Ya había pasado casi un mes y Clara ya se había hecho una reputación en la Abadía, muchos de los reclutas la evitaban, seguramente por lo del primer día con Langley pero también la maga Cromwell también había esparcido rumores. Poco le importaba, después de todo no había venido a hacer amigos entre los aspirantes a soldado.
Su primo, en cambio, ya se había hecho amigo de varios muchachos y lo veía muy conversador con una chica del grupo de los cazadores de cabello negro. Se reía internamente de lo rápido que se olvidó de Vivianne del pueblo.
Cierta noche hicieron unas croquetas y verduras para la cena, obviamente las verduras no eran del agrado de muchos y los aspirantes comenzaron a hacer intercambios en el comedor.
— Oye, ¿me das tus croquetas? Yo te doy mis brócolis.
— ¿Quieres unos champiñones a cambio de zanahorias?
— ¿Quién quiere mi pan?
El barullo que había en el comedor era similar al del mercado en plena mañana, todo habría pasado desapercibido…. Hasta que uno de los aspirantes le arrojo una croqueta a otro en forma de broma. Éste se quiso vengar y le tiro un brócoli en la cabeza a otro y sin darse cuenta estaban iniciando una guerra de comida. No todos, obviamente, pero los suficientes como para hacer enojar a Clara. Esos mocosos no tenían idea de lo suertudos que eran de comer tanto y tan variado. Su familia podía sentirse agradecida de comer alguna que otra verdura de las que cosechan en su huerta, carne cada tanto y hongos solo cuando lograban recolectar en el bosque. En vano Dorothy con su voz dulce trató de apaciguarlos puesto que no la escuchaban ¿Dónde estaba el Capitán o alguno de los instructores cuando se los necesitaba? Su ira estaba escalando pero no quería hacer o decir nada para no ser regañada. Pero en cuanto vio que un pan rodo hasta sus pies perdió la poca paciencia que tenía. Grito un par de veces pidiendo que pararan pero tampoco la oyeron así que tomó un cucharon de metal que tenía cerca y lo arrojó con fuerza hasta donde estaban los revoltosos haciendo que increíblemente se clave en una de las columnas de madera que estaba cerca.
Ya teniendo la atención gritó.
— ¡Ya dejen de desperdiciar la comida!- Rob vio lo que acababa de hacer su prima y se llevó la mano a la cara, avergonzado. Los demás quedaron todos tiesos, con la comida en la mano, pero lentamente obedecieron bajando los brazos temerosos de que ese cucharaso les hubiese llegado a alguno de ellos en la cabeza.
Fue entonces que una sola voz se alzó desde la puerta.
— ¡Señorita Harding!- Clara vio en la dirección y se encontró con quien menos quería,- ¡Venga aquí, ahora!
Era el Capitán O´Conell, sumamente enojado venía con los instructores. "Perfecto", pensó, "Estoy jodida." Se acomodó el delantal y con la mayor dignidad que tuvo salió del comedor seguida de la atenta mirada de todos.
Una vez en el exterior y el Capitán se alejó un poco, ella lo siguió. Los aspirantes volvieron a sus asientos y se callaron para oír de lo que hablaban. Puso los brazos en jarra y preguntó.
— ¿Qué demonios te pasa, Harding?
— Ellos estaban jugando con la comida, señor.- Dijo tratando de sonar calmada.
— No me refiero a eso, ¿porque les arrojaste esa cuchara?
— Pues, para que me escuchen.- el Capitán liberó un suspiro pesado.
— Eso fue totalmente innecesario, Pudiste haberles dado a alguno en la cabeza.- Clara dejó escapar una risa.
— ¡Pues vaya soldado de Athenas que está formando si salen heridos por la cuchara que les arrojó una sirvienta!
Desde la puerta el instructor de enanos, cruzado de brazos susurró.
— Tiene un punto.- El instructor de asesinos asintió.
— ¡No se trata de eso!- se llevó la mano al entrecejo.- Te juro que trato de ser paciente contigo pero es que no paras de hacer tonterías.- Clara se enojó.
— ¿Tonterías?- Repitió ahora enfadada.- ¿sabe lo que un ciudadano cualquiera daría por comer todas esas verduras? ¿Y lo que nos esforzamos nosotras para cocinárselas como para que vengan a tirarla por jugar? ¡Es un insulto!
— Ya van dos puntos.- Esta vez el que murmuró era Killian y Borin asintió. Ana permanecía en silencio observando con rostro de desagrado. Para este momento los aspirantes estaban observando por la ventana el desarrollo de la discusión también.
— No es la forma correcta de enseñárselos ¡Tienes que controlar tu temperamento, mujer!
— ¡Pues entonces usted haga bien su trabajo!- el Capitán alzo las cejas sorprendido de que le respondiera. Todos los demás también se sorprendieron. Killian y Borin se aguantaron la risa. – Cada vez que es hora de comer usted y los instructores se desaparecen y los aspirantes hacen lo que quieren, a la pobre Dorothy no le hacen caso y cuando yo actúo usted se enfada, ¡pues deje de desaparecerse y controle a sus pupilos!
— ¡Ya basta Harding! - Su grito sonó más fuerte, tanto que Clara ahora si se asustó. - Vete a tus aposentos de una vez,- dijo señalando a las habitaciones.- ya no quiero ver tu cara en lo que resta del día.- Clara, ofendida camino pateando piedras y murmurando.
— Estúpido, tonto, cabeza de tomate, tonto.- él podía oírla pero fingió que no lo hacía.
— Y ahí está el tercer punto ganado… -dijo el Enno, el asesino afirmó con la cabeza.
Cuando O´Conell volvió la vista al comedor pudo ver como todos estaban mirándolo, habían visto y escuchado toda la escena.
— ¿Qué miran? ¿Eh?- de inmediato los reclutas volvieron a sus sitios y los instructores silbaban haciéndose los distraídos.
Por su parte Clara entro a su cuarto y cerro de un portazo, se sentó en la cama y empezó a llorar. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? Ella solo quería ser buena persona, coser prendas rotas, cuidar la comida… ¿y así le pagaban? Ya se le estaban acabando las ganas de estar allí. Sin embargo necesitaba el dinero así que se propuso aguantar unos días más, hasta el pago, y luego largarse. Cuando estaba pensando en ello entró su compañera de cuarto.
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Editado: 13.04.2026