Matrimonio no contractual

05: Es sobre la herencia, siempre fue así

EZRA

La cagué.

No hay una expresión que represente de manera tan fiel ese momento.

Sin dudarlo, colgué a Martín, con un frío calando los huesos como una serpiente que se arrastraba por todo el cuerpo.

—J-Josh...

—Acabas de mencionar una herencia. Tu padre...

—Está muerto, sí.

Entrecerró los ojos como si no pudiera creer la facilidad con la que lo dije.

—Y, no sé, puede que haya escuchado mal o esté malinterpretando algo, pero... ¿Tengo algo que ver en esto?

—¡No! Bueno, sí...

Mi voz flaqueó. No quería seguir siendo deshonesto con él. Durante aquellos días, el propósito al que tanto me aferré se había resquebrajado por completo luego de perseguirlo. ¿De verdad era tan importante esa herencia como para que me plantara frente a PlanaMex y le entregara unas ridículas flores cada mañana? Siendo de ese modo, ¿por qué no mejor buscaba a alguien más accesible y que no dudara en pactar conmigo?

Sin importar cuántas veces pensé en ello, no podía pensar en salir con nadie más que con Josh, como si me hubiera enamorado de él. ¿Lo estaba? Ni siquiera yo lo sabía, pero era la clase de vínculo que deseaba mantener en contra de todo pronóstico, desesperado por ser visto con afecto y anhelando su cariño.

Quizá sólo se trataba del deseo de alimentar mi ego luego de conquistar a alguien a quien no le caía para nada bien. Si era eso, me alejaría. Porque incluso cuando yo era un maldito desvergonzado, tenía principios.

Pero si se trataba de amor...

—¿Y cómo es que yo entro en todo este asunto? —Su pregunta me sacó del ensimismamiento. No dejó de sonreír, lleno de confusión.

—Josh.

—No sólo me llames por mi nombre. Dilo, anda. No puede ser tan malo.

¡Puede y es!

—Yo... ah... —La vergüenza de ser un canalla no me dejó continuar—. Si yo quiero recibir mi herencia, debo contraer matrimonio. Pero el estúpido del viejo, digo, mi padre, no especificó si debía hacerlo con una mujer... o con un hombre.

Joshua parpadeó antes de alcanzar el entendimiento.

—¿Y fue por eso que me buscaste?

Asentí levemente antes de rehuir de su mirada. Un dolor en la boca del estómago me obligó a apretar los dientes.

—Ah, conque eso era. —Exhaló con alivio y yo lo observé, incrédulo. Después una risita por lo bajo escapó de su garganta—. Me estuve preguntando todo este tiempo por qué de repente mostrabas un interés que nunca se dio en el pasado. Ahora tiene más sentido.

—¡Pero ya no es así! Creo que yo...

—Ya es algo tarde. —De repente le prestó atención al alumbrado público. Ni siquiera yo me di cuenta de cuánto se había oscurecido—. Es hora de irnos a casa.

Lo vi avanzar y, en cada paso, un latido más profundo arremetía contra las costillas, como si intentara crear un hueco. Mis pies actuaron por sí solos y lo tomé de la muñeca, pero no hubo una expresión alejada de la tranquilidad en su semblante.

—Te llevo —ofrecí con voz quebrada.

Joshua lo agradeció en un murmullo y me siguió. El camino fue, tal como se esperaba, un silencio mortal encapsulado al interior del auto. El único sonido presente estaba atribuido al del resto de automóviles en la carretera, sin ninguna conversación ocurriendo entre nosotros. Él prefirió clavar la vista en el paisaje de la ventana y el reflejo difuso de su rostro en el vidrio no me permitió observar la expresión que estuviera formando. Mis dedos tamborilearon en el cuero del volante, ansioso por llegar pronto a su casa y deshacerme de la incomodidad; sin embargo, el tráfico a esa hora se convirtió en el peor de mis castigos.

De vez en cuando me atreví a preguntar sobre la vista: apenas unas débiles palabras que flotaron al interior, pero que nunca llegaron a sus oídos. Y si lo hicieron, las ignoró completamente.

—Es aquí, gracias.

Me detuve frente a un edificio modesto de la ciudad. El complejo no era alto, sino que los departamentos estaban dispuestos a los laterales, como una vecindad de alta gama. Joshua se desabrochó el cinturón antes de concederme una mirada. Detrás de los anteojos, unos brillantes ojos marrones me dieron una ligera, casi imperceptible, señal de dolor.

—Me la pasé bien —Pese a todo, eso fue lo que dijo. Una pequeña sonrisa se mantuvo en sus labios—, gracias.

—Joshua, yo... —Al abrir la puerta y escuchar mi voz, se volvió. El atisbo de dolor ya se había borrado y encontré la indiferencia inicial—. Lo siento.

Su mueca tembló apenas. No dijo nada y salió. Pasos pesados que cruzaban el patio para dirigirse a las escaleras metálicas que lo conducirían a su hogar. Podría haberme quedado mirando hasta que entrara a su hogar, sano y salvo, pero hasta yo sabía que aquellas dos palabras no podían arreglar lo que escuchó, ni lo que intenté hacer. Un impulso me obligó a salir del auto para alcanzarlo y gritar su nombre a la espalda. El patio, contorneado por el resto de los apartamentos, creó un eco de mi voz.

—¡Josh! —Incluso avergonzado de mí mismo, no me detuve hasta plantarme detrás—. Josh, por favor...



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En el texto hay: boyslove, matrimanio, comediaromatica

Editado: 29.06.2026

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