Match Point

Capítulo 8: El debut del nuevo Arturo.

El Rugido de la Pista

El sol de la tarde caía sesgado sobre la arcilla de Niza, tiñendo el polvo de ladrillo de un naranja encendido que reflejaba el calor acumulado en la pista central. Las gradas estaban abarrotadas; el público francés buscaba sangre o el milagro del regreso del antiguo monarca.

Arturo Valente sentía los pulmones en llamas. El marcador de la pantalla led parpadeaba de forma implacable: 6-5 en el tercer set, ventaja para él. Punto de partido.

Al otro lado de la red, un francés del top 30, diez años menor y con piernas de acero, lo obligaba a estirar cada intercambio como si fuera una tortura china. A Arturo le temblaba el cuádriceps derecho.

El tendón rotuliano le enviaba punzadas intermitentes que amenazaban con doblarle la articulación en cada apoyo cruzado.

El instinto primitivo de sus mejores años le gritaba que soltara el brazo, que buscara la potencia bruta para acabar con la agonía.

Antes de botar la pelota para el servicio, Arturo se detuvo. Giró la cabeza hacia el box técnico de la esquina izquierda.

Elena estaba allí, con los brazos apoyados en la barandilla de madera. No llevaba las gafas de sol; sus ojos oscuros estaban clavados en él con una fijeza casi magnética. Mientras todo el estadio coreaba el nombre del rival, ella permanecía inmóvil, imperturbable en medio del caos mediático.

Al notar la mirada de Arturo, Elena no aplaudió, ni gritó una frase de aliento barata. Simplemente levantó dos dedos de la mano izquierda hacia su propio hombro, una señal imperceptible que solo ellos entendían: corrige el ángulo de carga, no uses la espalda.

Arturo inhaló el aire cargado de polvo. Su soberbia, lejos de diluirse por el cansancio, se encendió como un motor de combustión. No iba a perder delante de ella. No iba a demostrarle que el Rey estaba roto. Botó la pelota tres veces.

Tac. Tac. Tac.

Lanzó la esfera amarilla hacia el cielo azul de Niza. Pivotó sobre la pierna izquierda, absorbiendo el impacto con la cadera de forma perfecta, tal como ella le había grabado a fuego en el tatami de la sierra.

El golpe de la raqueta fue seco, un trueno que cruzó la red a más de doscientos diez kilómetros por hora. Un ace directo a la cruceta.

—Juego, set y partido: Valente —cantó el juez de silla.

El estadio estalló en una ovación atronadora, pero Arturo no levantó los brazos hacia el público ni miró a los fotógrafos que se agolpaban contra la lona del fondo. Caminó directamente hacia la red, estrechó la mano de su rival con una firmeza mecánica y, de inmediato, volvió a clavar los ojos en el box de la esquina.

Elena se había apartado de la barandilla. Le dedicó una inclinación de cabeza mínima, una aprobación quirúrgica que valía más que cualquier trofeo, y se dio la vuelta para desaparecer por el túnel de vestuarios antes de que la prensa invadiera la pista.

Arturo sonrió de medio lado, sintiendo la dopamina pura de la victoria correrle por las venas. Había ganado el partido bajo las reglas de ella, pero mientras avanzaba hacia los micrófonos de la televisión, su pulso no bajaba.

Sabía que la verdadera batalla de la jornada no se jugaba sobre el polvo de ladrillo, sino en el espacio cerrado que compartiría con su entrenadora a solas en unos minutos.

La Adrenalina en la Sangre

El vestuario privado olía a vapor de agua, Réflex y a la humedad limpia de las toallas recién lavadas. En cuanto Arturo empujó la puerta metálica, dejando atrás el murmullo de los periodistas y los pasillos del club, el silencio lo envolvió como una manta pesada.

Elena lo esperaba de pie junto a la camilla de masajes. Tenía los brazos cruzados y la Tablet apoyada en la cadera. El chándal oficial del torneo le quedaba ligeramente grande, pero no restaba un ápice de la autoridad que emanaba de su postura.

—Tardaste doce minutos más de lo previsto con la televisión francesa —dijo ella, clavándole una mirada que no admitía excusas—. Quítate las zapatillas. Súbete a la camilla. Necesito revisar el grado de inflamación del tendón antes de que el ácido láctico se asiente.

Arturo soltó una carcajada ronca, cargada de la dopamina salvaje que deja un tercer set ganado en el tie-break. No obedeció de inmediato. Caminó hacia ella con pasos lentos, arrastrando el raquetero, hasta que la distancia entre ambos se redujo a la mínima expresión.

La adrenalina de la victoria distorsionaba sus sentidos; el olor a menta de Elena se mezclaba con el calor de su propio cuerpo sudado, creando una atmósfera asfixiante.

—He ganado a un top 30 jugando con tu dichoso ángulo de carga, Vega —soltó él, dejando caer el raquetero al suelo con un impacto sordo. Se inclinó hacia ella, rompiendo su espacio personal—. ¿Ni siquiera un "buen trabajo, Arturo"? ¿Nada? Eres un témpano de hielo insoportable.

—Ganar una exhibición en Niza es tu obligación, Valente. No te pago aplausos, te devuelvo la carrera —replicó ella, sin dar un solo paso atrás. Sin embargo, Arturo notó que sus ojos oscuros descendieron un segundo hacia sus labios antes de volver a clavarse en sus pupilas—. Ahora, muévete. La rodilla.

Elena estiró la mano para empujarlo suavemente hacia la camilla, pero Arturo fue más rápido. La atrapó por las muñecas de forma firme, no para hacerle daño, sino para congelar el movimiento.

El contacto físico fue un chispazo eléctrico en el vestuario cerrado. La piel de Elena estaba fría; la de él quemaba tras el partido.

—He seguido tus reglas al pie de la letra. No he mirado el teléfono. He comido tu avena insípida. Y te he dado el titular que Sergio necesitaba para limpiar tu nombre ante las cámaras —Arturo bajó la voz, su tono volviéndose más bajo, espeso y arrogante—. ¿No crees que el Rey se merece un premio mejor que una sesión de hielo?

Elena sostuvo su agarre sin forcejear. Su respiración se había vuelto superficial, el pecho subiendo y bajando al mismo ritmo que el de él. La tensión sexual entre los dos se volvió una masa sólida, peligrosa.



#426 en Joven Adulto
#5445 en Novela romántica

En el texto hay: thriller, amor, deporte

Editado: 05.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.