Matrimonio por Venganza 2

Capítulo 6

La carretera hacia el norte era una cicatriz gris sobre la piel helada de Noruega.

Shiara apoyó la frente contra la ventanilla del coche de alquiler y observó cómo los abedules desnudos se sucedían en un interminable desfile de ramas entrelazadas, como esqueletos danzantes contra el cielo plomizo. Llevaban cuatro horas desde Leknes, y el paisaje se había vuelto cada vez más primitivo, más inhóspito. Más parecido a un lugar donde los hombres desaparecían y los secretos crecían como líquenes sobre las rocas.

Luciano conducía en silencio, sus nudillos blancos sobre el volante. No habían hablado mucho durante el trayecto. No había necesidad. Ambos sabían que se dirigían hacia algo que ninguno de los dos podía predecir, y las palabras, en momentos así, se volvían lastre.

—Ahí —dijo Shiara, señalando un desvío apenas marcado que se internaba hacia el fiordo—. Las coordenadas indican ese camino.

El coche enfiló por la pista de grava, que pronto se convirtió en tierra batida. A ambos lados, el bosque cedía paso a afloramientos rocosos cubiertos de musgo amarillento. El fiordo apareció de repente, una lengua de agua negra encajonada entre paredes de granito que se elevaban hacia el cielo como catedrales paganas.

Y al fondo, casi oculta entre los pliegues del acantilado, una casa de cristal y madera oscura.

Shiara sintió que el corazón se le detenía un instante. No sabía qué había esperado encontrar un sanatorio, una fortaleza, quizá una tumba, pero no esto. La estructura se mimetizaba con el entorno, sus grandes ventanales reflejando el gris del fiordo, su tejado cubierto de vegetación como si hubiera brotado directamente de la montaña. Era hermosa en su austeridad. Era, pensó con una punzada incómoda, exactamente el tipo de lugar que Leónidas habría elegido si alguna vez hubiera necesitado desaparecer.

—¿Ves algún movimiento? —preguntó Luciano, reduciendo la velocidad.

—No. Parece vacía.

Aparcaron junto a un cobertizo de herramientas. El silencio era absoluto, roto solo por el graznido lejano de un cuervo y el latido ensordecedor de su propia sangre. Shiara abrió la puerta del coche y el aire gélido le golpeó el rostro con una familiaridad extraña. Olía a mar y a pino, a soledad y a tiempo detenido.

La puerta de la casa no estaba cerrada con llave.

Entraron en un espacio diáfano que ocupaba toda la planta baja. Suelos de madera clara, mobiliario escaso pero cuidado, una estufa de hierro aún tibia. Libros apilados en las mesas, una manta de lana arrugada sobre un sillón orientado hacia el fiordo, una taza de café a medio terminar. Alguien había vivido aquí hasta muy recientemente. Alguien se había ido con prisa.

—Aquí —dijo Luciano desde el otro extremo de la sala.

Shiara se acercó. Sobre una mesa de trabajo, junto a un ordenador portátil apagado, había una carpeta de cartón azul. Abierta. Dentro, fotografías.

La primera era de Alessandro. La reconocieron inmediatamente: el niño en el parque de Barcelona, riendo mientras perseguía una pompa de jabón. Debía tener cuatro años en esa imagen, tomada sin duda desde lejos, con teleobjetivo. Shiara sintió un escalofrío que nada tenía que ver con la temperatura.

—Llevaba tiempo siguiéndonos —murmuró Luciano. No era una pregunta.

Había más fotos. Alessandro en la escuela, Alessandro con Donato en la fundación, Alessandro dormido en su cama. Y luego, hacia el fondo de la carpeta, una imagen granulada que Shiara reconoció al instante: ella misma, embarazada de ocho meses, apoyada en la barandilla de la terraza del ático. Una foto que nunca había visto, que alguien había tomado sin su conocimiento.

Debajo de las fotografías, un dossier. Informes médicos, análisis de sangre, un árbol genealógico parcial de los Ktasaros con una línea punteada que conectaba a Leónidas con Alessandro. Y al final, una nota manuscrita en papel membretado de una clínica suiza.

Paciente: Desconocido (varón, aprox. 40 años).

Ingreso: 15 de marzo, trasladado desde ubicación no especificada.

Condición: Amnesia retrógrada severa, probable origen traumático/ farmacológico. Daño neurológico focal en hipocampo y corteza prefrontal. Pérdida casi total de memoria autobiográfica.

Tratamiento: Protocolo experimental de recuperación mnésica. Resultados preliminares: fragmentarios.

Observaciones: El paciente presenta pesadillas recurrentes con un niño lactante. Se recomienda...

El resto de la página había sido arrancada.

Shiara dejó la carpeta sobre la mesa con cuidado, como si contuviera algo vivo y peligroso. Sus manos temblaban.

—No es Valentina —dijo, repitiendo las palabras de Donato—. Esto es anterior. Esto empezó hace años.

—Alguien lo ha estado cuidando —Luciano señaló los detalles de la casa, la accesibilidad del mobiliario, los pasamanos estratégicamente colocados—. Alguien con recursos, con conocimientos médicos. Alguien que sabía quién era y decidió mantenerlo aquí, aislado.

—Pero no para siempre —Shiara giró sobre sus talones, abarcando la estancia vacía—. Porque se ha ido. Él se ha ido. Mira la taza, la estufa. No ha pasado ni un día.

—O alguien se lo ha llevado.




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