La carne se abría con cada zarpazo y mordida trayendo consigo el dolor agudo, sin embargo tan pronto como ocurría la magia sanadora la cerraba dejando un leve escozor en el lugar. Así permaneció Ethan y los 15 hombres de la avanzada durante mucho rato sin tener señales de auxilio.
— ¿Lo habrán atrapado?- grito uno de los orcos mientras se defendía de los ataques.- he visto que algunos demonios fueron en su dirección.
— Jamás.- Grito Emillian.- Ese tonto es rápido.
— Además es peligroso cuando está acorralado.- Acoto Ethan.
— ¡¿Entonces porque no viene nadie?!
El robusto tauros se deshizo de uno de los demonios dándole una patada y dijo lo que nadie se atrevía a pensar.
— Puede que el Comandante diera la orden de dejarnos y asegurar los demás puestos para no retroceder.
Ethan y todos los demás tragaron grueso.
— ¡No, no podría, el Comandante nos tiene estima a todos, somos como sus hijos!
— El Comandante tiene la tarea de frenar el avance de los demonios al portal,- dijo con firmeza,- es lo prioritario, la vida de un puñado de soldados no vale arriesgar la fortaleza.
— ¡Mierda!- Jadeó Emillian mientras caía al suelo bañado en sudor.- Mi magia se agota, no puedo seguirlos sanando… debo descansar un poco.
— ¡Ya no reciban daño!- gritó Truck.
— ¡Es fácil decirlo!- contestaron todos.
Pronto la acumulación de cadáveres demoniacos fue tal que el espacio para luchar se había reducido y no podían defenderse bien. Poco a poco los soldados del quinto puesto comenzaron a caer, y aunque Emillian trataba de sanarlos su magia no era suficiente. Se limitó a sujetar su bastón y golpear a cuanto demonio se le acercase, pero se sentía inútil.
— Debemos crear una brecha y huir también.
— De acuerdo intentemos bajar el puente y salir.
Poco a poco se acercaron a las roldanas y desenrollaron las cadenas para que el pesado puente de madera cayera. En el proceso aplastó una buena parte de demonios pero otros tantos cruzaron el puente y se encontraron atrapados en medio, con la fosa llena de estacas afiladas a sus pies. El tauros se sacrificó y embistió una buena cantidad de monstruos para abrirles paso pero los demonios venían como hormigas, llenando el espacio de cada uno que moría. Todo empeoro cuando, en la lejanía, vieron acercarse a un demonio gordo y tres veces más alto que los otros, con 4 brazos en los que llevaba hacha, tridente, espada y escudo y su cabeza, prácticamente fusionada con el tronco llena de colmillos podridos les ofrecía una tétrica sonrisa.
— ¡Ese grandote nos viene a dar la bienvenida, hay que largarnos cuanto antes de aquí!
— Déjenme a mí.- Gritó Ethan.
— No lo hagas, si te alejas no te podré sanar!- Grito su amigo, pero el guerrero ignoró su advertencia, se abrió paso delante de ellos y realizo su técnica.
— ¡Torbellino sangriento!
Las extremidades de los demonios salieron volando a diestra y siniestra permitiéndole a la decena de sus compañeros que permanecían con vida correr en dirección al cuarto puesto.
Pero debido a esto el demonio de cuatro brazos se fijó en él y pasando por encima de sus compañeros demonios y aplastándolos se acercó al guerrero carmesí.
Luego de unos minutos lanzando ataques con el torbellino sangriento los brazos ya cansados de Ethan fueron perdiendo velocidad, respiró agitado mientras veía a sus compañeros correr alejándose.
— Creo que cumpliré tu deseo de morir con honor, padre.- Se volteo dándole la cara al monstruo y exclamó.- ¡por Olimpia!
Y se lanzó al ataque.
El gigantesco demonio lanzo un ataque con su espada y Ethan la detuvo, repelió y respondió con otro ataque potente, sin embargo el monstruo se cubrió con escudo. Volvió a intentarlo una y otra vez, hasta que logro cortarle uno de sus brazos en el que tenía el hacha. El monstruo lanzo un alarido de dolor.
Ethan sonrió Pero en un descuido fue atravesado por uno de los demonios más pequeños que estaban alrededor, desde la espalda. Se volteo y decapito al culpable, pero el daño ya estaba hecho. Cayo de rodillas viendo como la sangre brotaba desde su abdomen y caía al suelo a borbotones.
El demonio mayor lo sujeto con una de sus enormes manos, no pudo zafarse, acto seguido le clavó su tridente en el ojo derecho haciéndolo liberar un alarido de dolor. El demonio rio macabramente, iba a torturarlo cuanto pudiera para vengarse de lo de su brazo, quito el tridente y cuando iba a clavarlo en su otro ojo oyó la voz de su amigo.
— ¡Sol Auroram!- un potente rayo de luz cortó las dos manos de su adversario cayendo pesadamente en el suelo.
Con dificultad se liberó de las garra amputada y volteo a ver, se encontró a su amigo, Emillian, agitado, de rodillas en el suelo junto a él. Estaba rodeado de una extraña luz dorada en forma de domo que los demonios no podían atravesar.
— Eres un tonto cabeza de zanahoria,- su cansancio era evidente.- Te dijimos que no descuides la espalda. – Un rayo de luz salió de su palma y comenzó a sanar la herida de su abdomen que era la más grave..-Maldito tonto siempre acumulando daño y haciéndome trabajar el doble.
— Emil… ¿Qué haces aquí? ¿y los otros?- balbuceo con dificultad.
— El Comandante en persona vino a salvarnos, lo encontramos en el camino, los demás ya están en el cuarto puesto de avanzada, incluso Killian, yo vine a salvarte tonto.
— ¿Qué fue ese ataque? Nunca lo había visto…
— Los Connors tienen unos hechizos prohibidos en un libro familiar, se supone que nunca lo debemos usar, tú no le cuentes a nadie ¿sí?- su amigo liberó una risita.
— Se supone que yo debía morir con honor…
— Pues no dejare que te quedes con el crédito. Ese será mi papel hoy.
— ¿Qué dijis…- Ethan ya no podía permanecer despierto, la inmensa cantidad de sangre que perdió hizo que cayera desmayado, sin embargo antes de hacerlo oyó la voz de su amigo.
— No le des el gusto a tu padre, él no sabe lo genial que eres. Más bien vive… vive mucho.
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Editado: 07.09.2026