Capítulo 13
La mañana llegó demasiado rápido. La luz entraba por las cortinas en delgados rayos de tonos suaves.
Valentina fue la primera en despertar. Parpadeó desorientada más de una vez, tratando de ubicarse. El techo no era el suyo, el cuarto tampoco y mucho menos la cama. Se movió apenas y entonces lo notó. El calor, la cercanía, la presencia.
Giró la cabeza lentamente, con miedo a lo inevitable: Braulio.
Acostado a su lado, demasiado cerca, demasiado real. Su brazo alrededor de ella, su respiración tranquila, su expresión relajada.
“! ¡Oh, no!”
Valentina se quedó completamente inmóvil. Su mente intentaba reconstruir la noche. Fragmentos, risas, su voz, su cercanía. Y entonces… “Bésame.”
Cerró los ojos de golpe. "Lo dije… lo dije de verdad. No puede ser.” Valentina sacudió la cabeza, abrió los ojos otra vez, más lento, más consciente.
Su cuerpo sigue ahí; cerca al suyo, demasiado cómodo, demasiado acoplado al calor del otro. ¿Qué más pasó? Tragó saliva… ¿Qué hicimos?
Braulio se movió levemente. Sus ojos se abrieron con lentitud y la encontró mirándolo, no se movió porque temió que ella desapareciera como en una visión. De repente, el silencio se volvió denso e irreversible.
—Buenos días —dijo él con voz ronca.
Valentina no respondió de inmediato porque había una sola pregunta repitiéndose en su cabeza y porque no estaba segura de querer la respuesta… ¿Hasta dónde llegamos? Y peor aún, ¿por qué no estoy segura de querer arrepentirme?
Valentina sostuvo la mirada de Braulio. Demasiado tiempo y con demasiada conciencia.
—Buenos días —repitió él, con esa voz baja, ligeramente áspera, que parecía rozarle la piel más que llegarle al oído.
Valentina se incorporó apenas, lo suficiente para poner distancia, aunque fuera ficticia. Tenía que intentarlo porque su brazo seguía ahí y eso complicaba todo.
—Buenos días —respondió finalmente.
“Actúa normal. Esto es normal. Esto no es… lo que parece”.
El silencio volvió lleno de preguntas. De cosas que ninguno de los dos está diciendo, de recuerdos incompletos.
Valentina carraspeó suavemente.
—¿Qué pasó anoche? —fue directa, pero no firme.
Braulio la observó. No respondió de inmediato, como si evaluara cuánto decir… o cuánto dejar que ella imaginara.
—Tú dime —respondió al final—. ¿Qué recuerdas?
Valentina frunció el ceño, cerró los ojos un segundo tratando de poner en orden sus recuerdos. Pero solo había fragmentos: el ascensor, su risa, su cercanía.
—Y entonces… —Hizo una pausa, negándose a seguir—. Te dije que me besaras.
Los ojos de Braulio brillaron apenas.
—Sí.
Valentina tragó saliva.
—Y… —Dudó.
“No preguntes, no lo quieres saber”.
—¿Lo hiciste?
Braulio ladeó ligeramente la cabeza.
—Fuiste bastante insistente. -Evitó la respuesta directa a propósito.
Valentina lo miró con una mezcla de irritación y… algo más.
—Eso no responde mi pregunta.
—Crees que no respondo a propósito.
“La evito porque si la respondo, cambia todo”.
Valentina apretó los labios.
—No me gusta no recordar.
“No me gusta saber qué hicimos. No me gusta no saber cuánto quise quedarme.”
Braulio se incorporó un poco, apoyándose sobre un codo.
Ahora estaban más cerca, otra vez.
—Entonces tienes un problema —él usó de nuevo ese tono de voz que la inquietaba.
—¿Ah, sí? —preguntó ella con toda la seguridad que pudo reunir.
—Sí —dijo él con calma—. Porque lo que pasó… solo lo sabemos tú y yo.
Valentina entrecerró los ojos.
—No juegues conmigo.
“No cuando estoy tan cerca de perder”.
Braulio sostuvo su mirada y Valentina pudo verse reflejada en la claridad de su pupila.
—No estoy jugando.
La mirada de Braulio se posó sobre los labios entreabiertos de ella.
—Pero podríamos comprobarlo.
El aire circundante cambió. Hasta se puede decir que subió unos grados.
Valentina sintió el pulso en la garganta.
—¿Comprobar qué?
“No digas eso, si otra cosa. Di cualquier otra cosa”.
Braulio no apartó la mirada, haciendo más peligrosa su cercanía.