Me dejó por su amante y me casé con su tío.

Capitulo 7

Fiorella

—¿Mamá, los cuatro monos ya se fueron? —comenta el pequeño Luca bajando las escaleras.

Mi corazón ya no late tan rápido como hace unas horas, ahora puedo pensar mejor o eso me digo a mí misma.

—Eran asesinos, un líder y tres bufones —Matteo se ajusta su camisa con su expresión neutral de siempre.

—No creo, uno de ellos era guapo, uno solo... Mamita, ¿quiénes eran ellos? —La vocecita de Aurora viene de última.

Me levanto para poder decirles lo que debo, no sé qué hacer, seguir huyendo o esperar a que el dinero de Adrián o la loca de Isabella dañen a mis hijos.

—Chicos, deben sentarse, mamá tiene que decirles algo... —Tomo las manos de Luca y Matteo, luego la de Aurora.

—¿Qué pasa, mamá? ¿Vamos por más bombas? —Luca me saca una sonrisa con sus locuras.

—No, pequeño, y eso está muy mal, ¿eh? Los señores vendrán seguido por aquí —dejo salir aire sin saber qué decir.

—¿Por qué todavía están aquí? —Matteo camina hacia el sofá y mete las manos en su bolsillo, eleva la barbilla con su pose habitual.

—Matteo, son unos clientes, vienen por un gran pedido —balbuceo nerviosa.

—Tiene cara de mafiosos... —Luca se pone a su lado.

Tiziano se levanta y estira la mano hacia ellos en un acto de respeto.

—Solo quiero cuidarlos, es todo, soy Tiziano...

—No necesitamos que nos cuiden, a mamá y a mis hermanos los cuido yo —responde Matteo.

—Eso me gusta, pero tu mami trabaja con joyas valiosas y necesita nuestra seguridad...

—¿Se quedarán aquí? —Aurora pasa por el lado de Tiziano, observándolos de cerca.

—Mamá dice que no hay que hablar con extraños.

—Tu mami hizo bien, pero yo soy Tiziano, él es Damiano, él Rocco y aquel Enzo; ya no somos extraños...

—Mami, ¿estos señores serán nuestros papás? —vuelve a preguntar mi hija.

Me ahogo, colocándome roja, y la atraigo hacia mí.

—Aurora, ¿qué dices? Claro que no son nuestros cuidadores —la palabra suena más ridícula de lo que en realidad es.

—Fiorella, lo mejor es ser sincera con los niños, ¿no crees? —el idiota llamado Tiziano sonríe y niego moviendo mis ojos.

—¿Qué debes decirnos, mamá? Somos un equipo, ¿recuerdas? —Luca jala mi blusa para que lo mire—. Si estás en problemas, habla con nosotros.

Se me llenan los ojos de ternura ante sus dulces palabras.

—Escuchen, esto es complicado, por ahora no sé cómo decirlo, pero ellos nos van a cuidar, así que no los ataquen.

—No me gusta que estén cerca de ti y Aurora, mamá, pero si tú dices que está bien —Matteo asiente, pero no me mira a mí, sino a los hombres al frente.

—Por ahora irán con Ana a jugar a la sala de juegos, yo trabajaré un rato y ellos... —se me acaban las ideas—. Ellos me dirán cómo quieren sus joyas, bien.

—Bien, mamá —Aurora sonríe.

Ana esta vez se los lleva a jugar porque, si los tenía encerrados sin decirles algo, eran capaces de amarrar a Ana y bajar por la ventana.

Luca se gira y pone dos de sus dedos cerca de sus ojos y luego los apunta a ellos, dejándoles claro que los vigila.

Una vez se han ido, puedo relajarme o, al menos, hacerles creer que lo hago.

—Bien, entonces su idea de seguridad es mantenernos en la mira —cruzo los brazos.

—Si lo dices así suena feo, lo que queremos es hacer que Adrián no pueda acceder a ustedes; si te dejamos sola te va a asustar, en un juzgado el apellido te aplastaría —Tiziano toma asiento de nuevo.

Detallo sus facciones, mirada intensa y azulada, cabello castaño brillante y el vello suficiente en su cara para que cualquiera babee por él.

—Digamos que te creo, mis hijos son curiosos, ya los viste, no pueden... Esto sería extraño.

—¿Extraño? No van a la escuela, los tienes en esta burbuja, ocultas tu apellido.

—Eso es seguridad...

—Te ofrezco lo mismo, aunque no quieras tienen familia, no los ocultarás mucho tiempo —continúa Tiziano.

—No quiero ninguna herencia, además son tres, no los pondré a pelear por eso... —hablo claro.

—No lo hagas, nacieron al tiempo y para eso la familia tiene reglas, por eso Adrián te hizo firmar ese documento, porque debían compartirlo.

—¿Dices que si la aceptan serán dueños de lo que sea a partes iguales?

Él asiente, se ve tan tranquilo que me resulta insultante.

—Pero unos niños no manejan empresas y yo no sé nada de eso, tampoco quiero meterme en esta pelea de poder...

—No lo hagas, yo te ayudaré, manejaré todo, haré crecer el dinero, todo transparente...

Elevo una ceja, la desconfianza dejándose ver en mi rostro.

—¿Así nada más porque eres buena onda?

—No necesito dinero, pero me interesa que ellos no lo tengan, es todo.

—Fiorella, Isabella es peligrosa, la madre de Adrián lo es aún más, podemos ayudarte —Damiano habla.

Niego, analizando todo, si ella tuvo que ver con el asesinato de la sirvienta puede dañarlos.

Suspiro tan fuerte que parece sollozo.

—¿Qué quieres exactamente de mí, Tiziano? ¿Te quedarás aquí veinticuatro siete?

—No, nos iremos a Italia —sube un hombro.

—Por supuesto que no, si hago eso él me encontrará rápido...

—Que lo haga, no serás la misma de antes y no podrá acercarse sin mi permiso...

—¿Crees que te hará caso? Como dijiste, usará influencias...

—Yo también tengo muchas más que él, solo yo puedo hacerle frente, Fiorella, piénsalo bien...

—Entonces quieres que te deje estar cerca y ya...

—No, así no funciona, para poder manejar la herencia deben ser parte de mi vida —entrelaza sus dedos.

—Ahora entiendo menos...

—Cásate conmigo, Fiorella; si te casas conmigo, ellos pasarían a ser míos... Tú recibirás la herencia y yo podré ayudarte.

El color abandona mi rostro, las manos me tiemblan y un zumbido atraviesa mis oídos.

—¿Ca-casarme? Te volviste loco...

—No, de hecho hablo muy en serio, casémonos y te vengarás de ese idiota.




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