Cael Verdan observó el patio principal de la academia.
Era ruidoso.
Demasiado ruidoso.
O al menos más de lo habitual.
Grupos de estudiantes conversaban.
Algunos corrían.
Otros discutían.
Incluso los nobles parecían más relajados.
—Qué extraño...
Apoyó la espalda contra una pared.
Y volvió a observar.
La academia siempre había estado llena de gente.
Pero antes se sentía diferente.
Más fría.
Más distante.
Como si todos estuvieran simplemente esperando que el día terminara.
Ahora no.
Ahora parecía más viva.
Y aunque no quería admitirlo.
Sabía perfectamente cuándo había comenzado.
—Desde que llegó ella.
Iris Lane.
La extraña plebeya.
La chica que parecía incapaz de quedarse quieta.
La chica que hablaba con cualquiera.
La chica que sonreía demasiado.
La chica que ayudaba demasiado.
Cael suspiró.
—Sigue siendo rara.
Porque realmente lo era.
A veces hablaba sola.
A veces decía cosas incomprensibles.
A veces parecía conocer a personas que acababa de conocer.
Y aun así.
La gente terminaba acercándose a ella.
Incluso personas que normalmente no hablaban con nadie.
Era extraño.
Pero no desagradable.
Cael observó varios estudiantes conversando.
Y volvió a pensar en ella.
Porque incluso los profesores parecían más relajados desde que Iris había llegado.
Como si aquella energía terminara contagiándose.
—Qué persona más extraña...
Y sin embargo.
Había algo incluso más extraño.
Mina Belrose.
Cael frunció el ceño inmediatamente.
Porque no necesitaba pensar mucho para recordar la primera vez que la había visto.
Mucho antes de ingresar a la academia.
Mucho antes de conocer a Iris.
Mucho antes de todo aquello.
Recordaba perfectamente aquella tarde.
Había estado ayudando a transportar mercancía.
Nada especial.
Solo trabajo.
Y entonces apareció un carruaje.
Uno elegante.
Demasiado elegante.
Perteneciente a algún noble.
Cael ni siquiera lo había mirado.
Simplemente continuó caminando.
Hasta que alguien le ordenó apartarse.
Y él no reaccionó lo suficientemente rápido.
Recordaba perfectamente la mirada.
La expresión.
El desprecio.
La forma en que aquella joven noble había hablado.
Como si él fuera una molestia.
Como si simplemente estorbara.
Como si no valiera nada.
Mina Belrose.
Aquella imagen nunca desapareció.
Y tampoco desapareció la conclusión que obtuvo aquel día.
Los nobles siempre serían nobles.
Y los plebeyos siempre serían plebeyos.
Así funcionaba el mundo.
Por eso le costaba entender a Iris.
Porque Mina seguía siendo exactamente igual.
Orgullosa.
Arrogante.
Mandona.
Grosera.
Cael lo había visto incontables veces.
Y sin embargo.
Iris actuaba como si estuviera frente a una persona completamente distinta.
—No la entiendo...
Realmente no la entendía.
Porque antes de conocerla.
Ya había escuchado hablar de ella.
Después de todo.
No era común encontrar plebeyos dentro de aquella academia.
Mucho menos de primer año.
Recordaba los rumores.
Todos decían exactamente lo mismo.
Una chica callada.
Tímida.
Reservada.
Que apenas hablaba con otros.
Que evitaba llamar la atención.
Y luego apareció aquella Iris.
La que parecía incapaz de quedarse callada.
La que discutía con nobles.
La que ayudaba desconocidos.
La que se acercaba voluntariamente a Mina Belrose.
—Seguramente eran rumores.
Era la única explicación lógica.
Aunque...
A veces tampoco parecía lógica.
Cael observó hacia el jardín.
Donde podía distinguir a cierta noble de cabello plateado.
E inmediatamente.
A cierta plebeya siguiéndola.
Otra vez.
—En serio...
No comprendía aquello.
Pero tampoco había intentado intervenir.
Durante los últimos meses se había mantenido al margen.
Observando.
Escuchando.
Esperando.
Porque no quería juzgar demasiado rápido.
Y para ser sincero.
El grupo de Iris parecía bastante normal.
Oliver era razonable.
Yukko era amable.
Iris era extraña.
Pero buena persona.
Incluso Mina...
Bueno.
Seguía siendo Mina.
Pero tampoco parecía hacer nada realmente malo.
Grosera.
Sí.
Orgullosa.
Sí.
Difícil de tratar.
Muchísimo.
Pero nada más.
Aquello también resultaba extraño.
Porque esperaba algo peor.
Mucho peor.
Y aun así.
Lo único que encontraba era una noble insoportable.
No una villana.
No una tirana.
Solo alguien difícil de tratar.
—Sigue sin agradarme.
Pero tampoco parece tan terrible.
Cael cruzó los brazos.
Pensativo.
Porque cuanto más observaba aquel grupo.
Menos sentido tenía todo.
Iris no tenía sentido.
Mina no tenía sentido.
Su amistad tampoco tenía sentido.
Y por alguna razón.
Eso le molestaba.
Porque estaba acostumbrado a entender a las personas.
Entender por qué actuaban.
Entender qué querían.
Entender qué pensaban.
Pero Iris...
Era un completo misterio.
Y Mina tampoco ayudaba.
—Definitivamente algo raro pasa con esas dos.
Sacudió la cabeza.
No tenía tiempo para pensar en eso.
Tenía cosas más importantes que hacer.
Miró el reloj.
Y suspiró.
—Cierto.
La investigación.
Se apartó de la pared.
Comenzando a caminar.
Porque después de todo.
Los Vigilantes tenían trabajo.
Y por desgracia.
Aquello significaba pasar tiempo con Iris.