Me asegurare de que me ame Señorita Villana!!

Intruso

—Punto de vista de Iris—

Ser vigilante escolar sonaba increíble.

En mi mente era algo así como:

"Guardianes ocultos que protegen la academia desde las sombras."

"Defensores silenciosos."

"Gente misteriosa que vigila los peligros."

La realidad fue:

—No olviden llenar el registro de patrullaje.

—No corran por los pasillos.

—Si ven una situación sospechosa, reporten primero.

—No intenten pelear solos.

—No usen fuerza excesiva.

—No usen magia sin autorización.

—No entren a dormitorios ajenos.

—No hagan ruido.

—No provoquen problemas.

—No se queden dormidos.

...

...

Esto era un trabajo administrativo disfrazado.

Nos encontrábamos reunidos en uno de los salones mientras varios miembros de los Vigilantes organizaban las rutas nocturnas.

Un chico sin nombre señalaba un enorme mapa.

—Los dormitorios inferiores serán cubiertos por los vigilantes de rango inferior.

Señaló otra zona.

—Los superiores cubrirán el área noble.

Oliver asentía tranquilamente.

Yukko parecía medio dormida.

Yo estaba muy concentrada.

Porque...

Área noble.

Área noble significaba:

Área Mina.

Levanté lentamente la mano.

—Pregunta.

—Sí.

—¿La señorita Mina Belrose está dentro de esta ruta?

Silencio.

El chico me miró.

Luego miró el mapa.

Luego volvió a verme.

—...sí.

—Entendido.

Yukko abrió los ojos.

Oliver cerró los ojos.

Y los dos suspiraron exactamente al mismo tiempo.

—Ya empezó... —murmuró Yukko.

—Era inevitable —dijo Oliver.

No entendía qué querían decir.

Finalmente terminaron de organizar los equipos.

Y ahí comenzó el problema.

—Oliver cubrirá el ala este.

—Yukko el segundo piso.

—Iris el ala norte.

...

...

—¿Eh?

Levanté la mano.

—Disculpe.

—¿Sí?

—Creo que hay un error.

—No.

—Sí.

—No.

—Pero Yukko y Oliver van separados.

—Correcto.

—Y yo también.

—Sí.

—Pero somos amigos.

—Sí.

—Entonces deberíamos estar juntos.

—No.

—...

Yukko comenzó a dramatizar.

—¡NO QUIERO!

Todos voltearon.

—¡¿Por qué tengo que patrullar sola?!

—Porque así funcionan las patrullas.

—¡Pero Iris va a perderse!

—¡No me perderé!

—¡TE PIERDES DENTRO DEL SALÓN!

—¡ESO PASÓ UNA VEZ!

Oliver levantó una mano.

—Fueron cuatro.

—TRAIDOR.

Yukko me abrazó dramáticamente.

—Iris... si sobrevives... te recordaré.

—No voy a morir.

—No lo sabemos.

—¿Por qué hablas como si fuera una guerra?

—Porque da miedo.

—No da miedo.

—Da miedo.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Oliver simplemente miró hacia otro lado.

—Ya me acostumbré.

Un rato después, las patrullas comenzaron.

Y ahora...

Estaba sola.

Los dormitorios nobles eran extrañamente silenciosos.

Las lámparas mágicas iluminaban suavemente los pasillos.

Era elegante.

Muy limpio.

Muy ordenado.

Muy...

aburrido.

Caminé lentamente.

—Patrullaje exitoso...

Silencio.

—Nada sospechoso...

Silencio.

—No hay enemigos...

Silencio.

...

Esto era menos emocionante de lo que imaginaba.

Hasta que...

Tac.

Me detuve.

Tac.

...

¿Eh?

Escuché algo.

Un ruido.

Levanté la cabeza.

Tac.

Algo cayó.

No.

Alguien.

Abrí los ojos.

Y miré hacia adelante.

Eso estaba cerca.

Muy cerca.

Y más importante...

Era cerca de la habitación de Mina.

Mis ojos se abrieron.

No.

No.

No.

NO.

Corrí.

—¡SEÑORITA MINAAAAA!

Atravesé el pasillo a toda velocidad.

Mi mente entró en pánico.

¿Y si alguien había entrado?

¿Y si era un asesino?

¿Y si Mina estaba en peligro?

¿Y SI—

Giré una esquina.

Y entonces lo vi.

Una silueta.

Vestimenta oscura.

Una bolsa en la espalda.

Y salía de una habitación cercana.

No era la habitación de Mina.

Pero estaba demasiado cerca.

La figura giró un segundo.

Y por una fracción de instante...

Nuestros ojos se cruzaron.

...

Sentí algo raro.

Algo muy extraño.

Calma.

Demasiada calma.

Como si no le sorprendiera verme.

—¡INTRUSO!

Grité.

—¡ALGUIEN AYUDA!

La figura desapareció.

No.

Corregí.

Se movió.

Porque desapareció era imposible.

Pero juro por los dioses que...

parecía desaparecer.

Su velocidad era absurda.

Parecida a Yukko.

No.

Distinta.

Yukko era explosiva.

Directa.

Esto era...

suave.

Silencioso.

Como si la oscuridad lo estuviera escondiendo.

Corrí detrás.

—¡DETENTE!

La figura saltó.

Pared.

Ventana.

Techo.

¿Qué era esa movilidad?

No.

No podía dejarlo escapar.

Chasqueé los dedos.

—Exposición creciente.

La mejora apareció.

No sobre mí.

Sobre él.

Su equilibrio cambió un instante.

Su cuerpo vaciló.

Funcionó.

Lo vi perder estabilidad.

Pero...

Demasiado tarde.

Porque apenas ocurrió...

Giró.

Demasiado rápido.

Demasiado preciso.

Como si hubiera sabido exactamente qué haría.

Patada.

Sentí el golpe en el estómago.

El aire desapareció de mis pulmones.

Mi cuerpo salió despedido.

—¡GAH—!

Y entonces...

Cuchillos.

Tres.

No.

Cuatro.

Vi los destellos.

Intenté esquivarlos.

Uno.

Dos.

El tercero rozó mi brazo.

El cuarto atravesó parte de mi hombro.

Dolor.




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