Me choca que seamos un Crossover

Capitulo tres

Me choca que seamos un CROSSOVER

Cap tres

Al caer la noche, ninguno de los dos se atrevió a contactar a alguno de sus amigos. Quizá por vergüenza, por pena o simplemente porque ninguno quería tener que explicar cómo había terminado en una estación de policía después de una pelea absurda por un libro y un refresco.

Así que, por orgullo, ambos decidieron guardar silencio.

Las horas fueron pasando lentamente mientras la estación se iba quedando cada vez más tranquila. El movimiento que había durante el día disminuyó hasta convertirse en unos cuantos oficiales caminando de un lado a otro, teléfonos sonando ocasionalmente y el ruido lejano de los vehículos pasando por la calle.

Kenneth permanecía sentado en una de las bancas, con su libro entre las manos. De vez en cuando intentaba acomodar las páginas dañadas, aunque sabía perfectamente que ya no volverían a quedar como antes.

Gilberto, por su parte, se había acomodado en la otra esquina, con los brazos cruzados y la mirada perdida.

Ninguno quería mirar al otro.

La situación era demasiado incómoda.

Conforme avanzó la noche, el cansancio comenzó a hacerse evidente. Kenneth había dejado de intentar leer hacía bastante tiempo y ahora simplemente sostenía el libro sobre sus piernas, luchando contra el sueño.

Gilberto tampoco estaba en mejores condiciones. Después de la noche anterior, el poco descanso que había tenido y todo el problema del centro comercial, sentía que los ojos se le cerraban solos.

Aun así, ninguno hizo el mínimo intento por pedir ayuda.

Y ese pequeño orgullo terminó convirtiéndose en un problema mucho mayor.

La noche llegó por completo.

Las luces de la estación permanecieron encendidas mientras el resto de la ciudad continuaba con su vida al otro lado de las paredes. Para Kenneth y Gilberto, sin embargo, el tiempo parecía haberse detenido.

Habían entrado ahí pensando que todo se resolvería en unas cuantas horas.

Pero al no contactar a nadie, la situación terminó prolongándose.

Y así, sin darse cuenta, ambos estaban a punto de pasar su primera noche juntos en el lugar menos esperado posible.

Gilberto, aburrido, terminó sentándose correctamente en la banca mientras observaba distraídamente el lugar. Después de unos segundos, su mirada terminó posándose sobre Kenneth.

El chico frente a él llevaba varios minutos mirando hacia cualquier lugar menos hacia su dirección.

Gilberto lo observó con más atención.

Tenía el cabello castaño y, aunque le costara admitirlo, tenía que reconocer que le quedaba bastante bien. Su rostro era delgado, con facciones que comenzaban a marcarse con mayor claridad, especialmente la mandíbula y el puente de la nariz.

Sus cejas no eran ni demasiado gruesas ni demasiado delgadas. Sus pestañas también llamaban la atención, incluso desde la distancia.

A simple vista, era un chico bastante lindo.

Gilberto apartó la mirada durante un segundo, como si acabara de darse cuenta de que llevaba demasiado tiempo observándolo.

Algo no cuadraba.

Había algo en él que le resultaba familiar.

Volvió a mirarlo.

Intentó hacer memoria, repasando mentalmente los lugares en los que había estado durante los últimos años y las personas con las que había coincidido.

Hasta que finalmente lo recordó.

Bingo.

El año anterior, durante el Mundial, había coincidido con él a lo lejos en uno de los mismos sets de televisión donde habían estado realizando algunas actividades relacionadas con el evento.

No habían hablado.

Ni siquiera habían sido presentados.

Pero Gilberto recordaba haberlo visto.

Poco después, incluso le había aparecido en Instagram. En aquel momento no le había dado demasiada importancia y simplemente había compartido una de sus publicaciones sin pensarlo demasiado.

Ahora todo tenía sentido.

Por eso su nombre le había sonado conocido desde que se habían presentado.

Kenneth Lavill.

El cantante que había visto alguna vez durante el Mundial.

Gilberto volvió a observarlo durante unos segundos, todavía sorprendido por la coincidencia.

De todas las personas con las que podía haberse peleado en aquel centro comercial, había terminado precisamente con alguien a quien ya había visto antes.

Y lo más irónico era que ninguno de los dos había reconocido al otro hasta ese momento.

—Pero qué pequeño es el mundo.

Murmuró sonriendo para sí mismo

Kenneth, que estaba mirando distraídamente las páginas de su libro, levantó ligeramente la mirada al escuchar aquella voz. No alcanzó a distinguir qué había dicho exactamente, así que simplemente volvió a concentrarse en el libro.

Gilberto continuó observándolo unos segundos más.

Ahora que sabía quién era, la situación le parecía todavía más absurda.

Había visto a Kenneth en televisión, lo había encontrado alguna vez en redes sociales y hasta había compartido una de sus publicaciones. Y ahora estaba sentado a pocos metros de él, en una estación de policía, después de haberse peleado por un accidente con un refresco.

Definitivamente, aquello no era algo que pudiera contarle a sus amigos sin que se burlaran de él durante meses.

Gilberto soltó una pequeña risa al imaginar la reacción de Brian, Alexis y los demás si se enteraban.

Mientras tanto, Kenneth comenzaba a quedarse dormido.

Su cabeza se inclinaba lentamente hacia un lado y, cada pocos segundos, volvía a enderezarse para evitar quedarse dormido por completo. Intentó leer una página más, pero terminó pasando varios segundos mirando las mismas líneas sin comprender realmente lo que estaba leyendo.

Finalmente cerró el libro.

Lo sostuvo contra su pecho y dejó caer la cabeza contra el respaldo de la banca.

Gilberto volvió a mirarlo.

Por primera vez desde que se habían conocido, ya no parecía estar enojado.




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