Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 4: Entrenamiento infernal

A la mañana siguiente, cuando cantó el gallo, todas las jóvenes mozas estaban ya despiertas preparando todo para el desayuno en el comedor. El ajetreo en la cocina contrastaba con la quietud en toda la Abadía. Comenzaron horneando panes, algunas galletas dulces y huevos revueltos, cuando distribuían todo en las largas mesas, sonó la campana de la capilla. Fuerte y estrepitosamente, haciendo que hasta el más somnoliento vea interrumpido su descanso. Luego de eso poco a poco comenzaron a aparecer los aspirantes, se fueron sentando y sirviendo de tomar y comer. Había un buen ambiente de camaradería, charlas y buen humor general. Las compañeras de Clara aprovechaban la oportunidad para intercambiar charla con los muchachos más apuestos, sobretodo su nueva amiga Lucy. Hasta ahora el que más suspiros robaba era George, el chico alto y musculoso, su amigo (que descubrieron que se llamaba Niko), y también había un joven muy lindo, de rasgos delicados que tenía ojos azules profundos, llamado Roderick. Las pocas aspirantes que habían eran, en su mayoría, magas y sacerdotisas, alguna que otra cazadora y una asesina y también dedicaban miradas a sus compañeros reclutas, aunque un poco más disimuladamente. Habiendo pasado media hora se oyó la voz grave del Capitán proveniente del campo de entrenamiento.

— ¡Reclutas! ¡Fórmense!

Automáticamente todos los jóvenes salieron a obedecer la orden. Clara observó como el Capitán los esperaba impasible en medio del campo. Esta vez no llevaba su traje elegante con el que lo había conocido, tenía una camisa holgada negra metida dentro de los pantalones oscuros ajustados, un cinto de cuero marrón con una espada colgando de él a su lado izquierdo, guarda hombros, botas y guantes igualmente de cuero. Llamaba la atención sin duda, desprendía un aire de madurez que contrastaba con la actitud jovial de todos los aspirantes, a Clara eso le parecía en cierta forma atractivo aunque no quería empatizar con él por llamarla débil la noche anterior.

Habiéndose dispuesto en el campo bien formados el Capitán comenzó a hablar.

— Hoy comienza su entrenamiento para volverse los soldados de Athenas, espero que todos estén preparados…- sacó su espada y señaló el camino hacia el portón de salida de la Abadía y dijo.- Comenzaremos saliendo y dando 10 vueltas alrededor de la muralla, luego vendrán aquí y tendrán que hacer 100 abdominales, 100 sentadillas y levantar esos barriles sobre su cabeza durante 1 un minuto. Luego podrán comenzar con el entrenamiento real con sus instructores de clase.

La multitud quedo en silencio.

— Espere señor,- se atrevió a decir un joven mago,- ¿está diciendo que TODOS tendremos que hacer ese entrenamiento?

— Si.- dijo sin más.

— ¿Los magos y sacerdotes también?

— También.- Todos los aspirantes comenzaron a murmurar.

— Hay otro entrenamiento para las mujeres ¿verdad?- pregunto una sacerdotisa pequeña mientras alzaba la mano. El capitán clavo su espada en el suelo frente a él y contesto.

— No, no lo hay señorita.- los murmullos se intensificaron, por lo que el Capitán volvió a alzar la voz.- ¡Silencio!- todos se callaron.- ¿Qué creyeron, reclutas, que vendrían a comer y beber gratis aquí? Se están formando para ser soldados, para ir a la guerra y defender su nación. Lo mínimo que pueden hacer es realizar este entrenamiento.

— Pero señor…- dijo un delgado hombrecito con un arco en la espalda. – Algunos de nosotros no tenemos nada de entrenamiento… esto que nos pide nos tomará mucho tiempo… ¿quiere decir que, si no logramos cumplir con este entrenamiento antes que termine el día, no podremos especializarnos en nuestra clase?

— Exactamente eso quiero decir.- comenzó a caminar frente a la multitud con rostro serio e imperturbable.- Si no pasan mi entrenamiento no podrán tomar clases con los demás instructores y por lo tanto no egresaran de este sitio. Así que, si quieren terminar antes que termine el día…- señalo nuevamente al camino,- les sugiero que comiencen ahora.

La multitud se aquietó y se abalanzo a la puerta para comenzar a correr, desde la muralla los observaba el instructor de asesinos y el enano cazador para asegurarse de que no hiciesen trampa.

Los aspirantes que habían comenzado con energías y velocidad iban perdiéndolas a cada vuelta, poco a poco iban quedando rezagados y luego de la quinta vuelta algunos trataron de volver a entrar fingiendo que ya habían terminado, pero los recibía una daga que los rosaba o un disparo de advertencia a los pies y los instructores los obligaban a seguir corriendo las vueltas que le faltaban.

Clara y sus compañeras observaban todo con curiosidad mientras hacían las tareas. Las más privilegiadas eran las que le tocaba barrer afuera, pero desde la cocina también se podía ver algo. Cada una apostaba a ver quién llegaba primero.

Pronto algunos aspirantes que terminaron con la tarea de inmediato: la chica alta de cabello dorado fue la primera. Mientras ella descansaba un poco apareció el joven de bigote que había ayudado a Clara en su primer día a cargar bolsas, ella lo apoyaba en secreto porque era muy amable. Luego llego George y su amigo Niko a la par, el primero lucia fresco como si nada y el segundo estaba agonizando.

Los 4 comenzaron a hacer los siguientes ejercicios mientras poco a poco los demás aspirantes entraban al recinto.

Clara esperaba ver su primo Rob, pero no fue hasta lo último que entro, jadeando y moribundo, apenas pudo contener su risa al verlo.

El Capitán los hacia formarse delante de él y comenzaba a contabilizar los ejercicios, aquellos que no llegaban a la cantidad requerida los hacia volver a empezar hasta que lo lograran, ganándose el odio automático de todos. Cuando llego el turno de levantar los barriles algunos tuvieron dificultades puesto que estaban llenos de arena. Los aspirantes a guerreros y paladines en su mayoría tenían fuerza y no presentaron dificultades, pero los demás…




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