Clara y Rebecca lavaban los trastes del desayuno cerca del pozo, mientras una fregaba la otra enjuagaba. De fondo estaban los asesinos, agotados, tratando de atacar al capitán O’Conell, ya quedaban unos pocos minutos y el mayor seguía intacto.
Sus movimientos estaban desprovistos de la agilidad y rapidez que tenían originalmente, ahora eran bruscos, predecibles y hasta torpes. El capitán O´Conell los repelía con igual de facilidad mientras sonreía burlonamente, aunque también se lo notaba cansado.
— Debe ser frustrante…- comentó Clara mientras volcaba agua en los platos y los apilaba en un fuentón de lata junto a los otros utensilios limpios.
— Seguramente. – contestó Rebecca mientras le pasaba otro plato lleno de jabón.- Pero estoy segura que, si Killian les encargó esa tarea, ha de ser porque cree que alguno la puede realizar en verdad.- Clara tomo el plato y volvió a ver a los aspirantes agotados, entre todos ellos hubo una que casi la daña en pos de cumplir su objetivo. Eso la hizo pensar que ese grupo de asesinos no tenía ni valores ni remordimientos, pero también estaba Rodolph entre ellos, ¿acaso él también era así? Por supuesto que no, él era un hombre amable y gentil. A Clara solo le quedaba pensar que eran personas complicadas, pero buenas en el fondo…
Continuaron con su labor a la par que observaban la lucha, Killian apareció en la cima del campanario y saco un reloj de bolsillo, a viva voz gritó.
— Queda solo un minuto para que se cumpla el plazo.- automáticamente los asesinos comenzaron a ser más agresivos, Ethan tuvo que retroceder, aunque algunos yacían inconscientes en el suelo Lana y Rodolph seguían en pie, luchando codo a codo contra Ethan. Los últimos segundos de lucha se volvieron frenéticos y llego un momento en que los cuchillos de Rodolph llegaron a cortar la chaqueta de Ethan, sin embargo antes que pudiera entrar en la carne se oyó una campanada, señal de que había finalizado el plazo. Rodolph y Lana cayeron al suelo respirando agitados.- ¡Se acabó!- Gritó Anderson y descendió del campanario mientras Ethan enfundaba su espada. Se paró junto a su amigo y lo rodeó diciendo.
— ¿Te llegaron a dañar?
— Ni un rasguño.
— ¿Y esto?- señalo la chaqueta rasgada cerca de su hombro. Ethan se la quitó y mostro su brazo sano.
— No fue lo suficientemente profundo.
— Es una lástima.- Saco de entre sus ropas un pergamino que decía recomendación.- Ninguno tendrá esto…- Y lo rasgo en varios pedazos delante de los aspirantes que se mordían los labios.- Vayan a descansar, mañana entrenaremos el doble,- miró a un costado donde yacía tendido uno de los asesinos,- especialmente tú, Draker, practicaras tu puntería.- el pobre se tensó y no pudo más que asentir.
Antes que Killian se fuera Ethan murmuró algo que el asesino experto lo hizo reír y se marchó dejando una estela de humo negro en el lugar.
Ethan, aun respirando agitado dijo.
— Lo han hecho bien, vayan a descansar. – Los reclutas asintieron e incorporándose con dificultad se marcharon caminando lento, cada cual a un lugar distinto.
Ethan estaba molido, era como haber vuelto al Infra, donde oleadas y oleadas de monstruos atacaban sin parar la fortaleza y debían repelerlos, recordaba contar cada minuto para que se termine su guardia y poder descansar. Esta situación era similar, con la diferencia de que debía contenerse de no dañar a los reclutas que estaban a su cargo, lo cual demandaba más de su concentración y pericia. No podía esperar a echarse en su lecho y dormir un po….
— ¡Capitán, eso fue increíble!- Quien lo dijo fue George Dannors.- ¡Ha derrotado a todos y cada uno de esos escurridizos asesinos, fue impresionante!
— Gracias George…
— ¿Cuándo nos tocara a nosotros?- preguntó con el rostro iluminado cual niño en una dulcería.
— ¿Perdón?
— Claro, a los guerreros me refiero, ¿cuál será el día que nos tocara tratar se dañarlo? no puedo esperar a intentarlo!- Ahí estaba el más cabeza hueca de sus estudiantes pidiéndole un día para tratar de matarlo. Penso primero mandarlo a freir rábanos pero se lo ocurrio una respuesta mas ingeniosa...
— Oh claro, eso será el día que caiga un dragón del cielo…- le dio la espalda y puso rumbo a los dormitorios dejando al joven confundido.
Tenía deseos de desplomarse allí mismo y echarse a dormir, sin embargo debía fingir entereza lo más posible, después de todo era un soldado de elite y el Capitán de la Abadía.
Cuando se volteo, vio a Clara acercarse preocupada.
— ¿Se encuentra bien, Capitán?- Era la primera persona que se lo preguntaba, todos habían dado por sentado que se encontraba perfectamente, que sobrevivir todo un día a ataques de asesinos era algo perfectamente normal para su persona.
— Estoy agotado.- Se permitió sincerarse.
— ¿Quiere que le prepare algo?- Le ofreció.
— No. Solo deseo echarme a dormir.- vio su chaqueta rota y se la entregó a la joven sirvienta.- ¿podrías repararla?- Ella la tomo y examino.- Te pagare por supuesto.
— Claro que sí, delo por hecho.
— Perfecto.- Continuó caminando rumbo a su habitación.
— Y gracias, Capitán, por protegerme.- La oyó decir a sus espaldas. Solo alzo la mano y continuó caminando. Solo pensaba en dormir.
Clara sostuvo la prenda entre sus manos con cariño, aun podía sentir su calor emanar, la sostuvo contra su pecho como si fuese un tesoro y no pudo evitar sonreír.
Cuando se dirigía a su habitación a buscar los elementos de costura oyó un estruendo en las puertas de la Abadía, luego otro, y otro después de ese.
Todos se acercaron al gran portón de madera pesada y vieron como una de sus hojas se desplomó hacia el interior. El responsable era un hombre alto, panzón y calvo, con una pata de madera y una cicatriz en el rostro. Llevaba en su mano derecha un guantelete de metal y una mirada de furia incontenible.
Clara se puso pálida.
— ¿Quién demonios es usted? – El primero en llegar fue Borin, el instructor de cazadores, quien lo interpeló apuntándolo con una escopeta.- ¿Qué es lo que busca en la Abadía?
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Editado: 28.06.2026