Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 18: Sanación

Ethan corrió tan rápido como pudo en dirección a la Abadía cargando a Clara malherida. Ella permanecía consiente aun. Con una mano sujetaba la tela contra la herida como él le había ordenado y con la otra se aferraba a la camisa de él.

— Me due… le mucho.- murmuró con apenas energía.

— Sí lo sé, tranquila, en seguida la señora Connors te sanará.- A Clara se le encogió el pecho, recordó la advertencia que le había hecho la mujer la primera vez que hablaron y como se negó a curarla cuando se cortó con el orbe. Sabía que a esa anciana no le agradaba.

— No me querrá sanar, porque soy una tonta,- comenzó a llorar compungidamente.- tonta, tonta, tonta.- Ethan se sorprendió.

— ¿qué? ¿por qué estas llorando de nuevo?

— Porque soy una tonta…- contesto mientras escondía su rostro en el pecho de él.

— Bueno no voy a negar eso….- Quiso bromear pero como resultado Clara comenzó a llorar aún más fuerte. Ethan trató de calmarla.- Pero también eres la mujer más valiente que conozco.- Clara aminoró su llanto.- ¿sabes? No cualquiera le planta cara a una manada de huargos, y menos armada solo con un hueso.- Clara aparto un poco el rostro de su pecho para mirarlo.

— ¿De verdad?- Él aparto la mirada del camino solo para comprobar que la mirada que le daba era similar a la de una niña a la que le gustan los elogios. Le pareció tan tierna su actitud que le sonrió antes de volver la vista al frente.

— ¡Por supuesto!- dijo exagerando en el tono,- Tenías que verte luchando, parecías la mismísima diosa de la guerra, matando bestias a diestra y siniestra. ¿no has pensado unirte a los guerreros?- dijo sin pensárselo mucho, buscaba que ella siga hablando y asegurarse que permanezca consiente.

— Ha… ¿Yo? ¿una gue…guerrera?- dijo extrañada.

— Claro que sí, no hay muchas, pero ha habido grandes guerreras y paladinas en la historia, con un poco de entrenamiento podrías llegar a aprovechar ese potencial que tienes.- Sin notarlo Clara fue aflojando la presión en la herida, casi no le quedaban fuerzas.

— Eso… sería divertido…

— ¡Claro que lo es!- dijo mientras divisaba a lo lejos la Abadía y apresuraba un poco el paso.- ¡Golpear y cortar enemigos siempre es divertido!- Clara rió un poco sin energías, sentía que estaba soñando.- Se te daría bien un hacha o una lanza para atacar a distancia. Aunque muchas mujeres usan un estoque y… - Ethan seguía hablando aunque ella casi no lo oía, solo sentía el escalofrió de la muerte recorriéndole el cuerpo.

— Ten…. Tengo frio…- murmuró.

— Ah lo lamento, te traía tu capa y la deje colgada de un árbol del bosque. Luego te compraré otra, una mucho más linda ¿de qué color la quieres?- Pero Clara ya no lo oyó, su brazo cayó al costado y el capitán se sobrecogió. Comenzó a sacudirla gritando.- ¡No Harding, no te desmayes aun, ya estamos cerca de la Abadía no ves!- pero ella no respondía.- ¡Demonios!

Apresuro su marcha y al llegar al portón del antiguo monasterio lo abrió de una potente patada y comenzó a gritar.

— ¡Señora Connors! ¡Hay una persona herida!

La mujer mayor se asomó desde dentro de la capilla alertada por el griterío. Afortunadamente no se había marchado a dormir, estaba en sus horas de oración. Al ver a Ethan con la muchacha le ordenó.

— Tráela aquí, de inmediato.- El guerrero obedeció.

Quito las velas que estaban sobre el altar y le pidió que la colocara allí, él la depositó con cuidado y al revisarla Anna no pudo evitar ahogar un grito. La sangre era tanta que había manchado no solo sus ropas sino las de Ethan y el altar también. Preocupada de que ya sea demasiado tarde se limitó a apoyar las yemas de los dedos en el cuello y sintió un débil pulso bajo la piel, aun había tiempo. De inmediato extendió sus manos sobre ella y numerosos hilos de luz se proyectaron hacia las heridas, entrando en la carne.

— ¿Está bien?- preguntaba Ethan preocupado.- ¿Va a salvarse?- Anna frunció el ceño.

— Tiene 3 costillas y la clavícula rota, el esternón fisurado y una de las venas principales del cuello rota por la que perdió mucha sangre. – Todo aquello era mala señal, Ethan tragó grueso.- ¿Me puede decir que demonios le paso?

— Nos atacaron una manada de huargos en el bosque…- Anna lo miro de reojo.

— ¿Qué demonios hacían en el bosque ustedes?- Ethan abrió la boca para responder pero Ana lo interrumpió inmediatamente.- Ya se, ni me lo digas, ambos apestan a alcohol.- Ethan se volvió a su ropa y si, efectivamente apestaba al grog de frutas que Clara le había arrojado.- Estos muchachos imprudentes de hoy en día, solo piensan en una cosa…

— No es lo que está pensando, señora Connors.- dijo tajante Ethan para evitar que siga hablando.- no es eso en absoluto. Lo que ocurre es que discutimos por lo del torneo de pulseadas y ella no quería darme la revancha entonces…- La anciana volvió la vista a la herida.

— Como sea…no es como si me importara.

— Pero si usted me pregunt…

— Ag, ya cállese, me desconcentra!- señalo con la cabeza la salida.- Vaya a buscar Dorothy para que limpie todo esto. Es más útil haciendo eso.

Sin más que hacer o decir Ethan se retiró lentamente. Aunque estaba preocupado por la muchacha sabía que no había en Athenas mejor sanadora que esa mujer, si ella no la salvaba nadie podría hacerlo.

El clan Connors era conocido por su habilidad en la manipulación de la magia de luz. Especialmente Anna desarrollo una técnica para sanar a varias personas a la vez con sus hilos de luz que la hacían indispensable en el campo de batalla y con ello el apellido Connors escalo a las grandes esferas de los elite en el Reino. Pero cuando su yerno ganó el torneo de los 3 dioses la capital la dejo de lado, le quito el título de Suma Sacerdotisa, se lo dieron a él y la enviaron a este recóndito lugar a fundar una escuela de sacerdotes para el reino. Ella obedeció pero nunca más volvió a confiar en las personas, se volvió amargada y escéptica. Cuando Ethan llego con la orden de fundar allí una escuela de soldados no tardo en destilar veneno por cada cosa que hacía o decía. Después de todo era entendible, la habían dejado de lado y cada vez la degradaban más. Ethan conocía esta historia por lo que siempre trataba de ser cuidadoso para no ganarse su ira.




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