Me acordé de algo

Anita.

Me acordé de algo.

Cuando llegué a esta casa...

mi humano salía todos los días.

Siempre volvía con el río pegado en la ropa.

Yo lo esperaba.

Porque traía noticias.

Los humanos cuentan estas cosas con palabras.

Él las traía en el olor.

En el olor a barro.

A pasto.

A los perros.

Había un olor...

que yo esperaba más.

El de Anita.

Yo me acercaba despacito.

Le olía las manos.

Los pantalones.

Los brazos.

Y por un ratito...

era como volver al río con ella.

No sé cuándo conocí a Anita.

Cuando empecé a acordarme...

ella ya estaba ahí.

Y cuando ella estaba cerca...

todo parecía estar bien.

Mi humano seguía yendo al río.

Y un día...

Anita no volvió con él.

Pensé que no la encontró.

Al otro día...

la busqué de nuevo.

Y otra.

Y otra.

Siempre olía despacito.

Con cuidado.

Como si ese olor pudiera estar escondido entre los demás.

No aparecía.

Mi humano tampoco olía igual.

Seguía oliendo a río.

A barro.

A los otros perros.

Pero había un olor que antes no traía.

Olía a tristeza.

Las palabras nunca las entendí mucho.

La tristeza...

esa nunca hizo falta explicármela.

Esa siempre huele igual.

Esos días volvía muy callado.

A veces se sentaba en el suelo sin hacer nada.

Otras me abrazaba fuerte.

Tan fuerte...

que parecía que el abrazo era para él.

Había noches...

en que le caían gotitas de los ojos.

Yo no entendía por qué.

Entonces me acercaba.

Apoyaba mi cabeza sobre él.

Y me quedaba ahí.

Pensaba que quizás...

él también estaba esperando que Anita volviera.

Después seguí oliendo su ropa cada vez que regresaba.

Muy despacito.

Con ilusión.

Pero el olor de Anita...

no volvía.

Un día...

sin darme cuenta...

dejé de buscarlo.

A veces intento acordarme de ella.

Y noto

que ya no la recuerdo bien.

Los recuerdos hacen cosas raras.

Primero se llevan los detalles.

Después...

dejan solamente lo que uno sentía.

Yo ya no sé exactamente cómo era Anita.

Pero todavía recuerdo la tranquilidad

que sentía cuando estaba cerca.

Creo que eso también tiene olor.

Solo que…

Hay olores que uno deja de encontrar afuera...

porque empiezan a quedarse viviendo adentro.

A veces cierro los ojos...

y por un ratito...

Siento que Anita anda cerca.

Después los abro...

Y me acuerdo de nuevo.



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En el texto hay: perros, rio, poroto

Editado: 18.08.2026

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