Matrimonio de aparienca amor por convivencia

Capítulo II: Celebrando el cumpleaños

—Esta oficina es un poco claustrofóbica, es como una pequeña celda, tu tan hermosa mereces estar donde todos te vean —le dijo coqueto Ignacio.

—No me hagas reír, es lo último que quiero en este lugar —dijo ella.

Ignacio se levantó, se le acercó, la tomó por la cintura, la acercó hacia él, y le dio un beso en la mejilla cerca del labio que la deja mareada, su perfume la embriago.

—¡Vamos! Tenemos una reservación para un almuerzo para una cierta cumpleañera.

Salieron tomados de las manos y todos los miraban, Bianca trataba de contener las risas, no podía esperar a que la puerta del ascensor se abriera los tragara y los arrojará hasta la plata baja.

El restaurant era nuevo para ella, Lit Or se llamaba, era elegante pequeño pero muy lindo y acogedor, todas las mesas estaban cubiertas con un mantel blanco y las sillas eran blancas, al igual que las paredes.

—¿Te gusta? —pregunto Ignacio.

—Sí, gracias, es hermoso, nunca había venido aquí.

—No me agradezcas hasta que pruebes la comida, y bueno hoy es un día doblemente especial, ya me entere de que formaras parte del equipo que atenderá a la corporación de la O.

—Sí, todos están haciendo algo de escándalo por eso, están extasiados por trabajar con ellos —dijo con fastidio ella.

—¿Ordenamos?, la especialidad de la casa es salmón con especias ajo y cebolla —reveló Ignacio.

—Está bien, ordena tú —dijo con desdén, que él ni notó.

—¡Es normal!, es un gran cliente —dijo mientras hacía señas al mesonero.

—¡Supongo!

—¿Cuántos años cumples?

—No puedo creerlo, me dejas asombrada, eso no se pregunta —dijo ella con evidente asombro.

—¡Cumples 26! , te estaba dando una oportunidad, eres muy joven para esas tonterías.

El mesonero se acercó iba directamente viendo los pechos de Bianca, ella lo notó.

—¡Dios! No debí sacarme el suéter blanco, ya me di cuenta que no debí hacerlo —pensó para sí pero lo ignoro mientras Ignacio ordenaba con diligencia para ambos.

—¿Cómo sabes mi edad? —le preguntó intrigada a Ignacio.

—Cuando comenzamos juntos en la firma, me dijiste tu edad, ¿No lo recuerdas?

—Sí, seguro lo hice, estaba impresionada por tu verbo y tu físico y te habría dicho cualquier cosa.

—Así que te tenía impresionada—le dijo Ignacio con asombro—. Te lo iba a preguntar camino a casa de tu hermano, pero ¿Por qué quieres que vaya contigo a esa cena? —preguntó él evaluando la reacción de ella.

—Porque eres hermoso y quiero darle celos a mis cuñadas.

—Ah eso está muy bien, me usas por mi irresistible físico, pero ¿Para qué? —insistió.

—Sabes que termine con Alberto hacer 4 meses, para mí todo bien pero no quiero llegar hoy a una celebración familiar sola, no quiero que me pregunten por él, ni sentirme incomoda, lo siento, no debí pedírtelo —le confesó ella avergonzada.

—Cariño, sabes que hago cualquier cosa por ti, eres la única alma pura ese infierno donde trabajamos, cuenta conmigo. Aunque ahora que conocerás a Maximiliano de la O, podrás presumir de eso, es más guapo y rico que yo, quién sabe puede hasta que quede prendado de ti y puedas llevarlo a cenar con tu familia el próximo año. —le dijo Ignacio para animarla. Bianca soltó una carcajada

—Me haces reír mucho, eres una compañía muy agradable, eso es lo que me falta, andar con un hombre casado, y porque me miraría ese hombre, has visto a su esposa es despampanante.

—Cari, ese hombre se divorció hace un rato, la mujer lo dejo creo.

—¿En serio? No sabía, creí que aún estaba casado.

—Se dice que él no quería hijos y ella si, por ahí parece que se quebró su matrimonio —especuló Ignacio.

—Admito que si me da curiosidad conocerlo, va a ser intimidante —dijo Bianca mientras veía como le servían la comida.

—No te envidio ni un segundo, presiento la presión que habrá en ese equipo, no será nada fácil —dijo él.

—Gracias por los ánimos, eres muy bueno apoyándome, pero solo haré de traductora —le anunció ella con gesto de desilusión.

—¿En serio?, ¿Solo eso?

—Si básicamente, ¿Qué tanta presión puedo sufrir por eso?, aprovechare el tiempo para andar de curiosa.

—Y ve a ver si pillas arte de los grandes y aprendes algo al fin —bromeo.

—¡Bobo! Déjame —le dijo ella echándose a reír —. Gracias por el almuerzo, te forcé y en la noche te usaré, yo pagaré esta cuenta.

—Puedes forzarme todas las veces que quieras y usarme como gustes Bianca —le dijo él en tono sugerente.

Bianca se sonrojo y no supo si responder o ignorar el comentario así que solo le sonrió.

—Está bien paga tú la cuenta Ignacio, pero no intentes cobrármela después.

—¡Jamás Cari! —le dijo entre carcajadas.

—La comida ha estado deliciosa, y tu compañía como siempre agradable. ¡Gracias! —le dijo ella.

—No parece, dejaste bastante, disculpa que me fijara, y por nada, para mí es un placer también estar en tu compañía, espero que no hayas dejado casi todo el plato porque estuvo mal la comida.

—Ha estado bien —le dijo ella.

Ignacio le tomó la mano y se la besó con delicadeza mientras cerraba los ojos, un corrientazo le recorre el cuerpo a ella.

—¡Oh Ignacio!, ¡Qué calor!, juraría en este momento que me desea, pero también juraría que se iría con el mesonero si se le da la oportunidad —pensaba ella confundida.

—¡Estoy tan confundida y algo excitada por su contacto físico, debo admitir!, esta noche será interesante e incómoda, incómodamente interesante, interesantemente incomoda —divagó un rato más en su mente.

Al subir al auto Bianca se quitó todas las piezas que llevaba encima, el clima de la ciudad era fresco pero ella sintió calor, entre el contacto de Ignacio y la comida y el vino se le subió algo la temperatura corporal. Quedó solo en su vestido rojo.

Ignacio entró al auto y cerró la puerta, giró a ver a Bianca.

—Te ves despampanante, hermosa de verdad, como estrella de cine.




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