Matrinomio Sin Eleccion

CAPITULO 4

ADRIAN

El sonido constante de la ducha llenaba el enorme baño mientras observaba mi reflejo en el espejo con evidente cansancio. Tenía ojeras.

Perfecto.

Exactamente la imagen de empresario exitoso que mi madre adoraría mostrar en la gala. Solté una pequeña risa seca mientras me acomodaba el cabello húmedo hacia atrás.

Había dormido apenas unas horas después de quedarme trabajando hasta madrugada Salí del baño con una toalla alrededor del cuello mientras el aroma a café recién hecho llenaba el departamento.

Salí del baño con una toalla alrededor del cuello mientras el aroma a café recién hecho llenaba el departamento. Me puse una camisa oscura y un pantalón elegante sin demasiado entusiasmo. Después terminé de acomodarme el cabello frente al espejo y tomé mi reloj del escritorio.

Justo cuando estaba colocándomelo, la puerta se abrió suavemente.

—Con permiso, mi niño.

Sonreí apenas al verla entrar.

Clementina apareció cargando una bandeja enorme con desayuno.

—¿Cómo amaneciste hoy? —preguntó dejando la bandeja sobre la mesa—. Te traje jugo de naranja, frutas y tostadas para que empieces el día con energía.

Me acerqué inmediatamente y le di un beso en la mejilla.

Clementina llevaba trabajando con mi familia desde antes de que yo naciera. Había cuidado de mi padre cuando era joven… y prácticamente me había criado a mí también.

La quería como a una abuela.

—Gracias, nana… pero honestamente no creo que esto haga milagros. Dormí tres horas… cuatro máximos.

Ella me miró con tristeza mientras acomodaba distraídamente la bandeja.

—Ay, mi niño… de verdad me parte el alma verte así. No sé cómo tus padres permitieron que cargaras con tantas responsabilidades siendo tan joven.

Solté una pequeña risa mientras terminaba de ajustar mi reloj.

—No empieces tú también. Ya te dije que yo decidí hacerme cargo de todo esto.

—Sí, claro… porque eres igual de terco que tu abuelo y tu padre juntos.

Eso me hizo sonreír un poco más.

Clementina siempre tenía esa forma de hablarme que lograba hacerme sentir menos agotado.

Más humano.

—Bueno —continuó ella sentándose un momento en el sillón—, tu madre me contó que esta noche irás a la gala. Me alegra muchísimo que hayas decidido animarte un poco.

Rodé los ojos inmediatamente.

—Ay, nana, por favor… ¿de verdad crees que voy porque quiero? Mi madre prácticamente me amenazó para obligarme.

Ella soltó una pequeña risa divertida.

—Eso sí lo creo perfectamente.

Me dejé caer sobre la silla frente al desayuno y tomé el vaso de jugo.

—Por mí me quedaría aquí encerrado todo el día. Nana, tienes que ayudarme. Convence a mi madre de que me deje faltar.

Clementina negó lentamente con la cabeza mientras sonreía con ternura.

—A veces te miro y sigues siendo el mismo niño que odiaba que lo regañaran.

Solté una pequeña risa cansada.

—Porque todavía odio que me regañen.

Ella me observó unos segundos en silencio antes de acercarse para acomodarme el cuello de la camisa como hacía desde que era pequeño.

—Mi niño… deberías darte la oportunidad de vivir un poco más allá del trabajo.

—Otra vez con eso…

—Te la pasas encerrado aquí, Adrián. Sales únicamente para trabajar y vuelves todavía pensando en negocios. Eso no es vida.

Bajé apenas la mirada hacia el desayuno.

—Estoy bien así.

—No, no lo estás. Solo te acostumbraste a estar solo.

Sus palabras me hicieron guardar silencio unos segundos. Porque aunque no quisiera admitirlo… una parte de mí sabía que tenía razón.

Clementina acarició suavemente mi mejilla.

—Quién sabe… quizá esta noche conozcas a alguien especial.

Solté una carcajada inmediata.

—Definitivamente pasas demasiado tiempo viendo novelas con las empleadas.

Ella se rio conmigo.

—Y tú pasas demasiado tiempo creyendo que puedes controlar toda tu vida.

Negué divertido mientras comenzaba finalmente a desayunar.

—Te advierto desde ahora que si mi madre intenta presentarme alguna hija de empresario voy a escapar por la ventana.

—Ay, Adrián… —rio ella—. Pobrecita la muchacha que algún día se enamore de ti.

Levanté apenas una ceja divertida.

—Más bien pobre de mí. Imagínate soportarme todos los días.

Clementina volvió a reír mientras negaba con la cabeza. Y por un instante…La mañana dejó de sentirse tan pesada. seguía riéndose mientras yo desayunaba sin demasiadas ganas cuando la puerta del departamento volvió a abrirse de golpe.

—¡Adrián!

Reconocí la voz de inmediato.

Solté un suspiro cansado antes siquiera de girarme.

—¿Por qué siento que nadie en esta familia sabe tocar una puerta?

Mi hermana apareció caminando directamente hacia la cocina usando unos lentes oscuros enormes y ropa deportiva ridículamente cara como si acabara de salir de una revista.

Alexa Ferrer.
Veintidós años.
Consentida. Dramática. Caprichosa.

Y aun así… imposible no quererla.

—Porque si tocara nunca me abrirías —respondió quitándose los lentes—. Hola, nana.

—Mi niña hermosa —dijo Clementina abrazándola inmediatamente—. Qué milagro verte despierta tan temprano.

Alexa hizo una mueca exagerada.

—No dormí nada.

La miré con ironía mientras tomaba café.

—Qué tragedia nacional.

Ella me ignoró completamente y abrió mi refrigeradora como si todavía viviera ahí.

—Mamá me llamó como seis veces esta mañana. Está insoportable con lo de la gala.

—Créeme, ya me di cuenta.

Alexa soltó una pequeña risa antes de sentarse frente a mí.

—Entonces sí vas a ir esta vez… cuando mamá me lo dijo no le creí.

Apoyé la cabeza contra la silla dramáticamente.

—No voy a dejar que mamá me humille delante de todo el mundo. Tengo una reputación que mantener.

Alexa comenzó a reírse.

—¿Reputación de qué? ¿De empresario amargado?




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