Después de aquella noche me obligaron a asistir a varias sesiones con la psicóloga de la fortaleza. Todos insistían en que el dragón que había visto no era más que una alucinación provocada por el estrés y los constantes recuerdos de mi infancia.
Además, volví a recibir un severo regaño por haber salido de la fortaleza sin autorización. Me advirtieron que, si volvía a hacerlo, perdería la oportunidad de convertirme en cazadora.
Aunque los guardias confirmaron haber escuchado un estruendo parecido a un rugido, concluyeron que seguramente lo había confundido con el sonido de un trueno.
Las semanas pasaron.
Sin embargo, mi inquietud no desaparecía.
Necesitaba comprobar que aquello que vi era real.
Lo que menos entendía era por qué todos me trataban como si estuviera loca cuando ellos mismos ocultaban el cadáver de un dragón en la Zona 13.
Pero no podía decir una sola palabra.
Si hablaba, Henry sería quien pagaría las consecuencias.
Así que decidí guardar silencio y concentrarme en lo único que realmente importaba: terminar el entrenamiento y aprobar todas las pruebas.
Aquella mañana estaba ayudando a Steffy a supervisar el ingreso de alimentos por la puerta principal cuando mi celular comenzó a vibrar.
Era Henry.
"Nos vemos en el comedor en treinta minutos."
Como ya casi era la hora del almuerzo, terminé mi trabajo y me dirigí hacia allí.
Sin embargo, apenas llegué, algo me pareció extraño.
Las cocineras salían corriendo del edificio.
No había nadie más.
Ni siquiera Henry.
Las luces estaban apagadas y, aun así, las alarmas de emergencia no habían sonado.
Llevé la mano a la pistola que colgaba de mi cinturón y la sujeté con ambas manos.
Entré lentamente.
Mis pasos resonaban en el enorme comedor vacío.
Miraba de un lado a otro mientras avanzaba con cautela.
Intenté encender las luces, pero el interruptor no respondió.
Seguí caminando.
Entonces distinguí un bulto tendido junto a una de las mesas.
Era una persona.
Me acerqué.
Sentí un nudo en la garganta.
Tenía la yugular completamente destrozada y el suelo estaba cubierto de sangre.
No se movía.
Estaba muerto.
Con las manos temblorosas aparté la sangre de su rostro.
Por un instante temí que fuera Henry.
Recordé entonces lo que él mismo me había contado.
En la Zona 13 no solo ocultaban el cadáver de un dragón.
También mantenían Broncotrons vivos para realizar experimentos.
Mi primera reacción fue pensar que una de aquellas criaturas había escapado.
En ese momento la sirena dejó de sonar.
Los altavoces de la fortaleza se encendieron.
La voz del comandante Steve resonó por todo el lugar.
—Atención. Todo está bajo control. El incidente ha sido resuelto. Les pedimos que regresen a sus actividades con total normalidad.
Apreté los puños con rabia.
Había un cadáver en el comedor.
Todos estaban aterrados.
Y ni siquiera habían activado la alarma general.
Salí corriendo para buscar a Henry.
Entonces escuché un grito de dolor.
Era su voz.
Corrí hasta el patio de entrenamiento.
Varias personas rodeaban una camilla.