Me acordé de algo

Los zapatos.

Me acordé de algo.

Los humanos tienen una costumbre muy rara.

Antes de salir...

esconden los pies.

Después vuelven...

y los sacan otra vez.

Nunca entendí por qué.

Cuando llegué a esta casa...

esas cosas siempre estaban tiradas.

Había unas negras.

Otras rojas.

Unas rotas...

Cada una olía distinto.

Pero todas tenían un poquito del olor de mi humano.

Yo agarraba una.

La llevaba al patio.

La olía.

La mordía un rato.

Después veía un pájaro...

al gato...

una hoja moviéndose...

y me olvidaba de ella.

Al rato, mi humano empezaba a recorrer toda la casa.

Miraba debajo de la cama.

Detrás de las puertas.

En el patio.

Yo lo seguía.

Lo acompañaba.

Pensando que buscábamos algo muy valioso.

Nunca entendí tanto alboroto.

Había varias de esas cosas.

Pensé que daba lo mismo.

Y, si eran tan importantes...

¿por qué las dejaba tiradas?

Una mañana salió.

Tenía una negra en un pie...

y una roja en el otro.

Lo miré.

Él me miró.

Creo que los dos entendimos lo que había pasado.

Ese día no me retó.

Solo suspiró.

Y salió igual.

Mucho tiempo después entendí una cosa:

Mi humano no tenía tantas de esas cosas.

Yo sí tenía muchas ganas de morderlas.

Ahora ya casi no lo hago.

Aprendí.

Bueno...

casi.

De vez en cuando llega un nuevo cachorro a casa.

Y de repente aparece una de esas cosas en el patio.

Después otra.

Y, a veces...

ninguna encuentra a su pareja.

Yo los miro desde lejos...

como diciendo:

"Te van a descubrir."

Ellos todavía no saben...

que los humanos quieren mucho

esas cosas donde esconden los pies.

Yo los miro desde lejos...

y los entiendo.



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En el texto hay: perros, rio, poroto

Editado: 14.08.2026

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