Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 14: Desafío

Al día siguiente, cuando los aspirantes volvían de su rutina de correr alrededor de la Abadía lo hicieron más bulliciosos de lo normal.

¿El motivo?

Panfletos clavados en numeroso arboles alrededor de la misma.

Clara, curiosa, recogió uno que dejaron caer y leyó.

“¡Gran inauguración! ¡Taberna El barril indomable¡
Cerveza artesanal y la mejor comida acompañadas por los mejores bardos de Athenas.”

Estaba agradecida que con este nuevo evento los rumores acerca de ella se olvidaran, sin embargo La pregunta que importaba es…

¿El capitán permitirá que salgan los reclutas?

No paso mucho para que alguien lo comentara en el almuerzo y su reacción no se hizo esperar.

— ¡Ha! Por supuesto que no irán.-Todos se quejaron.

— Oh vamos Capitán,- insistió George, quien se nombró representante de los reclutas. Hemos estado trabajando muy duro, necesitamos una distracción… - Todos tras él asentían.- Aunque sea los fines de semana.

— ¿Trabajando duro? ¡No me hagas reír! Apenas quito el ojo de encima están holgazaneando y evitando ejercicios. Claro que no los dejaré ir.

— ¿Y si corremos más vueltas alrededor de la Abadía?- sugirió, pero inmediatamente sus compañeros comenzaron a quejarse.- Bueno chicos, estoy tratando de negociar.

En ese instante entró Killian Anderson con uno de los carteles en mano.

— Ethan,- llamo a su amigo y éste volteo a verlo, le enseñó el papel y dijo,- Ya tenemos donde ir a beber, ¿vamos el fin de semana?

— Dalo por hecho.

En seguida los reclutas se quejaron y abuchearon.

— ¿Por qué ustedes pueden ir y nosotros no? ¡No es justo!

— La vida nunca es justa, señores…- Killian, desde atrás rió maliciosamente, disfrutando de aquella arbitrariedad. George se puso de pie y exclamó.

— ¿Porque no luchamos, Capitán?- dijo tronándose los nudillos.- Y si gano nos dejara ir a todos.

— ¡Ha! Ni tú ni nnguno de ustedes esta a mi nivel como para que un duelo pueda ser justo, o acaso no recuerdas lo que paso con Langley… Es aburrido tener un duelo en el que se sabe ya el resultado.- Los reclutas tragaron grueso. Sin embargo el Capitán O´Çonell se llevó una mano al mentón y meditó unos momentos, de repente las comisuras de sus labios se elevaron y mostro los dientes. Todos temblaron.- Creo que si hay un desafío que podría ser interesante.- dijo a viva voz y todos se callaron para oírlo.- Si alguno, quien sea, es capaz de derrotarme en una pulseada le permitiré ir.

En seguida la muchedumbre enloqueció.

— No perdamos tiempo entonces.- dijo Ron, el aspirante a Paladín mas fuerte hasta el momento mientras se arremangaba la camisa.- tengamos una pulseada ahora mismo.

Apoyando bruscamente el codo en la mesa frente a él sacudió los platos y volcó un poco de la comida en el suelo. Fue entonces que desde la cocina se oyó la voz de Clara.

— ¡Si van a hacerlo aquí… - todos voltearon a verla, llevaba el delantal el cabello recogido y una escoba en la mano.- entonces se tendrán que quedar a limpiar todo lo que ensucien! ¡Y si rompen las mesas tendrán que arreglarlas!

En seguida O´Conell se llevó la mano a la cara y la deslizo hacia abajo, mientras murmuraba hastiado.

— Me fui de casa para no tener que oír ese tipo de regaños… y aquí los oigo de nuevo.- Suspiro sonoramente y luego grito- De acuerdo muchachos, aquí no. Vamos fuera, hay un lugar más adecuado.

Y poniéndose de pie salió del comedor seguido de casi todos los reclutas dejando sus platos a medio comer en la mesa. Las únicas excepciones fueron la señora Connors y alguno de los sacerdotes más afines a ella, quienes consideraban las muestras de fuerza como algo grotesco y carente de elegancia alguna. Las sirvientas, en cambio, morían por ver ese acontecimiento por lo que salieron por la puerta de la cocina hasta la parte trasera de la Abadía, el sector donde solían tender las ropas y lavar. Allí se encontraba la raíz de un viejo árbol de roble que habían intentado talar para construir la muralla, pero ante la imposibilidad de quitar la raíz decidieron dejarlo y desviar un poco la muralla. El tronco tenía un corte limpio y recto, perfecto para auspiciar de mesa en las pulseadas.

Los dos contrincantes se posicionaron frente a frente y apoyaron los codos. El señor Arthur oficio de juez y sosteniendo las manos de los hombres hasta que estuviesen quietas dio la señal de comenzar.

De repente se oyó fue un golpe, seco y brusco, seguido de lamentaciones y quejas de los aspirantes.

El Capitán se irguió satisfecho.

— ¿Alguien más quiere intentar?- se jactó alzando su brazo derecho.

— ¡YO!- Grito George. Aunque su amigo Niko quiso detenerlo este se acercó al tronco del desafío.

— Dannors. Por fin ha despertado su instinto de lucha.

— Tengo una buena motivación: beber cerveza!

Ambos hombres estaban sumamente concentrados: en un comienzo el Capitán dominaba la situación pero de a poco los brazos comenzaron a inclinarse al lado de George. La turba enloqueció al ver esto y continuaron alentándolo con más fervor. Sin embargo O´Conell apretó los dientes y dio vuelta la situación haciendo chocar el dorso de su mano en la mesa.

Sonidos de decepción en la multitud daban a entender a las sirvientas, que llegaron tarde y estaban hasta el fondo, que el favorito de los reclutas había perdido. Luego de eso unos reclutas mas lo desafiaron, el Capitán aprovechó para mofarse de ellos largo y tendido hatsa que se canso, los reclutas le pidieron volver a intentarlo el dia siguiente, Ethan se puso de pie y dijo.

— Solo aceptaré 10 desafíos por día. De lo contario me tomará todo el día enfrentar a cada recluta y perderíamos tiempo valioso de entrenamiento. Elijan bien a sus representantes, señores…

Mientras todos volvían al comedor los reclutas comenzaron a elegir a los contrincantes de cada día, tenían 5 días antes de la gran inauguración y Clara tenía la misma cantidad de tiempo para ir a la taberna antes que volviera su primo. La idea era simple, que los más fuertes desafiaran primero al Capitán y cansarlo, para que a lo último llegue George, quien estuvo más cerca de todos de derrotarlo, y lo venza.




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