Me enamoré del Capitán gruñón

Capítulo 29: Recuerdos I

Cada vez que llegaba una carta al inframundo era un evento, puesto que no cualquier cartero se aventuraba a cruzar el portal a aquel mundo extraño y recorrer el trecho hasta la fortaleza. A veces la correspondencia se acumulaba hasta que un valiente se atrevía a cruzar cada 3 o 4 meses. Por eso, cuando Ethan recibió una carta de su padre en el Infra sonrió e oreja a oreja. Esa era una de esas ocasiones raras en la que le respondía.

Sin embargo sus amigos sabían que deberían lidiar luego con el humor de su amigo según el contenido de la misma.

Como no tenían habitaciones individuales sino que dormían todos en un único pabellón con literas muy pegadas una junto a otra, la privacidad era un lujo que no podía darse. Así que se marchó a un rincón poco frecuentado cerca del establo, allí se tendió en el suelo y abrió el sobre con el sello de la familia O´Conell de una espada flamígera en él. Abrió la carta y de inmediato distinguió la letra prolija y elegante de su padre.

Ethan:

He recibido tu carta anterior. Me alegro que estés bien.

Me encuentro bien de salud, Tu madre y tu hermana también lo están.

Tu hermano Huberth ha ascendido a Capitán de la guardia del palacio de Atenas, me llena de orgullo que un miembro de la familia deje en alto el apellido de nuestra casa con sus habilidades de paladín.

Aunque tú no poseas magia procura no avergonzar a nuestra casa y lucha lo mejor posible en la avanzada, si mueres trata de hacerlo con honor.

No es necesario que escribas todos los meses, hazlo solo cuando pase algo importante, como un ascenso.

Firma: H.J. O´Conell.”

El joven guerrero apretó el papel con fuerza. Las palabras de su padre eran duras, carentes de aliento y consideración, pero se aferró a la única línea que le hacía pensar que aún le importaba a su padre, “Me alegro que estés bien.”

Siempre había competido con su hermano mayor por la atención de su padre y siempre había salido perdiendo, al nacer sin poder mágico las horas de entrenamiento con su padre fueron destinadas al mayor, Huberth. En su afán de ganarse el favor de su padre se enlisto en el ejército, entreno duramente con su mentor Arthur, se ofreció a toda clase de misiones peligrosas y cuando fue considerado un soldado de Elite se enlistó voluntariamente en la avanzada al Inframundo, soñado con alanzar un gran rango y así merecer la atención de su padre. Sin embargo parecía que nada de lo que hacía era suficiente.

¿Cuántos monstruos infernales más debía matar para que su padre al fin lo reconociera?

Se levantó del suelo, tomó su espada, busco uno de los muñecos de entrenamiento y se dedicó a despedazarlo con un ataque tras de otro.

— Con que aquí estabas, cabeza de zanahoria.- dijo un muchacho rubio de ojos celestes que se asomaba desde la pared.

— Te dije que siempre viene aquí cuando está deprimido.- dijo otro más alto de cabello negro.

— Yo no estoy deprimido.- dijo Ethan mientras se limpiaba el sudor de la frente con la manga de la camisa.

— Vino una carta de tu familia, siempre que las lees te deprimes.

— ¡Cállate Killian!- grito molesto mientras volvía a lanzar un ataque al muñeco con autor reparación.

— Yo también me deprimo cuando pienso en mi familia, ser un soldado de elite parece no ser suficiente para la Cabeza de la familia Connors… le gusta recordarme constantemente que soy de una rama secundaria y menosprecia mis logros…

— Sí, pero tu padre no prefiere a su hermano que si tiene magia…

— En verdad chicos, los oigo hablar y me alegra ser huérfano.- comento Killian hurgando su nariz.

En ese instante un cuerno se oyó y las puertas de la fortaleza se abrieron, un grupo de soldados entraron montados a caballo, inmediatamente tras ellos se cerró las puertas.

Los jóvenes se acercaron a ver, sorprendentemente la mayoría de los soldados habían vuelto sanos y enteros, lo cual era amucho decir cuando había un avanzadilla. Esa misma tarde el comandante Dannors llamó a una reunión para todos los soldados de la fortaleza.

Dannors era un hombre recio, de palabras duras pero firmes, tenía una pata de palo, muestra de haber dirigido la vanguardia en aquel sitio y lo que lo hizo merecedor del puesto que ostenta.

— El día de hoy el grupo de avistamiento de la quinta guardia de avanzada acabó con los últimos demonios que asediaban el puesto. Dado que los demonios no han enviado refuerzos suponemos que se están huyendo. Así que es nuestro momento de avanzar y ganarles terreno a esos desgraciados. Aunque puede ser peligroso necesito voluntarios para construir un nuevo puesto de avanzada, el sexto, Necesitamos gente que forme una barricada en ese sector esta misma noche, antes que los demonios aparezcan, y luego la defiendan hasta el amanecer cuando enviemos un relevo ¿Quién se ofrece?

De inmediato un grupo de 3 orcos se ofrecieron.

— Aquí, Galgar, me ofrezco.

— Aquí, Krak, lo mismo.

— Aquí, Truck. También.

Era algo habitual, la raza de los Orcos no se lo pensaban mucho.

Sin embargo los guerreros humanos más experimentados dudaban, era muy bueno para ser cierto, parecía haber gato encerrado. Pero un mano se alzó entre la multitud, era Ethan. Sus amigos tironearon de su ropa, tratando de hacerlo desistir, pero el joven hizo caso omiso.

— Yo, Ethan O´Conell, me ofrezco, señor.

— Muy bien muchacho, serás de gran ayuda.- volvió a ver a la multitud.- ¿alguien más?

Otras dos manos se alzaron.

— Aquí, Killian Anderson…

— Aquí… Emillian Connors.- por lo bajo se oyeron unas risas burlonas de otros soldados, Emillian era el único sacerdote del inframundo y lo menospreciaban por sus prácticamente nulas habilidades de pelea.

— Muy bien, ya son 6. ¿Quién más?- Mientras el Comandante Dannors seguía insistiendo Ethan susurro.




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