Capítulo 9 — Apariencias peligrosas
Habían pasado cuatro días. Cuatro días en los que Valentina y Braulio habían sostenido exactamente el mismo tipo de interacción: Educada, correcta, sospechosamente civilizada. Lo cual era profundamente inquietante.
Valentina estaba en su apartamento envuelta en una luz cálida y tenue. Las velas aromáticas despedían un ligero olor a vainilla, mezclándose con el perfume del vino tinto recién servido.
Sentada en el sofá con una copa de vino y el portátil sobre las piernas. En la pantalla, una videollamada grupal con sus amigas.
—Repítelo otra vez, pero esta vez sin omitir la parte interesante —exigió Lia—. ¿Te lo encontraste en la misma cita clandestina?
Valentina apoyó la espalda en el sofá, sosteniendo su copa como si fuera un escudo.
—No hay parte interesante.
“Hay demasiada.”
—Nada, nada… o nada que quieras admitir — insistió Lia.
Valentina se encogió de hombros.
—Y tampoco era clandestina.
“Era totalmente clandestina.” se corrigió mentalmente.
—Solo iba a conocer a alguien.
Carola soltó una risita incrédula.
—¡Exactamente! —saltó Carola—. Eso es una cita clandestina. Te encontraste con tu prometido en el mismo lugar donde ibas a conocer a un hombre de una app.
—Era totalmente clandestina —afirmó Clarissa—. Si no lo era, ¿entonces por qué cambiaste de ropa conmigo?
“! ¡Qué cosa! Exclamaron al tiempo las otras dos.
—Valentina explica eso. Porque no se toman ese tipo de molestias tras nada —dijo Carola con suspicacia.
—Sí, Valentina, explícate, necesitamos saber por qué de repente actúas como si fueras James Bond.
—Lo del cambio de ropa fue un acto desesperado debido a las circunstancias.
Valentina suspiró.
—Además, no conocí a nadie.
“Porque el universo decidió poner a mi prometido en medio.”
—¿Y Braulio? —preguntó Lia.
—Estaba ahí por casualidad —respondió Valentina.
Las tres amigas pusieron cara de “no te creemos nada”.
Valentina giró la copa entre los dedos.
—Y sorprendentemente… fue amable.
La expresión de las tres fue confusa, no esperaban esas palabras de parte de Valentina.
—Eso sí es sospechoso —dijo Clarissa.
—No exageres —Valentina frunció el ceño.
“Por favor, exagera. Necesito que alguien lo haga por mí.”
—Describe “amable” —aclaró Lia.
Valentina apretó los labios, pensativa.
—No discutimos.
Carola casi se atraganta con el vino.
—Eso sí es grave.
—Y… Valentina dudó: —Fue… agradable.
El silencio fue inmediato. Pesado, sospechoso.
Carola la observó como si acabara de descubrir una grieta en una pared perfecta.
—No me gusta cómo suena eso.
“Ni a mí”
Clarissa entrecerró los ojos.
—¿Te gustó pasar tiempo con él?
Valentina reaccionó rápido.
—No.
“Sí”
—Solo… no fue terrible. —Valentina dejó la copa sobre la mesa —. Fue una conversación nada más.
“Y sin embargo sigo pensándolo”
—¿Y el de la app? —preguntó Lia.
Ahí el gesto de Valentina cambió apenas. Casi imperceptible.
—No lo conocí.
“Porque mi prometido estaba a cinco metros”
—¿Te decepcionó? —añadió Lia.
—Un poco.
“Más de lo que debería”
Clarissa suspiró.
—Te gustaba.
—Me entretenía.
“Me entendía”
Carola la observó con atención.
—Eso es peor.
Valentina volvió a tomar la copa, aunque ya no quedaba vino.
—No lo conocí, así que no importa.
“Importa demasiado para alguien que ni siquiera tiene rostro”