Match Perfecto

Capítulo 11

CAPÍTULO 11—Lo que no se dice.

El club privado Argentum estaba lleno.

El murmullo elegante de conversaciones se mezclaba con el tintinear las copas y aroma suave a perfume caro.

Valentina caminaba junto a Braulio por el vestíbulo. Elegante, sonriente, tomada de su brazo.

La imagen perfecta. “La mayor actuación de mi vida.” Pensaba ella.

Sentía el calor de él a través de la tela, firme, constante, imposible de ignorar. Su perfume —limpio, profundo, peligrosamente masculino— le rozaba los sentidos cada vez que respiraba.

Dios… hueles demasiado bien.”

—Recuerda —susurró Braulio, inclinándose apenas hacia ella —. Mis socios creen que somos la pareja ideal.

El roce de su voz le erizó la piel más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Valentina sonrió sin mirarlo.

—No te preocupes. Sé fingir.

“Especialmente cuando quiero estrangularte.”

—Excelente.

La presión de su brazo se ajustó apenas alrededor del suyo.

“Porque si me sueltas ahora, todos notarán que estoy demasiado consciente de ti.”

Entraron al salón principal.

Las luces doradas caían sobre las mesas, reflejándose en el cristal y en las miradas curiosas que inmediatamente se posaron sobre ellos.

No pasaron ni cinco segundos antes de que los rodearan.

—¡Braulio! —saludó uno de los socios, estrechándole la mano con entusiasmo —. Y esta debe ser la famosa Valentina.

“Famosa” la palabra le rozó el orgullo y la paciencia al mismo tiempo.

Ella sonrió con elegancia impecable.

—La misma.

“La mujer que probablemente está a punto de perder la poca cordura de le quedaba”

El hombre los observó con aprobación descarada.

—Hacen una gran pareja.

Braulio rodeó la cintura de Valentina sin dudarlo. El gesto fue natural. Demasiado natural.

—Lo sé.

“Maldita sea. Cuando se pone así es… encantadora.”

Valentina sintió el contacto como una chispa directa a la piel. Pero no se apartó.

Grave error.

Apoyó una mano sobre su pecho, donde podía sentir el ritmo firme y acelerado de su corazón.

—Trabajamos en equipo.

“No me mires así. No me mires así o voy a olvidar que te detesto”

El socio sonrió satisfecho y se alejó satisfecho.

El espacio entre ellos no cambió. La mano de él seguía en si cintura y la de ella apoyada en su pecho.

—Actuamos bien —murmuró Braulio.

—Sí.

“¿Por qué tu mano sigue ahí?”

—Demasiado bien.

Su pulgar se movió apenas sobre la tela de su vestido, un gesto mínimo pero devastador.

“Esto es peligroso.”

Valentina levantó su copa. Braulio hizo lo mismo. El cristal estaba frío en sus dedos, un contraste con el calor que no lograban ignorar.

Ambos sonrieron hacia la sala llena de miradas. La pareja perfecta.

Valentina lo notaba en cada mirada, en cada sonrisa diplomática, en cada saludo demasiado largo. Aquella noche no era una simple reunión social. Era una vitrina.

Y ella era parte de la exhibición.

—Sonríe —susurró Braulio sin mover los labios.

Valentina mantuvo la sonrisa perfecta.

—Estoy sonriendo.

“Estoy considerando seriamente romperte el pie con el tacón.”

—Un poco más natural.

—¿Natural? —murmuró ella—. Natural sería irme.

Natural seria dejar de notar cómo encajo demasiado bien aquí… contigo.”

Braulio no respondió de inmediato, solo la miró un segundo más de lo prudente.

—No esta noche.

“Porque si te vas… esto deja de sentirse real”

—Qué lástima. Tendré que embriagarme para soportar.

Valentina sostuvo la mirada. El ruido del salón se volvió lejano, difuso, peligroso.




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