Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 9: Una nueva amiga

Se sentía raro ver tanta tranquilidad en la Abadía. Cayó la noche y solo un puñado de aspirantes había vuelto, al parecer la gran mayoría llegarían al día siguiente con el alba.

Las sirvientas también pensaron lo mismo, por lo que para esa noche, aparte de Clara, solo estaban disponibles Dorothy y Rebeca, quienes no se habían ido de la Abadía.

Incluso el comedor se sentía vacío, habría solo 20 o 25 aspirantes como mucho, entre ellos estaba su propio primo, el joven Rodolph, y algunos otros con los que no había tratado nunca. También estaba la chica más alta del grupo, Petrov. Esta vez no estaba acompañada de sus amigos George y Niko, estaba solitaria en una mesa. Cuando se acerca a servirse comida ve a Clara y le dice.

— Disculpa, señorita Harding.

— ¿Sí?

— Mucho gusto ¿Tu eres la chica que sabe coser?- Clara la miró algo desconcertada.- El chico de allí me dijo que tu podías reparar lo que sea.- señaló con el pulgar hacia atrás, Clara se asomó y vio a Rodolph haciendo un gesto con la cabeza, ella le sonrió y retornando a la conversación con la joven contestó.

— Puedo, mientras no sea tejido mágico, de eso no tengo idea.- Aclaró.- ¿qué es lo que quieres reparar?

— Es una capa, una común y corriente, pero es de alguien importante para mí. He tratado de coserla yo pero…- alzo la mano y la observo,- mis dedos de salchicha no están hechos para sostener una aguja.- A Clara se le escapo una risita.

— Puedo arreglarla por dos monedas de plata,- la chica asintió,- ¿quieres que pase por tu habitación a buscarla?

— No hace falta, yo puedo alcanzártela ahora.- Clara poso la vista en el Capitán que cenaba con los instructores en una mesa cercana, no sabía si estaba permitido ofrecer servicios de costura por dinero y como no quería recibir un regaño le pidió a la joven que la lleve a su habitación luego de cenar para más discreción, ya que Rebeca le había dicho que saldría a cazar Aracnitas con su hermano para terminar de recolectar el veneno.

Luego de recoger todo y lavar los platos Clara volvió a su habitación y al poco rato llego Katarina. En sus manos traía una capa color café, era verdad que era una capa común y corriente, pero que tenía uno de los costados con una gran rajadura.

La hizo pasar y tomar asiento y mientras buscaba un hilo de un color similar noto a la joven tensa y asustada viendo las muñecas de su acompañante colgadas en el techo, asi que buscó darle charla.

— Así que… ¿cómo se rompió la capa?

— Fue mi culpa.- dijo la joven de cabellos dorados mientras agachaba la mirada, - Intentaba detener al estúpido de George para que no se meta en una pelea en el bar, lo tome de la capa y tire… demasiado fuerte, como siempre.

— Son cosas que pasan.- dijo tratando de animarla.- Tranquila.

— Son cosas que siempre me pasan a mí,- alzo su mano y la cerró en forma de puño.- Es por mi sangre Petrov.

Al igual que los Dannors, Petrov era un apellido que Clara también conocía gracias a las historias de su padre, un clan familiar lleno de prodigiosos guerreros que tenían una abrumadora fuerza física. Recordó los muchos murmullos que oyó cuando ella eligió la clase de magos, será que todos suponían que elegiría las clases de mayor fuerza bruta, como guerrero o paladín. Sin embargo no podía evitar empatizar con esa chica que renegaba de su fuerza, dejo a un costado de la cama los elementos de costura y comenzó a hablarle.

— A mí también me pasa lo mismo…- Katarina la miro de inmediato.- Mi madre era una mujer delicada, suave y hermosa. Hubiera querido sacar algo así de ella, sin embargo herede la fuerza bruta de mi padre, y eso es una maldición…se supone que las chicas deben ser delicadas y tiernas, pero con una fuerza así no se puede.

— ¡Exacto!!!- Dijo Katarina con una sonrisa en el rostro.- Es como si todos esperasen que las chicas no hagan nada de esfuerzo.

— ¡Eso!- dijo Clara totalmente exaltada.- Pretenden que una se quede parada como una inútil ¿eso es lo que les gusta a los hombres? No lo entiendo.

— Yo tampoco la verdad. - Al ver que aquella joven sufría lo mismo que ella decidió abrirse y contarle su más traumática experiencia romántica.

— ¿Sabes? Una vez estaba en Southville, por fin había logrado entablar una conversación con un chico que me gustaba. - Katarina, intrigada, se acercó aún más para oír su historia.- Era el hijo del panadero, un chico alto, rubio de ojos verdes. Habíamos salido a caminar por la plaza cuando vimos a una carreta que se le rompió una rueda, estaban entre 2 ancianos tratando de levantarla para repararla, y no podían, él fue a tratar de ayudarlos pero apenas pudieron alzarla un poco, entonces me sume a la ayuda… la levante un metro del suelo… todos se impresionaron y alabaron mi fuerza, pero el chico se espantó. Ya no volvió a hablarme…

— ¡No puedo creerlo! –Dijo consternada.-¡Pero qué idiota!

— Supongo que lo asusté… - se encogió de hombros.

— Al menos has tenido oportunidad de hablar con algún chico… ¡yo los espanto nomas verme! Y con razón… ninguna chica tiene mi altura, y menos mi fuerza.

— Como te entiendo…

Katarina se acercó y tomándola de las manos con rostro emocionado dijo.

— ¡Eres como yo! ¿podemos ser amigas?- Clara sonrió de oreja a oreja.

— ¡Por supuesto!- al fin tenia alguien que entendía lo que le pasaba.

— Puedes llamarme Katarina, con confianza.

— Y tu llámame Clara.

Pasaron el resto del tiempo hablando sobre sus malas experiencias hasta que llegó Rebeca, Katarina se asustó al verla porque traía telas de arañas en el cabello y una sonrisa extraña y decidió marcharse en ese momento. La reparación de la capa quedo a la mitad. Quedaron a reunirse de nuevo la noche siguiente.

Al día siguiente, amaneciendo, aparecieron una gran cantidad de aspirantes, algunos llegaron justo para el desayuno, otros más tarde, entre ellos George y Niko.

El Capitán se encargó de hacer que, los que llegaron tarde, no lo vuelvan a hacer, puesto que les mando a dar 10 vueltas más alrededor de la Abadía a modo de castigo.




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