Me acosté con mi Crush Saga Sueños Rotos Re-Edición 2026

Todo tiene un tiempo.

Esta rutina la llevo desde hace dos años masomenos en pocas palabras la mayor parte de la preparatoria; logré pasar el primer semestre y en el segundo fue cuando empecé a reprobar porque se me hacían imposibles las tareas y siendo sincera me había hartado de ser la chica de los "10", ser la primera en la clase y esas cosas; decidí irme por el camino más fácil así que deje de ponerle empeño a la escuela, a las tareas y solo enfocarse en la diversión.

– ¿Hoy no tienes tarea que hacer? – me pregunta mi mamá, ya que se le hace muy raro que casi nunca lo haga

Nosotros para este tiempo aún no contábamos con internet en casa, cosa que para mi cabeza era injusto, lo cual me hacía que tuviera que ir a los internets para poder hacer las tareas.

– ¡No mamá! Ya la hice en la biblioteca – mentira que venía diciéndole desde hace mucho tiempo, ya se una mentira a la colección.

– ¿Cuándo me enseñarás tus calificaciones? Ya que ya estamos en otro semestre – me dice mientras arquea una de sus cejas, siempre era el mismo cuestionamiento, pero ninguno de mis papás iba a la escuela, relativamente era libre, pero yo abusaba de ese detalle.

– Mañana te las imprimo, al fin ya las subieron – ni yo me creía eso, pero para que una mentira funcione tienes que creérsela tu misma, el mismo cuento.

Cuando inicie la preparatoria pensé que todo se mantendrá como el ritmo de la secundaria, pero les soy sincera nada fue igual; el aprender en moverme en transporte público porque me quería sentir "grande", aprender que el dinero mueve todo desde una simple comida en la cafetería como pasar una materia que habías reprobado.

Todo era distinto.

El paso de los primeros días fueron con miedo, pensé que podría encajar más fácil, pero fue difícil, todos me hacían a un lado de nuevo siento sincera me la vivía con miedo de lo que dirán de mí, trataba de ir lo mejor posible, pero yo aún no conocía nada del maquillaje, el pelo y todas esas cosas que muchas ya sabían de sobra.

De nuevo quería ser una de ellas.

El tiempo relativamente paso rápido, empece a juntarme con un grupito las "populares" por fin era una de esos grupos, no era la principal, pero para mi cabecita era lo máximo por fin sería vista. Las tareas eran cada vez más complicadas y por mucho que lo intentara pasaba con 6 o 7, no estaba muy acostumbrada al ritmo de calificaciones, al cambio de maestros, al cambio de salones me perdía dos por tres; seguía a todos como un borrego.

Cuando empecé a reprobar materias, muchos maestros pedían dinero para pasar desde algo sencillo como $300, una botella o hasta $800 o mil pesos, los cuales obviamente yo no tenía; ese era otro tema yo solo viajaba con $20 literal, pasajes y un cigarro. Siempre me pareció injusto la cantidad que me daban, todos podían ir a la cafetería y pedir algo sin problemas, yo solo los acompañaba para platicar o cotorrear.

– ¡Así me vas diciendo hace más de una semana! – mi mamá me dijo enojada y saliendo de mi cuarto.

– Hay mamá, no molestes; ya mañana te las traigo – lo digo con fastidio; ya que traía la misma historia hace más de una semana, pero siendo sincera siempre he tenido miedo de que se entere de todo.

Todo tiene un tiempo y el mío llegó cuando mis papas se enteraron de todo mejor dicho le marcaron a mi mama para avisarle todo lo que había pasado en este tiempo que según estaba asistiendo a la escuela.

– ¿Cómo vas en la escuela? – vuelve a preguntar mi madre un día sin más.

– Bien mamá, como siempre ¿Por qué? – sabía que seguiría hasta no estar a gusto.

– Nada más para saber cómo me irá mañana, ya que iré – lo dice como tanteando el terreno.

– Okay – lo dije como si no me importara, pero era todo lo contrario.

Esto me lo venía diciendo cada semestre que pasaba, la primera vez sí sentí miedo, pero al pasar de los semestres empecé a darme cuenta de que no iría; con el tiempo me empecé a relajar y confiar.

Pero todo cambió cuando me hablaron de la dirección.

– ¿Tu familia sabe lo que estás haciendo? – me dijo el subdirector en cuanto me senté en esas sillas incómodas. En serio ¿Quién en su sano juicio lo diría? E iría por la vida diciendo – Oigan no voy a la escuela y en vez de eso me voy de farra – bueno al menos yo no lo haría.

– No – es lo único que dije mientras me recargaba en el asiento.

– ¿Y no te da pena decirlo con tanta desfachatez? – me dijo él con su característica voz de "mando".

– No – que quería ¿Qué haría? ¿Llorar? Ganas no me faltaban, pero no lo haría, no enfrente de él y menos sabiendo cómo era; ni de coña me vería suplicar porque no los llamara. Aunque el miedo me ganara no lo iba a demostrar.

– ¿Entonces no te importa que les avise? – me decía mientras tomaba el teléfono y marcaba un número.

– Hágalo, nada de lo que le diga lo detendrá o ¿si? – le dije tan segura que él se lo creyó, hasta yo me lo creí.

– ¿En serio te importan tan poco tus estudios?-- me dijo un poco asombrado. Sabía que había cosas detrás de esa respuesta, al final era el único adulto en ese cuarto.

– ... – solo me encogí de hombros restándole importancia, ya que en serio ya no podía hacer nada si él ya se había decidido.

– Nosotros te podemos ayudar, tu familia, la escuela y claro yo – me dijo siendo un "apoyo", dando su mano para que yo pudiera tomarla; pero sabía de sobra que tan caro salía su "apoyo".

– Mire, haga lo que usted crea más conveniente, estoy cansada de ser la chica modelo; así que me haría un favor si lo hace, además las prórrogas para seguir estudiando usted las ha estado rechazando así que hágalo me ahorrara mucho dinero – le sonreí quitándole la importancia a sus palabras.

Pero era cierto cada que metía papeles para tener más tiempo de pasar todas las materias que tenía atrasadas siempre me las rechaza, mágicamente de los que metían en mi salón solo yo era la que rechazaban, ya estaba cansada de ese juego.



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En el texto hay: realidad, amor, chicaplus

Editado: 28.08.2026

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