Me asegurare de que me ame Señorita Villana!!

Molestia

— Punto de vista de Iris —

La vida en la academia era… maravillosa.

Realmente maravillosa.

No había otra forma de describirlo.

Cada día despertaba con la posibilidad de ver a la señorita Mina, de escuchar su voz, de presenciar su elegancia natural… incluso de recibir su desprecio directo.

—¡AU!

Bueno.

Tal vez… con algunos pequeños detalles.

Me detuve en seco en medio del pasillo, llevándome ambas manos a la pierna.

—¡¿QUÉ FUE ESO, SEÑORITA MINA?!

Me giré de inmediato, completamente indignada… o al menos eso intentaba aparentar.

Mina ni siquiera se detuvo.

—¿Hm? —dijo con total calma—. ¿Pasó algo, plebeya?

—¡Me acaba de patear!

—No tengo idea de qué hablas.

—¡Fue una patada perfecta! ¡Directa, precisa, elegante!

—Entonces deberías sentirte honrada.

—¡Lo estoy!

—…

Mina se detuvo por un segundo.

Giró apenas la cabeza.

Me miró.

—Definitivamente estás mal.

—Jejeje…

Sonreí, llevándome una mano a la mejilla.

—Ah… qué bendición de mañana.

—…

Mina cerró los ojos con molestia.

—No la entiendo.

Retomó su camino, ignorándome por completo.

Y aun así…

—Ahhh… señorita Mina…

Suspiré.

—Qué hermosa es incluso cuando me agrede.

El pasillo estaba lleno de estudiantes.

Algunos nos miraban.

Otros susurraban.

Algunos reían.

Pero eso no importaba.

Porque yo…

solo podía verla a ella.

Unos pasos más adelante—

—¡Oops!

—¡AH!

Sentí un impacto frío recorrer todo mi cuerpo.

Agua.

Un balde entero.

Silencio absoluto.

El mundo pareció detenerse por un segundo.

Mi cabello goteaba.

Mi ropa estaba completamente empapada.

—…

—…

Levanté lentamente la mirada.

—Señorita Mina…

Ahí estaba.

Sosteniendo el balde.

Vacío.

—¿Sí?

—¿Esto también es una bendición?

—Fue un accidente.

—¡Fue perfecto!

—No lo fue.

—¡La temperatura era ideal! ¡Ni muy fría, ni muy tibia!

—…

Mina llevó una mano a su frente.

—¿Por qué…?

—Porque me ama.

—NO TE AMO.

—Aún.

—AGH.

—…Iris.

Giré el rostro.

Yukko estaba ahí.

Completamente empapada también.

—¿Qué pasó?

—¡TE ABRACÉ!

—Ahh, gracias.

—¡NO ERA PARA ESO!

Oliver se acercó caminando con calma.

Observó la escena.

Luego a Mina.

Luego a mí.

—Esto es abuso.

—No lo es.

—Lo es.

—No lo es.

—Lo es.

—…

—Es amor.

—…

—…

—No voy a ganar esto, ¿verdad? —murmuró Oliver.

—No.

—Esto tiene que parar.

Yukko me tomó del brazo con fuerza.

—¡Iris, ven acá!

—¿Eh?

Me arrastró hacia un rincón del pasillo.

—¡Escúchame!

—¿Sí?

—¡Esa chica no es buena para ti!

—¿Quién?

—¡Mina!

—¿Eh?

Parpadeé varias veces.

—Pero si es perfecta.

—¡NO!

—Tiene elegancia, presencia, carácter—

—¡TE PATEÓ!

—¡Con precisión!

—¡ESO NO ES BUENO!

Oliver intervino desde atrás.

—Iris.

—¿Sí?

—Si alguien te hace daño…

—No me hace daño.

—Te lanza agua.

—Me refresca.

—Te insulta.

—Me habla.

—Te humilla.

—Me presta atención.

Silencio.

Yukko se llevó las manos a la cara.

—…No hay salvación.

—Estoy perfectamente bien.

—Eso es lo preocupante.

Mientras tanto…

unos metros más adelante…

Una mujer observaba la escena.

Cabello ligeramente desordenado.

Postura insegura.

Manos temblorosas.

—E-esto…

Era Isabel.

Una nueva profesora.

Había llegado hacía poco.

Y sinceramente…

no estaba lista para esto.

—S-solo quiero hacer amigos…

murmuró.

Pensó en su gatito.

Eso la calmaba.

Un poco.

—Tengo que ser valiente…

Respiró hondo.

—Eso es bullying.

Y caminó hacia ellas.

—¡D-deténganse!

Todos voltearon.

—¿Eh?

—¡No pueden tratar así a una estudiante!

Silencio.

—…

—…

—¿Se refiere a mí? —pregunté.

—¡S-sí!

—Pero esto es amor.

—¿QUÉ?

—La señorita Mina me ama.

—¡NO LA AMO!

—Aún.

—¡AGH!

Isabel se congeló.

Su mente intentó procesar lo que estaba viendo.

No pudo.

—¿E-están…?

—Estamos bien.

—No lo estamos —susurró Yukko.

—¿E-esto es… mutuo?

—¡Sí!

—¡NO!

—…

Isabel retrocedió un paso.

Miró a todos.

Uno por uno.

Su ansiedad subía.

—N-no entiendo…

Miró a Mina.

Luego a Iris.

Luego a Yukko abrazando a Iris.

Luego a Oliver completamente tranquilo.

—…

—…

—…

—Creo que necesito sentarme…

Y se fue.

—…

—Creo que la rompiste —dijo Oliver.

—No fui yo.

—Fuiste tú.

—Fue el amor.

—No.

Las horas pasaron.

Pero algo cambió.

Las miradas.

Los susurros.

Los rumores.

—¿Escuchaste?

—Sí…

—Dicen que esa plebeya está loca.

—Que acosa a la señorita Mina…

—Que está obsesionada…

—…

Yukko apretó los puños.

—Esto ya no me gusta.

—¿Por?

—¡Están hablando mal de ti!

—Oh.

—¡“Oh”!?

—Mientras la señorita Mina piense en mí, no importa.

—¡SÍ IMPORTA!

Oliver suspiró.

—Esto va a escalar.

—¿Escalar?

—Sí.

Y así fue.

Al final del día—

—Oye.

Un grupo de estudiantes se acercó.

—Tú eres Iris, ¿no?

—Sí.

—La rara.

—También.

—La que acosa a la señorita Mina.

—La que la ama.

—…

—…

—Eso es asqueroso.

Silencio.

—¿Eh?

—Dos chicas…

—Qué repulsivo.

—¿No tienes vergüenza?

Yukko dio un paso al frente.




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