Clara y las demás sirvientas estaban lavando las cosas del desayuno cuando el Capitán se asomó a la cocina.
— ¡Dorothy!- Gritó de repente, asustando a las demás sirvientas. Clara que estaba más cerca le dijo.
— Buenos días, Capitán.- Este la miro sin entender.- Es de buena costumbre saludar primero antes de pedir nada.- La ceja del capitán tembló. Sin embargo ofreció una sonrisa forzada.
— Tienes razón.- y dirigiéndose en tono más galante a las presentes dijo.- Buenos días a todas.
— Buenos días capitán.- contestaron a coro.
— ¿Se encuentra Dorothy?- Pregunto mirando a Clara.
— Ella está buscando algo en el almacen.
— Ya veo…- dio media vuelta y se marchaba cuando Clara le grito.
— ¡De nada!- el Capitán se detuvo en seco y volteándose lentamente dijo recalcando la palabra.
— Gracias.- Clara le ofreció una sonrisa de suficiencia y continuo lavando las cosas.- Una vez se alejó otra de las sirvientas le dijo.
— Oye clara en serio eres muy atrevida de estarle molestando al capitán.
— No veo porqué debería molestarle, es cuestión de buenas costumbres, es básico. Está bien que seamos las sirvientas pero merecemos un buen trato.
— Yo no me arriesgaría a hacerlo enojar.- Continuó diciendo.- Ya vieron lo que pasó con Langley… y si así trata a un noble imagínense a nosotras, simples pueblerinas.- Las demás chicas coincidieron con el pensamiento de Lucy, todas unas cobardes, incapaces de expresar lo que piensan
Clara revoleo los ojos e ignoro ese comentario. No quería caer en el jueguito de Lucy que la tentaba a pelear.
Desvió la vista a la diminuta ventana de la cocina donde pudo ver al Capitán dirigiéndose al almacén y encontrándose con Dorothy, le dio unas indicaciones y esta asintió caminando rápidamente a la cocina. Mientras ella se alejaba vio como el Capitán se frotaba el ojo en el que tenía el parche con la palma de la mano mientras fruncía el ceño. Le pareció curioso, pero no más que eso.
— Mis niñas, - dijo Dorothy entrando a la cocina,- Tenemos que armar 20 raciones de comida para llevar.
— ¿Para quienes?
— Para los cazadores, - dijo la mujer mayor.- Al parecer irán de cacería al Bosque de Argus por una semana.- Clara sonrió, por fin su primo podría demostrar todas sus capacidades y lucirse, después de todo más de una vez se adentraron junto con ella a aquel bosque a buscar algo que cazar y comer.
Con diligencia prepararon las viandas con algo de queso, pan y carne seca, y cuando estuvieron listas las llevaron a la entrada donde ya el grupo de jóvenes estaba terminando de prepararse.
Las sirvientas le repartieron los paquetes de comida y algunas aprovecharon a coquetear con los más apuestos. Y es que no los verían en toda una semana. Clara buscó a Rob y le entrego ella misma el paquete.
— Ten, por si no cazas nada, para que no mueras de hambre.- Rob chistó molesto.
— Ya quisieras… - dijo mientras metía aquel objeto en su mochila.- Veras que traeré una gran presa.
— ¿Un conejo grande?- dijo entre risas.
— No. Algo como un ciervo lunar… o uno oso negro…
— Pff….- iba a continuar burlándose de él cuando una chica de cabello trenzado se apareció por detrás.
— ¿Ya estás listo, Rob?
— Por su puesto.- se echó la mochila al hombro y dijo.- Ya veras, traeré tanta carne que comerán todos en la Abadía.
— Eso espero tonto,- le dio un golpe en el hombro a modo de despedida.- Cuídate.
— Tu también.- empezó a caminar en dirección a la salida junto con sus compañeros pero se volteo y le grito una última cosa.- ¡Y trata de no meterte en problemas mientras no estoy!
— ¡Claro que no, tonto!
Y así los aspirantes a cazadores se fueron.
Clara y las demás sirvientas volvían a la cocina cuando se encontraron con un panorama extraño en el patio delantero. Los sacerdotes y magos que normalmente tenían sus clases por separado en la capilla y en la biblioteca ahora estaban juntos dispuestos frente a una especie de orbes transparentes en los que dirigían la palmas de sus manos y emitían magia en su interior. Desde atrás la señora Anna Connors se asomaba e iba tomando notas de cada estudiante con ojo crítico.
— Y recuerden.- Dijo el mago Andrew que se paseaba por el frente acomodándose el monóculo.- El flujo de magia debe ser constante durante las 2 horas que dura esta prueba. Si emiten poco el orbe se volverá negro y tendrán que volver a empezar. Y si emiten mucho poder mag….- de repente una explosión se oyó en toda la Abadía. Clara miro en la dirección de la que provenía el estruendo y se encontró con Katarina en el centro de la acción. Al parecer su orbe mágico explotó en mil pedazos. El Archimago suspiró pesadamente al ver la escena. – Y si emiten mucho poder mágico de golpe pasa eso…
— Cómo lo siento señor Collins,- dijo muerta de vergüenza.- Yo… pensé que estaba colocando la cantidad adecuada…- A sus espaldas las demás magas estaban riéndose y burlándose de ella, entre ellas Tina Cromwell y sus amigas lamebotas.
— Tranquila señorita Petrov, es debido a que usted tiene demasiado poder mágico y no sabe regularlo bien…
— Mandaré traer el otro orbe, si te parece bien Andrew.
— Por supuesto mi señora.- Dijo galante el viejo.
— ¡Marie!- Llamó a la bibliotecaria.- Trae el orbe principal.
— Sí, señora.
— ¡Y ustedes, sirvientas!- Grito la señora Connors.- Dejen de husmear y Traigan escoba para recoger los restos de orbe.
— ¡Si señora!- gritaron temerosas y se marcharon.
Clara fue la más rápida y fue la primera en volver para limpiar los restos de vidrio y colocarlos en una bolsa, mientras lo hacia uno de los fragmentos le cortó el dedo.
— ¡Auch!- El dedo comenzó a sangrar.
— ¡Clara!-dijo Katarina agachándose junto a ella.- ¿estás bien?
— Si solo es un pequeño corte.
— Que suerte tienes de estar entre tantos sacerdotes, de seguro alguno te sanará.
Anna la miro de reojo y dijo.
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Editado: 13.04.2026