Matrimonio no contractual

06: «Abrir el corazón». Espero que sólo sea una metáfora

EZRA

No me moví de la cama en dos semanas.

Con medio rostro aplastado sobre la almohada, lo único que podía ver era el paisaje más allá de la ventana. Todas las mañanas la señora de la limpieza ingresaba para sacudir el polvo y trapear el piso. En un principio intentó crear una conversación entre ambos, pero como sólo respondía con ruiditos terminó por rendirse y fingir que era parte de la decoración.

De no ser por la imprudente visita de Martín, me la habría pasado al interior de mi habitación —por lo menos— dos meses, en espera de que descendiera a un punto de locura donde yo mismo me daría la razón sobre la situación, bloqueando la culpabilidad y enojándome con Joshua.

Aunque, para ser justos, comenzaba a hacerlo.

—Me deprimes —fue lo primero que dijo mi amigo desde el marco de la puerta. Viré el cuerpo para verle y la brisa que no tocó ese lado de la cara durante aquellos días me provocó un escalofrío.

—¿Qué haces aquí? —pregunté con voz ronca. Apenas comí y bebí lo suficiente para mantenerme en vida y despierto el mayor tiempo posible.

—Cata me llamó. Está muy preocupada porque no has querido salir.

Sería estúpido preguntarme el cómo se enteró, pero no pude evitar hacerlo. Fruncí las cejas y sin entonar palabra, regresé a mi posición inicial. Fuera, los rayos iluminaban las hojas hasta irritar la vista.

—No puedes seguir aquí —dijo lo obvio. Escuché los pasos acercarse y el suéter de rombos se convirtió en mi nuevo paisaje. El enorme punto blanco que me dejó el resplandeciente sol me obligó a cerrar los ojos—. Anda, vamos al gimnasio un rato.

Jaló de mi brazo con fuerza, pero yo me endurecí lo más que pude y me aferré a las cobijas cual vampiro moribundo.

—No quierooo —arrastré las palabras sin ánimo alguno.

Agh, eres imposible. —Una vez se rindió, Martin soltó un resoplido—. ¿Por qué estás así? Nadie lo sabe y yo no soy adivino.

El tono enfadoso me recordó brevemente a Joshua, así que elevé la mirada, decepcionado por encontrar la fea cara de mi mejor amigo. Dudé antes de separar los labios.

—Hice algo muy malo.

—¿Eh?

El suspiro escapó antes de que pudiera advertirlo.

—¿Cómo es que está enamorado de ella? —me lamenté bajito—. Estaba conmigo y, aun así, la miró como si fuera la única persona en el planeta. ¿Soy así de horrible?

—¿Qué tanto murmuras?

Martín trató de acercarse, sin ocultar la irritación plasmada en el rostro. Yo lo alejé de un manotazo antes de girarme para darle la espalda.

—Mi cita escuchó nuestra llamada —confesé entonces—. Y ahora me odia, claro.

—¡¿Qué?! —Los pasos presurosos se detuvieron una vez echaron raíz frente a mí. El rostro de este tipo no tenía precio: pánico combinado con repulsión—. ¿C-cómo pudiste dejar que te escuchara?

—Tampoco es como si lo hubiera planeado —me defendí—. Pero sí, fui un idiota.

—Y un pendejo —sugirió.

Lo miré ceñudo, pero no podía rebatirlo.

—Ya no quiere verme nunca más. Me odia y lo entiendo, pero...

—Ahora estás enamorado de ella —completó y yo asentí.

Esas dos semanas me sirvieron no sólo para pudrirme en mí mismo, sino para reflexionar lo que Joshua significaba para mí. No sé ni siquiera el momento exacto en el que pasó, pero aquel hombre de rostro enfurruñado y personalidad arisca logró cautivarme por completo.

—Oye, no todo puede estar perdido. —Martín decidió sentarse en la orilla de la cama y me dio un par de palmadas en el brazo—. Búscala y arréglalo. Si abres tu corazón, estoy seguro de que te escuchará y tal vez hasta te perdone.

—¿Abrir mi corazón?

Él asintió.

—Estoy seguro de que no conoce las circunstancias que te orillaron a hacerlo. Digo, no deja de ser abominable y asqueroso...

—Gracias. Y deja de referirte como a él como «ella».

—¿Qué?

—Es Joshua, el chico listo de Administración.

Martin parpadeó dos veces.

—¿Eres gay?

Mi suspiro retumbó en la habitación.

—Bueno, no importa. —Sacudió la cabeza sin dejar de lucir impactado—. Pero... ¿por qué lo hiciste?

—Todo es culpa del viejo. —Al fin pude escupir el origen de mi enojo—. En las condiciones no especificó si debía casarme con un hombre o una mujer, así que quería joderlo por todo lo que me ha hecho...

—¿Es así como vas a vivir? —Su interrupción me tomó desprevenido. Había sido muy tolerante todo este tiempo, pero ahora su tono se endureció hasta hacerme sentir pequeño—. ¿Pasarás el resto de tus días buscando vengarte de un muerto? ¿Para qué, Ezra? Para seguir buscando a quién culpar por tus cagadas, ¿no?

El ceño fruncido pudo ocultar el miedo que sentía ante su voz y palabras despiadas. Incluso sentí que la garganta se secaba de un modo que no podría saciarse más tarde, arrebatándome la voz por un instante.



#5307 en Novela romántica
#1812 en Otros
#566 en Humor

En el texto hay: boyslove, matrimanio, comediaromatica

Editado: 29.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.