Clara se aferró a la correa de su bolso, inspiró profundamente y se adentró en el que sería su hogar por varios meses. Era la primera vez que pasaría tanto tiempo fuera de casa, y eso la emocionaba y atemorizaba a la vez. Ya había perdido de vista a su primo Rob, pero eso no la preocupaba, siempre estaban por su cuenta cuando salían, sabía que su primo no era un pesado y podría manejarse libremente ambos. Ella y todos los jóvenes reclutas estaban amontonándose en un patio interno, en frente estaba una especie de capilla que se elevaba varios metros de los demás edificios y culminaba en una cúpula redondeada, al lado unos salones con galerías en los que los instructores esperaban. A la derecha podía verse el establo con los caballos y una carreta. No podía ver la cocina, ni las habitaciones, ni ningún sitio destinado a la servidumbre por lo que se acercó a la mesa en la que unas señoritas estaban inscribiendo a los aspirantes.
— Disculpe…- pregunto a una joven delicada con lentes.
— ¿Sí?- dijo con una sonrisa rígida, como si la hubiera estado ensayando tanto que ya no se veía natural.
— Las mozas de servicio ¿hacia dónde deben ir? Vengo para ese puesto.
— Oh cierto, se inclinó hacia un lado y señalo hacia los establos.- Ve por allí y en la parte de atrás esta la cocina, preséntate con Dorothy, ella te dirá lo que debes hacer.
— ¡Muchas gracias!- La joven hizo un gesto con la cabeza y continuó sonriendo mientras tomaba más datos de los aspirantes.
Se encamino con su bolso a paso rápido y dando saltitos. Por fin estaba un paso más cerca de cumplir su sueño. Ya se imaginaba el hermoso vestido que se compraría cuando, doblando tras el establo, chocó con algo frente a ella. Alzo la vista y se encontró con un hombre alto, trajeado elegantemente con un saco negro, camisa blanca, pantalón blanco y botas altas color café. Pero lo que más llamaba la atención era su vibrante cabello color rojizo y un parche negro en el ojo. Seguramente era alguien importante por lo que Clara de inmediato se disculpó.
— Lo siento tanto….- el sujeto con cara de pocos amigos solo dijo.
— Ten más cuidado por donde caminas.- y continuó su marcha sacudiendo su ropa como si tuviese polvo.
Clara no le dio importancia y siguió su camino, en seguida divisó un enorme caserón de dos pisos que a un lado tenía un amplio salón. Estaba separado de la capilla por un patio mucho más grande que el del frente. A un lado, había una pequeña construcción de madera en la que había expuestas decenas de armas de diversos tipos, sacos y bolsas apilados, escudos de todo tipo, también había unas poleas con peso, al otro lado dianas dispuestas en hileras, un poco más lejos unos muñecos de cuero que simulaban personas, claramente era el campo de entrenamiento. En el centro había una especie de escenario rudimentario de madera, tenía un atril con el escudo de Athenas. Hubiese querido quedarse curioseando mas pero una vocecita la distrajo.
— Disculpa, - se volteo y se encontró con una jovencita pequeña de cabello rubio y ojos color miel.- ¿hacia dónde está la cocina?
— Por allá.- contestó.- ¿tu también vienes por el puesto de sirvienta?- el rostro de la muchacha se iluminó.
— ¡Sí!-En seguida extendió su mano.- Soy Lucy, mucho gusto.
— Y yo Clara.- dijo devolviéndole la sonrisa.- ¿vamos juntas?
— ¡Sí!
En seguida se hicieron amigas puesto que la pequeña Lucy era la persona más habladora que había conocido. En poco tiempo se enteró que Lucy había venido a la Abadía a buscar un prospecto de marido. Sí, el dinero le importaba, pero más importante era conocer un lindo hombre para casarse. Clara no podía juzgarla, en el fondo ella también quería conocer un buen hombre para casarse y formar una familia, aunque no estaba segura si en este lugar podría hallarlo.
Cuando llegaron a la cocina encontraron a un grupo de 10 chicas que oían atentamente a una señora mayor, seguro ella era Doroty.
— Hola niñas, ¿cómo están? – dijo sonriendo con dulzura.- ¿También vinieron por el puesto de servicio?
— Así es señora
— Soy Dorothy, mucho gusto...- la anciana miro por sobre el hombro de las chicas,- ¿no hay nadie más?
— Parece que no.- la cara de la mujer se entristeció pero en seguida retorno su rostro alegre.
— Bueno, con las que somos tendrá que bastar. Es maravilloso tener tantas chicas jóvenes en la Abadía, vengan todas, les mostrare sus habitaciones y en seguida comenzaremos a trabajar.
La señora les mostro los cuartos de servicio, estaban justo al lado de la cocina, solo eran 6 cuartos por lo que las chicas tendrían que compartir habitaciones. Sin dudarlo Clara eligió como compañera a Lucy, con la que había hecho buenas migas. Dejaron sus cosas y Doroty les mostró las habitaciones de los aspirantes que tendrían que limpiar regularmente, la cocina que lindaba con un amplio comedor donde todos comerían las 3 comidas principales: desayuno, almuerzo y cena; también les mostro un pequeño establo donde tenían unas vacas, gallinas ponedoras y cerdos. Les enseño el almacén, donde guardaban los granos para cocinar, el pozo para sacar agua y por último los baños y letrinas exteriores.
— Como somos pocas tendremos que dividirnos las tareas, algunas tendrán que cocinar, otras lavar, otras alimentar a los animales, otras barrer, y así…
— ¿Cuándo nos pagaran?- pregunto una de las chicas con cara de pocos amigos, era un tema que también le interesaba a Clara.
— Oh eso será cada mes, de eso se encargará el señor O’Conell…
— ¿Cuánto nos van a pagar?- pregunto otra chica pecosa.
— Oh, no estoy segura, creo que el señorito me lo dijo… pero no recuerdo cuanto era… habrá que preguntarle luego.- Clara se dio cuenta que aquella mujer es de las que trabaja más por gusto que por necesidad, ¡quien más desestimaría tanto su sueldo!- Mientras tanto vayamos preparando el almuerzo, que luego de tanto caminar para llegar hasta aquí deben estar hambrientos todos.
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Editado: 20.03.2026