Mientras Clara se dirigía al pozo noto que había un tumulto de gente en el campo de entrenamiento, se acercó curiosa y se encontró con 2 reclutas luchando dentro de un círculo marcado en el suelo. Ambos tenían armadura aunque sus armas eran de madera, pero se lanzaban ataques muy potentes.
— ¡Recuerden, el primero en asestar un golpe mortal pierde! ¡Y si salen del circulo también!- Gritó el capitán O´Conell mientras caminaba alrededor.- Están prohibidos los golpes bajos, si lo hacen están descalificados.
Los demás reclutas estaban alrededor de ellos, arengando por uno u otro. Clara se sintió curiosa pero estaba en duda de si acercarse o no.
— Buen día señorita Harding,- quien le hablo fue el señor Arthur Turner que apareció de repente por detrás sorprendiéndola.
— Oh buen día señor Turner, - hizo una leve inclinación de cabeza.
— ¿usted también viene a ver?- Señalo a sus otras compañeras sirvientas que estaban entre la multitud, las mismas que ella creía estaban trabajando.- estamos teniendo unos combates de prueba, paladines contra guerreros.
— Ah ya veo…- dijo mirando a sus compañeras, entre ellas Lucy, charlando y riendo con los demás guerreros. De seguro están coqueteándoles.- No sé si deba, señor.
— No te preocupes, observar un poco no te hará daño, ven te hare un lugar para que puedas ver.
Tentada de ver la acción Clara se acercó también. Vio como un joven guerrero arremetía con su espada contra el escudo mágico de un paladín, ambos combatientes intercambiaban ataques constantemente, pero en un momento la vista se le desvió al Capitán, quien estaba de brazos cruzados analizando el combate. A Clara le pareció que su cabello estaba más largo y que los mechones que le caían sobre la frente le quedaban muy bien. Hasta empezó a pensar que era bello.
Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo se sintió tonta. ¿Cómo iba a gustarle ese tonto capitán sin modales, grosero, gruñón y severo? Estando rodeada de tantos hombres jóvenes y atractivos no podía estar fijándose en ese tonto cabeza de tomate… Mientras pensaba esto el ojo del capitán se posó en ella, sus miradas se cruzaron un breve instante. Clara al sentirse en evidencia desvió los ojos a los jóvenes que combatían nuevamente.
— Por cierto, señorita Harding…- volvió a hablarle Arthur.- De casualidad el nombre de su padre es Ernest.- Clara abrio los ojos de par en par y miro direcamente al instructor de paladines.
— Sí, así es.- el hombre sonrió.
— Tal y como lo sospechaba, al oír su apellido tuve una leve sospecha, y luego del incidente de la cuchara la sospecha fue más fuerte, ahora veo que no estaba equivocado.- Clara miraba sin entender al canoso hombre.- Su padre es un hombre muy fuerte, señorita Harding, las anécdotas de sus hazañas lo anteceden.
— ¿Usted conoce a mi padre?
— Así es, tuve el honor de servir con él en algunas misiones.
— Oh vaya, no tenía idea señor.
— Seré curioso…- dijo el hombre inclinándose un poco hacia ella.- ¿Por qué no se ha unido usted también a la milicia, señorita?
— ¿Eh yo?- dijo sorprendida.- Bueno pues no me lo había pensado… pero aunque quisiera mi padre no me lo permitiría… él es muy protector y no quiere que me haga daño.
— Ya veo, es un pensamiento natural de todo padre.
— Supongo que sí.
— Tal vez él no me recuerde, pero envíele mis saludos la próxima vez que lo vea.
— Le prometo que así lo haré, señor.
— Deme su mano,- dijo señalando la mano herida, Clara obedeció ofreciéndole la mano boca arriba. El anciano hombre extendió su mano a unos centímetros de distancia y emitiendo una tenue luz cubrió la herida, Clara sintió como la piel se tensaba y el dolor desaparecía lentamente, la estaba curando, pero a diferencia de la vez que la sano la Señora Connors la magia de Arthur se sentía cálida y agradable.- No puedo permitir que le quede cicatriz, a su padre no le gustaría.- Cuando acabó Clara observó si mano asombrada y regalándole una sonrisa dijo.
— ¡Muchísimas gracias seño….
— ¡Hey! ¡Sirvientas!- El que hablo era O´Conell, tenía el ceño fruncido y la boca torcida.- ¿Qué demonios hacen aquí? ¿No deberían estar trabajando?- Las compañeras de Clara se asustaron y huyeron del lugar, pero O’Conell ni las miró, a la única que veía era Clara. Esta chistó molesta y dirigiéndose a Arthur habló.
— Con su permiso señor, le haré caso al gruñón del Capitán.- Esto ultimo lo dijo lo suficientemente fuerte como para ser oido por el susodicho. Arthur rio mientras que el pelirrojo ardió en ira.
— ¿Qué dijiste Harding?- Clara se marchó dejando al Capitán con la palabra en la boca y este chistó molesto.
Mientras se distraía viéndola marcharse a ella y las demás sirvientas. Uno de los combatientes aprovecho o golpear en la nariz a su oponente, este se llevó las manos a la cara adolorido y aprovecho a darle el golpe ganador.
— ¡Señor!- grito en el suelo, O’Conell se volteo y levanto la mano de su compañero.
— Tenemos un ganador.- Unos arengaron al ganador y otros se quejaron, comenzando así una discusión por la distracción de O’Conell que se suponía era el que arbitraba el encuentro.
Arthur se acercó al joven en el suelo y lo sanó mientras decía a Ethan.
— Debes relajarte, no estaban haciendo nada malo.
— Distraen a los reclutas…. Y parece que también a ti.- dijo en tono serio que sonó más a reclamo que a observación.- Los reclutas alrededor se quedaron callados y atentos a lo que hablaban sus superiores.
— No veo lo malo en tener una charla agradable con una jovencita.- Dijo Arthur poniéndose de pie. – Por lo contrario distraerte durante el duelo es más severo, - señalo al joven que declaro ganador- Fue falta grave, esta descalificado.
Ethan chistó molesto, no podía alegar nada. Los amigos del joven que estaba en el suelo se acercaron a felicitarlo mientras él Se alejó frotándose el parche mientras gritaba.
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Editado: 13.04.2026