Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 22: Compañera de armas

Al día siguiente Clara ya se encontraba con su delantal trabajando en la limpieza con las demás mozas de servicio. De nada sirvió el sermón del capitán acerca de su cuidado de salud, ella se sentía mejor trabajando que quieta en una cama.

Aunque la mayoría de sus compañeras le corrían la cara porque pensaban que estuvo de haragana fingiendo una gripe, Clara optó por ignorarlas y hacer su trabajo lo mejor posible con las pocas fuerzas que aun tenia, afortunadamente sus amigas Rebeca y Katarina la apoyaban. Particularmente estas dos hicieron muy buenas migas durante su periodo en cama, Katarina venció el miedo y le hablo a Rebeca para preguntar por Clara y se dio cuenta que la sombría muchacha era muy amable, fue así que noche tras noche se reunían a charlar.

Robert era otro cantar. Luego de despertar se dirigió a buscar a su prima, un vez que corroboró que ella estaba bien comenzó a increparla por su imprudencia y le dijo que volviese a su casa en la granja junto a su padre y hermano. Obviamente Clara se negó rotundamente y cuando Rob la quiso sujetar del brazo para llevarla a la fuerza esta le dio una cachetada en la cara. Su primo se enfadó y ya no volvió a hablarle. Solo la mira de lejos con el ceño fruncido.

Por su parte Ethan había retomado los entrenamientos infernales matutinos para los aspirantes. En su ausencia La señora Connors lo reemplazó por oraciones en la capilla y lecturas en la biblioteca lo cual había sido la gloria para las clases más intelectuales, como magos o sacerdotes, pero un infierno para los guerreros habituados al trabajo físico. Más de uno se dormía y recibía un latigazo de luz por parte de Connors o eran obligados a recitar poemas. Los Guerreros le agradecieron al capitán haber retornado a la Abadía solo para no tener que volver a tocar un libro en su vida.

— ¡Vamos inútiles!- les gritaba Ethan mientras hacían las lagartijas.- ¿Un par de días que me marcho y ya se han ablandado? ¿Acaso tengo que aumentar el entrenamiento?

— ¡No señor!

— Pues apúrense, no estaremos todo el día aquí.- Mientras regañaba a sus pupilos observó en la lejanía a Clara que se dirigía al almacén. Sus cejas se juntaron.- Esta tonta…-Murmuró.- ¡continúen con esto, en seguida vuelvo…- Miro a su alrededor, Arthur estaba lejos con los paladines y los demás instructores tambien, vio George que ya había terminado y estaba sacándose los mocos despreocupadamente a un costado.- ¡George!- Este lo miro y se señaló a si mismo preguntándose si se refería a él.- Quedas a cargo, en seguida vuelvo.

El muchacho sonrió de oreja a oreja, y alzando el moco que se había quitado de la nariz comenzó a molestar a sus compañeros acercándoselo mientras bajaban de la lagartija obligándolos a subir nuevamente para alejarse del moco.

Por su parte Clara había ido al almacén a buscar costales de cebollas y papas.

— Malditas estúpidas… “la que está más descansada debería buscar las bolsas”,- las imitaba con voz fingida mientras arrastraba los costales, aun no tenía fuerzas suficientes para alzarlas sobre los hombros como hacia siempre.- “Ya me gustaría a mí estar en reposo una semana entera, vaya que suerte” ¡HA! ¡suerte es que te ataque una manada de huargos en plena noche y sobrevivas! Seguro que ninguna de ellas vive para contarlo… En cambio yo soy fuerte, muy fuerte, hasta fui alagada por el capitán, él me dijo que era como una diosa de la guerra…- se detuvo jadeante por el esfuerzo y revivió mentalmente esa escena, aunque todo fue muy rápido aun podía recordar haber sido cargada por aquel hombre con sumo cuidado, y haber recibido aquel halago…- Diosa…- repitió en murmullo.

La idea que tenia de dioses era la de unos seres poderosos que podían hacer su voluntad allá a donde fuesen, ser llamada así era extraño, pero la llenaba de una enorme alegría en el pecho ya que el hombre más fuerte de la Abadía la reconoció como una mujer poderosa. De inmediato vino el rostro del capitán a su mente, recordó su preocupación cuando la rescato, su rostro de alivio cuando la vio recuperada, su rostro cuando se quedó dormido junto a ella… Era hermoso de ver en cualquier momento.

Pero ¿Por qué estaba pensando tanto en él? Tendría que dejar todo eso en el pasado y seguir como si nada, era inútil hacerse ilusiones con un hombre así. Estaba más que consiente del estatus del capitán, su diferencia de educación y mismo, de su propia belleza. Debería aspirar a un hombre sencillo, un campesino o un trabajador común que la acepte sin muchos miramientos, alguien, quien sea, con tal de que su padre se sienta tranquilo de que su hija estará bien cuando él no esté.

— ¡Ha! ¡Así quería atraparte!- dijo Ethan desde la puerta del almacén haciendo que Clara pegue un saltito del susto y soltara los costales.- ¡Estabas haciendo esfuerzos!

— ¡Capitán!- grito ella sonrojándose, parecía casi a propósito que apareciese justo cuando pensaba en él.- ¿Qué demonios está haciendo aquí? –se agachó para volver a tomar las bolsa. - ¿No debería estar entrenando?

— SÍ, ya dejé a cargo a alguien…- dijo mientras se acercaba y tomaba uno de los costales echándoselo al hombro como si nada.- Llevaré yo las bolsas.

— No es necesario, -dijo- yo puedo perfectamente….- Ethan le arrebató la bolsa que tenía en la otra mano y también se lo echo en el otro hombro.

— ¿Dónde hay que ponerlas?- ignoró totalmente sus palabras. Viendo que no podría hacerlo cambiar de opinión liberó un suspiro y contestó.

— En la cocina.

— Entendido.- Dio media vuelta y salió del almacén. – Clara lo siguió por detrás observando su amplia espalda, ¿por qué la ayudaba?¿ Acaso sentía algo por ella? No , imposible… de seguro es porque…

— ¿Aún se siente culpable?- preguntó y él se volteo a verla.- Ya le dije que estoy bien, usted me salvó así que no tiene por qué seguir ayudándome, no hay ninguna deuda que pagar…

— No lo hago por que sienta una deuda contigo.

— ¿Entonces?- Ethan se quedó pensando un momento. No había meditado mucho cobre la situación, solo actuó porque era una de sus subordinadas y debía cuidarla, pero no quería decirle eso, era una mujer orgullosa y pensaría que la menospreciaba como aquella vez con la pulseada. Así que le contestó.




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