En cuanto la puerta comenzó a abrirse, un sonido atravesó el silencio del laboratorio.
Aquellas risas.
Las mismas risas agudas y escalofriantes que los Broncotrons emitían antes de atacar.
Mi cuerpo se tensó al instante.
Sentí que el corazón se detenía por un segundo.
Esos sonidos...
Los había escuchado antes.
No solo en mis pesadillas.
También aquella noche.
La noche en que perdí a mis padres.
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Recuerdo haber despertado sobresaltada al escuchar aquellas horribles carcajadas.
Cuando abrí los ojos, mi habitación estaba envuelta en humo y el resplandor anaranjado del fuego iluminaba las paredes.
Salté de la cama y corrí hacia la vieja ventana. Intenté abrirla desesperadamente para respirar, pero estaba atascada.
Cada bocanada de aire quemaba mi garganta.
Abrí la puerta de mi habitación y corrí hacia el cuarto de mis padres.
No estaban.
Entonces bajé las escaleras.
Fue allí donde vi a mi madre.
Estaba tendida a mitad de los escalones, completamente inmóvil.
Quise correr hacia ella...
Pero el humo ya había llenado mis pulmones.
Todo comenzó a dar vueltas.
Caí inconsciente.
No sé cuánto tiempo pasó.
Cuando recuperé un poco la conciencia, el aire ya no quemaba tanto.
Abrí los ojos tosiendo con fuerza.
Tenía náuseas.
El olor a madera y carne quemada era insoportable.
Mi vista seguía borrosa.
Entonces levanté la mirada.
Sobre mi casa en llamas volaba una gigantesca silueta.
Un dragón.
No entendía por qué me encontraba acostada sobre el suelo, a varios metros de la casa.
Fue lo último que vi antes de volver a desmayarme.
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Desperté en la enfermería de la fortaleza.
La primera persona que vi fue al comandante Steve.
Con mucha calma me explicó lo poco que sabía de lo ocurrido.
Después me dio dos opciones.
Podía unirme al programa de entrenamiento para convertirme en cazadora...
O vivir con los civiles rescatados y ayudar en los cultivos junto a otras familias que también lo habían perdido todo durante los ataques de los Broncotrons.
Cuando recibí el alta conocí a Henry.
Él era dos años mayor que yo y ya entrenaba para convertirse en cazador.
Recuerdo que se acercó a hablarme con una enorme sonrisa, como si nos conociéramos desde siempre.
Me presentó a Michael y a su hermana Karen.
Aquella misma tarde jugamos a las escondidas.
Por unas horas logré olvidar todo lo que había sucedido.
Pero cuando cayó la noche...
La realidad volvió a golpearme.
Había perdido a mis padres.
Había perdido mi hogar.
Y estaba completamente sola.
Lloré durante días.
Semanas enteras.
Hasta que finalmente acepté la propuesta del comandante Steve y decidí convertirme en cazadora.
No fue fácil.
Pasé de ser una niña consentida por el cariño de sus padres a vivir rodeada de disciplina, obligaciones y entrenamiento.
Al principio solo hablaba con Henry.
Después apareció Margaret, una chica de mi misma edad.
Nos hicimos inseparables.
Entrenábamos juntas, estudiábamos juntas y compartíamos cada momento del día.
Más tarde conocí a Steffy.
Con ella también pasaba horas entrenando y practicando.
Poco a poco encontré una nueva familia.
Sin embargo...
Las noches seguían siendo las peores.
Extrañaba los abrazos de mi madre antes de dormir.