Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 3: Una sirvienta entrometida.

Luego de eso ya no pudo espiar más, se dedicaron a cocinar un potaje en las enormes ollas y cuando estuvo listo Dorothy avisó al capitán y este dio la orden de que todos vayan al comedor.

Pronto las largas mesas del comedor se llenaron y Clara y las demás comenzaron a servir los platos de comida de uno en uno, conforme se iban acercando con su plato. La cena no era más que una sopa espesa con verduras, sin carne, poco atractiva a la vista, pero era sabrosa y estaba caliente, ideal para un cuerpo cansado. Cualquier campesino estaría agradecido de tener un plato de esos en invierno. Sin embargo algunos reclutas no parecían satisfechos.

— ¿Qué es esto?- Preguntó un joven de larga túnica blanca al ver el plato que le ofrecía.

— Potaje.- contestó Clara.

— ¡Ha! Yo no pienso comer esto. Dame otra cosa.- dijo desdeñosamente, Clara tomo aire y con una sonrisa respondió.

— Me temo que no hay nada más, señor. Tendrá que conformarse con esto.- el muchacho frunció el ceño como si le hubieran dado un insulto y dijo.

— Estos campesinos inútiles, ¿acaso no saben quién soy? Soy de la familia Langley, yo no comeré esta porquería.- el tipo lanzo un manotazo a Clara haciendo que el plato de cerámica caiga al suelo, se rompa y desparrame su contenido.

No había nada en el mundo que molestara más a Clara que las personas petulantes y engreídas que no valoraban el trabajo duro de los demás, la comida que tanto tiempo habían dedicado a preparar ahora estaba en el suelo. Si fuera por ella ahí mismo estampaba a ese aspirante en el suelo y limpiaba el piso con su cara, pero era el primer día y no quería tener problemas por lo que se llamó al silencio, tomo un trapo, se agachó y comenzó a limpiar.

— Eso es, sucia campesina, vuelve al suelo que es donde perteneces.- El chico lanzo una carcajada que fue acompañada por la de sus amigos igual de engreídos que el primero.- ¿Quién es la encargada de la cocina? ¡Exijo verla!

A todo esto los demás reclutas comenzaron a voltearse para ver lo que ocurría, En seguida Dorothy se asomó desde la cocina con su rostro preocupado.

— ¿Qué ocurre señorito? ¿Necesita algo?

— Sí, - dijo con afán.- Quiero otro platillo.- Dorothy afligida y con la voz casi temblando contestó.

— Me… me temo que no hay otra cosa, señorito.

— ¿Qué? ¿Acaso no saben con quién están tratando?-

— Ahí va otra vez con lo mismo.- murmuró Clara ya con poca paciencia.

— ¡Soy un Langley, podría hacer que te despidan en cualquier momento!- Dorothy se puso nerviosa y balbuceaba explicaciones.

— Pe… pero señorito no pue… no puedo darle otra cosa, las raciones están contadas y…

— ¡Como osas responderme así!- El joven encendió su mano con fuego y formando un puño estaba dispuesto a asestarle un golpe a la anciana, pero entonces Clara se interpuso colocando el antebrazo y detuvo el ataque.

— No se meta con ella, ¿no se da cuenta que es una mujer mayor?- lo increpó.

— ¡Insensata! ¿Cómo osas meterte conmigo?- El joven encendió su otro puño y esta vez estaba a punto de golpearla pero ella no estaba dispuesta a recibir el golpe. Aplicando los movimientos de defensa que le inculcó su padre tomo al joven mago por la muñeca, doblo su brazo para colocarlo tras la espalda y luego lo estampó contra el suelo.

— ¡ya cálmese!

En el comedor se escucharon voces de asombro, algún vitoreo para Clara y abucheos para el mago. Sin duda esa escena seria el comedido del día siguiente.

— Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?- Clara alzo la vista y distinguió en seguida la distintiva cabellera roja de quien estaba a cargo.

— Capitán O’Conell…- dijo incorporándose y retrocediendo. Por su parte el mago se levantó enfadado, sacudiendo el polvo de su túnica. El Capitán pregunto.

— ¿Qué pasó aquí?

— Capitán, estas sirvientas irrespetuosas no quieren darme….- El mayor alzo la mano y lo interrumpió.

— No te pregunté a ti.- Dirigió su vista a la pálida Dorothy y esta contestó.

— El… el señorito nos estaba pidiendo otra comida, pero le estaba explicando que esto es todo lo que hay... él se puso violento y la señorita…- No la dejo terminar.

— Si, tranquila, ya vi esa parte de la historia. - Dirigió la vista a Clara que agachó la cabeza, sabía que se había pasado de la raya. Luego miró al mago y habló.

— Parece que tiene un estomago sensible… - apareció una sonrisa socarrona en su rostro.- ¿Acaso está usted enfermo, señor Langley?- El muchacho negó con la cabeza.- Pues ¿qué cree? En el ejército no tendrá carta para elegir platillo.- Volvió la vista a los demás y a viva voz grito.- ¡Y esto va para todos: La comida que se sirve es la que hay, no hay otra! ¡Si no les gusta vayan a prepararse la suya propia o bien se largan, las puertas están abiertas! ¿me oyeron todos?

— ¡Sí señor!- Respondieron casi al unísono los reclutas presentes.

— Y una cosa más… - Se volteó y observó como Clara se sujetaba el antebrazo adolorida, sin previo aviso la tomo de su muñeca y la alzo, exponiendo su quemadura ante todos.- Si llegasen a lastimar al personal de servicio se las tendrán que ver conmigo, ¿está claro?- Clara se puso roja como un tomate.

— ¡Sí señor!

El Capitán soltó el brazo de Clara y viéndola dijo en tono más calmo le dijo.

— Ve a la biblioteca y pídele a la señora Connors que te sane, dile que te envío yo.- Clara se limitó a asentir. Volteo a ver a la mujer mayor.

— Dorothy, si vuelve a pasar algo como esto avísame de inmediato por favor.- La anciana se inclinó haciendo reverencia.

— Si señorito.

— Y usted… señor Langley - se inclinó hasta estar cerca de él,- Ansío verlo en el entrenamiento de mañana.

El joven mago trago saliva y asintió mientras el Capitán se retiraba.

Todo el comedor se volvió silencioso por unos cuantos segundos hasta que el capitán se retiró, luego todos empezaron a murmurar. El mago volvió la vista a Clara, chistó molesto y se retiró. En seguida se abrió camino entre los aspirantes su primo Rob.




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