El almuerzo de ese día fue más extraño de lo de costumbre puesto que de las vigas del techo colgaban dos adornos muy particulares: dos asesinos atados y amordazados se retorcían mientras su instructor los colgaba de los calzones.
— Se los advertí. Debieron haberse escondido mejor…- dijo al terminar de colgarlos y se marchó del comedor no sin antes dedicarle una mirada filosa a Clara que estaba sirviendo la comida y a Rodolph que estaba en una de las mesas, tragando grueso.
Habiéndose marchado su maestro se acercó a la sirvienta que asusto cuando salió de la bolsa y le pidió numerosas veces disculpas y luego dirigiéndose a Clara llevo la mano al pecho y exclamo.
— Estoy en deuda con usted, señorita Clara, - se acercó, tomo su mano y procedió a besarla.- A partir de ahora soy su humilde servidor, lo que usted me pida y este en mis manos lo hare realidad.- Todos los estaban viendo, Clara se puso de todos los colores.
— No fue para tanto…- En ese preciso instante entra el capitán O´Conell al comedor, ve la escena y frunce el ceño, Clara temió ser regañada por lo que retiró rápidamente su mano de entre las de Rodolph y se excusó.- Luego seguimos hablando, con su permiso.- Y se escapó a la cocina.
Durante la tarde Clara continuó con sus labores, y habiendo tenido un poco de tiempo libre decidió sentarse a practicar su bordado en el patio, en un pequeño tronco que estaba junto a la muralla. En su mente el bordado era una actividad relajante y que la conectaba con su madre a quien siempre extrañaba. Mientras elegía el diseño y escogía entre los pocos colores de hilos que tenía observaba a los guerreros y paladines luchar de lejos. Esa actividad también la relajaba. En algunas situaciones su padre entrenaba en el granero. Usaba un grueso tronco de árbol como destinatario de sus temidos golpes de puño, ella lo imitó varias veces porque le gustaba descargar su ira golpeando, pero a pesar que le pidió que la entrenase él nunca accedió. Decía que no quería que se haga daño, que sus manos debían permanecer sanas para que el día de mañana pueda casarse y lucir un reluciente anillo. Pero lo que no entendía su padre es que ningún hombre se fijaba en ella. Apenas se daban cuenta de su fuerza innata se alejaban. Y es que nadie toleraba que una mujer sea más fuerte que un hombre. Mientras pensaba en ello alguien se le acercó.
— ¿Puedo hacerte compañía?- Era Rebecca.
— Por su puesto.- le hizo lugar corriéndose a un lado del tronco y la joven de cabello negro se sentó a su lado, saco una de las pequeñas muñecas que ella cosía de su delantal y comenzó a coserla junto a ella.
— ¿Puedo preguntarte algo?
— Sí, claro.
— ¿Te gusta mi hermano?- Clara recordó la escena de esta mañana y un escalofrió lo recorrió la espalda, la idea de relacionarse siquiera con ese tipo le generaba rechazo, sin darse cuenta estaba arrugando la nariz en un claro gesto de desagrado.- Rebecca rio bajito.- Ya veo, disculpa por preguntar algo así, es obvio que no.
— Lamento si te molesta.
— Para nada. Aunque reconozco que me gustaría que mi hermano encuentre pareja al fin y llevarme tan bien con ella como me llevo contigo.
Clara trato de imaginar a una persona que tolerase al sádico y malicioso instructor de asesinos, pero solo pudo imaginar alguien de su misma calaña. Omitió comentar nada al respecto y cambiaron de tema.
Por la noche, mientras servían la comida, notó que muchos de los reclutas la miraban y cuchicheaban, supuso que sería por la fama de su mal carácter por lo que no le dio importancia, sin embargo Katarina la miro desde lejos y le dijo con señas que esa noche iría a verla a su cuarto, Clara sonrió y asintió.
Habiendo acabado sus labores se apresuró a la habitación, Rebecca le había comentado que tardaría en volver ya que iría a buscar hierbas medicinales, así que tendría tiempo de hablar tranquila con su nueva amiga maga.
Estaba acomodando algunas cosas cuando oyó que golpeaban la puerta reiteradas veces. La abrió y se encontró efectivamente con Katarina.
— Bien, -dijo entrando a la habitación confianzudamente y sentándose en la cama.- ¿con cuál de los 4 estas saliendo?
Clara puso ojos de huevo frito.
— ¡¿Qué rayos estas diciendo?!- exclamo mientras cerraba la puerta.
— Hay muchos rumores sobre ti en la Abadía, amiga.- Katarina se cruzó de piernas y continuo diciendo.- Cada rumor es con un tipo distinto. A Clara se le hizo un nudo en el estómago.
— ¡En mi vida salí con alguien, ¡¿y ahora resulta que salgo con 4 tipos?!- dijo casi gritando a lo que su amiga trato de calmarla.
— Hey, hey, tranquila, yo solo te digo lo que me enteré en los rumores.
Clara tomo aire, lo retuvo un par de segundos y dejo salir lentamente para calmarse.
— Está bien, tienes razón, lo siento. – se sentó en la cama de Rebecca.- Cuéntame.
— El primero que oí fue que salías con uno de los cazadores,- Clara alzo una ceja,- uno flaco, de cabello castaño, tengo entendido que primero fue guerrero y se cambió la clase…- Clara relajó el rostro.
— Ah… ese es mi primo, Roberth, sé que no nos parecemos mucho pero somos primos hermanos, nos criamos juntos porque nuestras granjas son cercanas y nos tratamos con confianza.
— Tal vez por eso comenzaron los rumores… de hecho oí que te engañaba con otra de las cazadoras.- su amiga liberó una carcajada.
— Es la chica que le gusta, Erika. No podría estar más feliz de que ese tonto al fin tenga novia. Ese rumor no me afecta, naturalmente verán que somos familia.
— Me alegra oír eso…- se acomodó un poco más y siguió hablando.- el siguiente rumor es que sales con el Capitán.
— Pfffff…- dijo riendo.- ¿el capitán? ¿En serio?
— No te rías, yo también lo pensé al principio.
— ¿Qué? Pero si nos llevamos mal, cada vez que me ve es para regañarme.
— Cualquiera pensaría que son un matrimonio hecho y derecho cada vez que se los ve discutir.- Clara se ríe.
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Editado: 13.04.2026