.” Pensaba para calmarse.

—Valentina, ¿te pasa algo? De pronto te pusiste pálida.

—Clarissa —susurró Valentina con urgencia—. Necesito que vengas conmigo al baño. Ahora.

En el baño de hombres, Braulio caminaba de un lado a otro.

—Explícame por qué tienes cara de que vas a cometer un delito —dijo Tomás.

—Valentina está aquí.

Tomás parpadeó.

—Eso… no debería ser extraño. Es tu prometida.

—No hoy.

El silencio se cargó de significado.

Tomás entrecerró los ojos. —¿Estás en una cita?

—No exactamente.

—Montclair…

—Necesito tu ropa.

—¿Perdón?

—Intercambiemos ropa. Rápido.

Tomás soltó una carcajada.

—Esto es ridículo.

—Es estratégico.

—Es patético.

—Tomás…

La urgencia en su voz lo convenció.

Cinco minutos después, Tomás salió del baño con traje gris claro. Sin corbata.




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