Me asegurare de que me ame Señorita Villana!!

Los 3 Rivales

—Punto de vista de Iris—

Había algo muy importante que estaba ocurriendo.

Algo extremadamente importante.

Algo que podía cambiar el destino de este mundo.

Algo que... honestamente, nadie más parecía notar.

—¡LOS INTERESES AMOROSOS!

—¡Yukko!

—¿Sí?

—Hoy... es un día crucial.

—¿Por?

Me giré hacia ella con una expresión completamente seria, casi dramática.

—Hoy conoceremos a los pilares de esta historia.

—¿Eh?

—Los hombres destinados a enamorar a la protagonista.

—...

—...

—¿Te golpeaste la cabeza?

—No.

—¿Segura?

—¡Segurísima!

Suspiré profundamente, cruzándome de brazos.

—Hoy conoceremos a los tres intereses amorosos de este mundo.

Yukko me miró en silencio durante varios segundos.

—Voy a fingir que entendí eso.

—Gracias.

—De nada.

—Pero lo importante es...

Me incliné hacia ella lentamente.

—TÚ.

—¿Yo?

—Sí, tú.

—¿Qué hice?

—Nada todavía.

—Eso suena peligroso.

Sonreí.

—Hoy conocerás a tu destino.

—No me gusta cómo suena eso.

—Confía en mí.

—Eso lo hace peor.

Caminábamos por los pasillos de la academia mientras yo observaba atentamente todo a nuestro alrededor.

Esto ya había pasado antes.

Yo lo sabía.

Lo recordaba perfectamente.

Cada encuentro, cada ruta... todo estaba grabado en mi mente.

Solo necesitaba encontrar el momento exacto.

Y entonces—

Lo sentí.

Una presencia.

Elegante.

Refinada.

Impecable.

—Ah...

Giré la mirada.

Y ahí estaba.

Cabello dorado claro, postura perfecta, uniforme sin una sola arruga. Su sola presencia hacía que el ambiente cambiara ligeramente.

—¡EL PRÍNCIPE!

—¿Qué?

—Nada.

Me aclaré la garganta.

—Ese es uno de ellos.

—¿Uno de qué?

—De los intereses amorosos.

—Sigues con eso.

—Míralo bien.

El joven caminaba con tranquilidad, pero no era una calma común. Era el tipo de presencia que hacía que otros se apartaran sin darse cuenta.

—Él es Aurelian Valcrest.

—Ah... tiene sentido.

—En el juego, era una de las rutas principales.

—¿Y?

—Y Mina...

Miré de reojo.

Mina también lo había visto.

—...era su rival.

Yukko parpadeó.

—¿Rival?

—Sí.

—¿En qué sentido?

—Orgullo, estatus, poder... ninguno de los dos acepta estar por debajo del otro.

—Suena exactamente a Mina.

—Lo es.

El príncipe se detuvo frente a nosotros.

—Buenos días.

Su voz era suave. Perfectamente modulada.

Demasiado perfecta.

—Señorita Belrose.

Mina levantó ligeramente la barbilla.

—Príncipe.

—Espero que su estancia en la academia sea productiva.

—Siempre lo es.

—No lo dudo.

Sus miradas chocaron.

No hubo sonrisas reales.

No hubo tensión evidente.

Pero...

—Ohhh...

—No hagas eso —susurró Yukko.

—Hay tensión.

—Claro que la hay, es un príncipe.

—No, es TENSIÓN.

—Cállate.

El príncipe giró hacia nosotras.

—Y ustedes son...

—Iris Lane.

—Yukko Sakurai.

—Un placer.

—Igualmente.

Me miró unos segundos más de lo normal.

—...

—...

—Curioso.

—¿Qué cosa?

—No pareces interesada.

—¿En qué?

—En mí.

—Ah.

Me encogí de hombros.

—Eres el príncipe.

—...

—Eso es todo.

Silencio.

Yukko se llevó la mano a la cara.

Mina entrecerró los ojos.

El príncipe sonrió.

Pero no era una sonrisa como las otras.

Era... más real.

—Interesante.

Y luego se fue.

—...

—...

—...

—No sentí nada.

—¿EH?

—Nada.

—¿Nada?

—Nada.

—¿NI UN POCO?

—No.

—Pero...

—¿Qué?

—Nada...

Fruncí el ceño.

—Esto no está bien.

Seguimos caminando.

—Aún quedan dos.

—¿Dos más?

—Sí.

—¿Cuántos eran?

—Tres.

—¿Por qué tres?

—Porque es un otome.

—Sigo sin entender.

—No importa.

Entramos al patio interior.

Y ahí estaba.

Cabello oscuro.

Expresión serena.

Un libro en las manos.

Totalmente aislado del mundo.

—El de la iglesia.

—¿Iglesia?

—Sí.

—Tiene cara de que no sonríe.

—No sonríe.

—Tiene sentido.

—Es Lucien Arkwright.

—Suena importante.

—Lo es.

—¿Y qué hace?

—Piensa demasiado.

—Ah... de esos.

Lucien levantó la mirada lentamente.

Sus ojos se posaron en mí.

Se quedó observando.

Analizando.

—...

—...

—...

—Nos está evaluando —susurró Yukko.

—Sí.

—Me incomoda.

—A mí no.

—Claro que no.

Se acercó.

—No es común ver tanto ruido en este lugar.

—Lo siento —dijo Yukko.

—No lo siente —dije.

—¡OYE!

Lucien me miró fijamente.

—Tu comportamiento no es coherente.

—¿Con qué?

—Con la situación.

—Ah.

—¿Sabes que estás siendo rechazada?

—Sí.

—¿Y aún así persistes?

—Sí.

—¿Por qué?

Sonreí.

—Porque me gusta.

Silencio.

Lucien parpadeó.

—No hay lógica en eso.

—Correcto.

—...

—...

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé.

Lucien cerró su libro lentamente.

—Tu energía...

—¿Es increíble?

—Es inestable.

—Otra vez eso.

—No está alineada con tu camino.

—Ah.

—Eso es problemático.

—Pero funcional.

—No debería serlo.

—Pero lo es.

Lucien se quedó en silencio unos segundos.

—No puedo clasificarte.

—Perfecto.

—Eso no es bueno.

—Para ti.

—...

—...

Se giró.

—Te observaré.

—Gracias.

—Eso tampoco es bueno —susurró Yukko.




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