Match Point

Capítulo 16: El mánager interviene.

Las Cenizas del Imperio

El salón de la suite presidencial del hotel de Roma, a las dos de la mañana, estaba sumergido en una iluminación mortecina que apenas recortaba el mobiliario de madera lacada.

El silencio de la madrugada solo se quebraba por el golpe constante y sordo de la lluvia contra los ventanales de suelo a techo, un sonido rítmico que acentuaba la claustrofobia de la estancia.

Arturo permanecía sentado en el sofá de cuero oscuro, con los hombros caídos y el torso cubierto por una sudadera negra. Tenía la pierna estirada sobre una otomana, aplicando un dispositivo de crioterapia portátil que zumbaba con un tono mecánico y monótono, inyectando aire congelado sobre su rodilla derecha hipertrofiada.

Sergio estaba de pie junto al mueble bar, con la camisa del traje desabrochada en el cuello y las mangas remangadas de forma desordenada. Sostenía un fajo de correos electrónicos impresos que lucían los sellos legales de Nike, Rolex y la federación internacional. Su rostro reflejaba una fatiga que ninguna línea de crédito corporativa podía ocultar.

Caminó hacia el sofá con pasos pesados y dejó caer los papeles directamente sobre los muslos de Arturo, con un golpe seco que desordenó las hojas sobre la tela del chándal.

—Míralos, Arturo —dijo Sergio, su voz un susurro ronco, desprovisto de cualquier diplomacia comercial—. Esos son los anexos de rescisión que nuestros asesores legales en Madrid acaban de recibir de los bufetes de París y Ginebra. No hay margen de maniobra. No hay reuniones de cortesía el lunes. Si el comité de la ATP inicia la auditoría formal por conflicto de intereses debido a la presencia de Vega, la federación tiene el derecho legal de revocar tu invitación directa a Roland Garros antes de que compremos los billetes de tren.

Arturo no tomó las hojas de papel. Se limitó a observar las letras negritas y los logotipos de los patrocinadores a través de la penumbra de la suite, sintiendo que el latigazo sordo de su tendón inflamado se sincronizaba con las pulsaciones de sus sienes.

—Ya lo sé, Sergio —respondió Arturo con una monotonía gélida que le sonó a piedra—. Ya me lo dijeron los abogados en el despacho del club esta tarde.

—No, Arturo, no lo sabes —le espetó el mánager, dando un paso al frente y golpeando el fajo de contratos con el dorso de la mano con una violencia que delató que el pánico ya controlaba sus movimientos—. Lo que tienes en las piernas es el acta de defunción de todo el imperio financiero que construimos durante quince años. Si no hay un golpe de efecto radical en los despachos de la federación en las próximas doce horas, el circuito congelará tu ranking de forma cautelar y entrarás a París siendo un apestado sin patrocinadores y con un oficial de integridad respirándote en la nuca. La burbuja de Roma ya no existe; estamos en números rojos y el suelo se nos está abriendo debajo de los pies.

El Ultimátum del Mánager

Sergio sacó una hoja limpia del reverso de su carpeta de piel y la deslizó sobre la mesa de centro, justo al lado del cubo de metal donde el hielo se derretía en silencio. Era un comunicado de prensa redactado en folios oficiales de la federación.

El texto, breve y milimétrico, anunciaba el cese fulminante de la relación profesional entre Arturo Valente y Elena Vega debido a "discrepancias técnicas insalvables en la planificación de la gira de arcilla".

—Fírmalo, Arturo —ordenó Sergio, su tono bajando a una frecuencia plana, desprovista de cualquier rastro de la habitual camaradería que compartían en los palcos—. Envío este papel por correo cifrado a las oficinas de París ahora mismo, y mañana a las ocho de la mañana los servidores de Nike desbloquearán los fondos para la campaña global.

Arturo clavó los ojos en el documento sin amonestarse, sintiendo el aire helado de la crioterapia entumecerle la piel de la rótula.

—Quieres que la tire a los lobos para salvar las vallas publicitarias, Sergio —soltó Arturo, con una voz espesa que arrastraba el cansancio del torneo.

—Quiero que entiendas de una maldita vez que el tenis de élite no es un idilio ético, es una corporación multimillonaria —le espetó el mánager, inclinándose sobre la mesa, sus ojos inyectados en sangre reflejando el reflejo de los fluorescentes—. Si te empeñas en mantenerla en tu box técnico durante Roland Garros, la ITIA usará sus credenciales pasadas para estrangularnos vivos. Las marcas no compran un romance clandestino con una paria; compran al campeón limpio e invencible que vende zapatillas en los cinco continentes. Si firmas, limpias tu imagen pública ante los comités en diez segundos y desactivas la auditoría por conflicto de intereses. Tienes que elegir entre tu imperio corporativo o su pasado, Arturo. No hay una tercera vía en este circuito.

El Frente Unido en la Sombra

Arturo caminó hacia el ventanal y empujó las puertas de cristal, saliendo al balcón de la suite. El aire frío de la madrugada romana le golpeó el rostro, arrastrando el olor a asfalto mojado y tierra batida húmeda que subía desde los jardines del hotel.

Apoyó las palmas de las manos en la barandilla de piedra, respirando hondo, intentando enfriar la rabia que todavía le corría por las venas.

Un movimiento sutil a su lado lo obligó a girar la cabeza.



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En el texto hay: thriller, amor, deporte

Editado: 05.06.2026

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