Me dejó por su amante y me casé con su tío.

Capítulo 10

Tiziano

—¿Adónde vamos? Matteo dice que nos están secuestrando —Luca no para de hablar con Rocco.

—No es un secuestro, estamos yendo a Italia a conocer ese país —Damiano responde y Rocco lo mira mal.

—Me preguntó a mí —replica Rocco—. Luca, vamos a una misión de diversión, podemos buscar más víctimas allí... —eleva y baja las cejas el idiota ese.

Matteo, por su parte, yace en un asiento de su hermano. Aunque no habla, se mantiene alerta, le da una mirada a Luca y busca a la pequeña Aurora. Sonrío porque me gusta su actitud.

—¿Qué estás viendo, Aurora? —Enzo se inclina un poco para ver su tablet.

Ella no lo escucha porque tiene auriculares con orejas a todo volumen.

—¿Aurora? Niña... —Enzo frunce el ceño y ya sé que algo no le gustó.

—¿Sí? ¿Me está llamando?

Él asiente y cruza las manos sobre su pecho.

—¿Qué tanto ves en ese aparato?

Me quedo observando la interacción, no sé qué vio, pero sea lo que sea, no le ha gustado, lo sé por el surco en su frente.

—Son un grupo de chicos que canta, a mí me gustan... —sonríe y tararea una canción en Dios sabe qué idioma—. Él es el más guapo...

Hasta ahí sé que se acabó el video, conozco a Enzo.

—No son guapos, son escuálidos y parecen más chicas que chicos —toma la tablet y busca en ella—. Ten, mira esto... Son caricaturas para niñas...

—Yo soy una niña grande —se le pone la nariz roja y es la primera vez que le discute a Enzo.

—Eso no existe, no hay niñas grandes, ni maduras, hay solo niñas y tú eres una.

Noto a Fiorella reírse en su puesto, eso me relaja, me preocupaba que no supiera llevar este cambio y el miedo a regresar, pero lo hace bastante bien.

Dos horas después, los tres niños están profundos. Me levanto para tomar a Aurora, no lo logro, Enzo la tiene en los brazos, así que giro a buscar a Luca y no lo encuentro. Rocco lo bajó hace varios minutos, así que voy por el pequeño Matteo y no, Damiano lo está cargando.

—¿Sí saben que soy el padre de esos niños, verdad? —mi voz sale más grave de lo acostumbrado.

—Sí, pero somos sus tíos y eso gana —bromea Enzo.

Ruedo los ojos y me acerco a Fiorella, quien hoy ha decidido dedicarse a reírse de todo.

—Tú sí estás disponible para mí —mi voz sale más juguetona de lo que pretendía.

Baja la mirada, ve a todos lados y luego por fin me mira a mí, pero con el rostro enrojecido.

—Sí, a mí ellos no me van a cargar —sonríe; sin embargo, no me causa ni un ápice de gracia lo que dijo.

Mi mano viaja a su cintura antes de bajar, cámara, están listas para tomar de varios ángulos este momento para cuando lo necesite comenzar a filtrarlas.

—¿Es necesario hacer esto aquí? Nadie nos conoce —balbucea aún más colorada.

—Créeme, hay gente en todos lados, listos para tener una primicia. Tú eres mi esposa, debe notarse.

Juntos después llegamos a la propiedad, está en lo alto y desde abajo la vista es única.

Abre mucho los ojos y suspira, el viento le vuela el cabello y, al mirarme de vuelta, sonríe.

—Es muy hermoso... Los niños amarán este lugar cuando despierten.

Subo junto con ella, deteniéndonos en lo alto para que disfrute de los acantilados. La piscina da una sensación de no tener borde y gira para encontrarse con mis ojos, ya sé lo que piensa antes de que abra la boca.

—Es segura, tranquila, además hay cuatro hombres listos para dar la vida por ellos.

Asiente, dejando escapar un suspiro que me deja claro que confía en mí.

—Ven, nuestra habitación queda aquí —la llevo a la principal.

—No es necesario, puedo compartir con los niños.

—Al llegar a Italia dormiremos en la misma habitación, mejor ve acostumbrándote para no levantar sospechas...

Asiente tensa, su postura demasiado recta y casi me río, aunque la comprendo.

—Tranquila, no haré nada que no quieras —salgo de la habitación porque sé que se ha de poner color carmesí...

Tomo mi teléfono y llamo a mi madre.

—Madre, ¿cómo estás?

—Tiziano, hijo, ¿por qué no me llamas más a menudo? Sabes que te extraño.

—Lo sé, regresaré pronto con mi esposa.

La línea queda muda por bastante tiempo, aunque no puedo verme, sonrío, ya había previsto esta reacción.

—¿Te casaste? ¿Cómo...? ¿Cuándo?

—La vas a adorar, además tengo tres maravillosos niños...

—¿Qué? ¿Ella tiene hijos?

—Son mis hijos, mamá, los vas a amar, son trillizos y tienen cinco años...

Espero más gritos, tal vez un sermón sobre por qué no necesito una esposa con hijos, pero no pasa.

—Por Dios, Tiziano... ¿Cuándo vienes...? Compraré cositas para ellos... ¿Son varones o princesas?

Sonrío porque escucharla así después de que casi me la enloquecen es algo maravilloso.

—Pronto, mamá, pronto te llevaré a tus nietos, Matteo, Luca y la pequeña Aurora.

—Oh, qué bueno, hijo, tráelos, quiero verlos...

Corto la llamada más tranquilo, le daré a mi madre la felicidad que una vez le robaron.




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