Lentamente la bestia empezó a acercarse, primero asomo el hocico de entre la oscuridad, provisto de numerosos colmillos afilados, luego la cabeza y el resto del cuerpo quedo revelado. En altura era del tamaño de una persona, y mediría 2 metros y medio de largo, tenía un pelaje largo grisáceo y en la punta de las orejas y patas el color se volvía más oscuro. El huargo miraba a Clara y Ethan como si fueran dos bocadillos de media noche.
Y no era el único.
Varios ojos rojizos empezaron a aparecer detrás de él, a los costados e incluso de tras de los intrusos humanos. Estaban rodeados.
— Demonios…- murmuró el guerrero.
Para un soldado común un huargo era un desafío enorme, no era el caso de Ethan que podía destajar con facilidad a uno de ellos, pero una manada… esa sí era una dificultad enorme, incluso para un soldado de elite. Los huargos atacan en manada, se especializan en asechar a sus víctimas, acorralarlas y atacar uno tras otro hasta provocarle la muerte. No daban respiro y cada uno de sus ataques son mortales. Para empeorar la situación estaban en su guarida, por lo que serán más agresivos si tienen crías a las que proteger.
— ¿Qué hacemos?- pregunto Clara que no hacía más que ver de un lado a otro y contar huargos, ya había sumado 11 pares de ojos con sed de sangre.
— No nos dejarán ir, hay que luchar, Harding.- Clara Tragó saliva.- Así que, aunque me odies tendrás que unir fuerzas conmigo.- Ella chistó.
— De acuerdo.- Miro el suelo y tomo el hueso más grande que encontró, el tamaño era poco más grande que su antebrazo y en el extremo tenía una bola, sería el fémur de algún reno u otro animal grande al que cazaron. Se defendería con eso. Después de todo, si lo dejaron ahí es porque con sus colmillos no fueron capaces de partirlo.
Poco a poco las demás bestias comenzaron a acercarse más pero no atacaban, parecía que los querían acorralar. Clara y Ethan fueron retrocediendo hasta que sus hombros chocaron.
— No te separes de mi.- dijo el capitán poniéndose en posición de batalla.- Yo te protegeré.
— Descuide,- también se puso en una poción de lucha,- le cubriré la espalda.
Ethan se sorprendió que le esté diciendo eso, comúnmente al estar en situación de peligro las damas se limitaban a gritar como locas y chillar, luego quejarse porque su vestido se ensucio o se les hizo tarde para ir a una tarde de té con masitas.
Quería voltearse y preguntarle ¿qué había dicho? Pero entonces el primer huargo se abalanzó sobre él. Ethan blandió su espada y le partió el pecho de un tajo y el animal cayó al suelo sin vida. En seguida vinieron dos a atacar Ethan optó por el de la izquierda que estaba más cerca proporcionándole un corte al igual que el primero, y cuando fue a atacar al otro vio como Clara le dio un golpe tan contundente en la mandíbula que el pobre animal cayó al suelo chillando como un perro al que patearon, de seguro le partió la mandíbula.
Ethan volteo a verla un segundo, aun sujetaba el enorme hueso ensangrentado con ambas manos, se acercó al huargo herido y volvió a golpearlo con el hueso, esta vez en la cabeza salpicando sangre y sesos al rededor, de inmediato el animal dejo de moverse. Ella lo miró porque se había quedado quieto en medio de la lucha.
— ¿Qué?- Pregunto enojada.
— No nada.- dijo y volvió a concentrarse en los enemigos que venían.
Uno tras otro fueron derrotando a los canidos que se abalanzaban, no tenían respiro. Mientras tanto el líder de la manada acechaba entre las sombras de los árboles. Esperaba el momento adecuado para atacar.
De un momento a otro los animales cambiaron el patrón de ataque. Ya no se lanzaban a atacar sino que un grupo de 5 huargos gruñían desde una distancia a la que las armas de sus oponentes no los alcanzaran. Clara, agitada y con manchas de sangre en el rostro no entendía lo que veía.
— ¿Qué paso? ¿Por qué dejaron de atacar?
— Estamos en un punto muerto, - dijo Ethan,- si atacan los mataremos, si atacamos nosotros nos mataran.- Clara chisto molesta, y de pronto una idea vino a su mente.
— ¡Oiga!- dijo de repente.- ¿Y por qué no hace ese ataque que hizo en el duelo contra los reclutas?
— ¿El torbellino sangriento?- Clara asintió y Ethan, sin apartar la vista del frente contestó.- ¿quieres que te dañe a ti también, tonta? Ese ataque se realiza cuando estas rodeado de enemigos, no de aliados.
— Entonces me alejaré.
— ¿Qué demo… - Ethan giro la cabeza para verla pero tuvo que volver la vista de inmediato porque un huargo quiso aprovechar su descuido y avanzo, al volver la vista retrocedió. - ¡No te atrevas Harding! Es peligroso, aún no sabemos si hay más huargos entre las sombras. Y aun no apareció su líder de la manada…
— No nos quedaremos a esperar que venga, ¿o sí?- Apuntó con el enorme hueso hacia el huargo que estaba más a la derecha y le lanzo el proyectil con tal puntería que se le clavó en el ojo, el animal se retorció de dolor y ella aprovechó para correr en esa dirección mientras levantaba del suelo algún otro hueso más pequeño que el primero pero que le serviría para defenderse un poco al menos.
— ¡Estúpida mujer!
Ethan comenzó a lanzar un ataque tras otro al aire y conforme fue tomando velocidad comenzó a caminar hacia el frente, los huargos presintieron que estaban en peligro y comenzaron a retroceder pero el torbellino sangriento de igual forma los alcanzó y terminaron en un charco de sangre y cortados en pedazos alrededor de Ethan. Al terminar su ataque Ethan limpió su espada con un movimiento rápido y en seguida busco con la vista a Clara entre la oscuridad, las copas se movieron con el viento y filtraron un poco de luz lunar y ahí pudo verla, no estaba muy lejos, de alguna forma se las arregló para deshacerse del ultimo canido y ahora resoplaba agitada sobre el animal sosteniendo un hueso ensangrentado sobre el hombro.
De inmediato le recordó a una estatua de la diosa de la guerra que tenían en su antigua casa cuando era niño. La había mandado a hacer uno de sus ancestros, nadie sabía bien quién era esa mujer, solo conocían el nombre de la estatua porque estaba tallado en la base de la misma. Ethan creía que no podía existir mujer más hermosa que esa, se había enamorado de aquella figura de mármol que se erguía sobre un dragón atravesado por una lanza y se había jurado encontrar a esa diosa y casarse con ella… obviamente cuando creció se dio cuenta que aquella estatua era una representación, que la diosa de la guerra no tenía forma física como tal y desechó aquella tonta ilusión de niño. Pero al ver la figura erguida de Clara luego de la lucha supo que, si la diosa de la guerra fuese de carne y hueso, de seguro seria ella.
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Editado: 01.05.2026