Me enamoré del Capitán gruñón

Capitulo 31: Ya no lo puedo negar

Ethan le dio el último sorbo al vaso de vino para calmar su garganta seca. Alzo la visa y contemplo a los comensales que, en silencio habían oído todo cuanto contó.

Ernest cruzado de brazos miraba la mesa con el rostro endurecido, pensativo, como si se hubiera transportado al Infra nuevamente. Roberth, con la boca abierta y una cucharada a medio camino lo miraba asombrado, igual el pequeño niño, Francis, pero a diferencia de los demás una chispa de alegría se asomaba en su rostro. Y por último ojeó a Clara, la única mujer en la casa, ella tenía una mirada distinta, sus características cejas subieron al centro y sus ojos estaban apagados, como si ella misma hubiera vivido lo que acababa de contar.

Le pareció oportuno acabar de una buena vez de hablar ya que no le gustaba mucho ser el centro de atención con esas cosas.

— Después serví como guardia del castillo de Atenas, durante 4 años, fue entonces que me ofrecieron el puesto para formar a los reclutas. – Resumió mientras apoyaba de nuevo el vaso en su sitio.- Y así fue como terminé aquí…

El silencio en la mesa fue interrumpido por Francis.

— ¡Asombroso! Es de las mejores historias que he oído.- el muchacho estaba eufórico. Corto el ambiente pesado en un santiamén. Ernest rió y le revolvió el cabello al niño.

— Mi hijo es fanático de las anécdotas del inframundo, siempre quiere que le cuente alguna antes de dormir.

— De seguro usted tiene historias más interesantes que las mías, señor.

— Desde luego, he estado más tiempo que tu allá. Deja que te cuente como perdí la pierna,- Ernest giro hacia dónde estaba Clara.- Hija, ¿podrías traer más vino del almacén?- Clara no reacciono, sus ojos vidriosos estaban fijos en el capitán. No fue hasta que éste la miro directamente que se puso de pie y se volteó de inmediato.

— Sí, por supuesto…

Con diligencia salió. Cuando el frío viento de la noche le dio de lleno en el rostro pestañeo y una lagrima cayo por su mejilla. Dio gracias de poder aguantar hasta salir fuera.

Mientras buscaba la botella en el almacén sentía un nudo en el pecho. Oír aquella historia la había afectado más de lo que querría.

Ese sentimiento de impotencia, de no poder hacer nada ante la muerte de un ser querido era algo bien conocido por Clara, después de todo ella presenció la lenta agonía de su madre luego del parto, sola.

Apretó la botella contra su pecho y arrugo la boca conteniendo las ganas de llorar, porque si comenzaba ya no se detendría.

— Maldición.- Murmuró.- ¿Por qué justo ahora recuerdo eso?- se golpeó la cabeza con la palma.- Eres una tonta Clara, una tonta, tonta, tonta…

De pronto una voz masculina la sobresaltó.

— ¿Estás bien, Harding?- Era el capitán.

Del susto soltó la botella. En seguida el vidrio estalló y el líquido rojo se derramo por el suelo.

— ¡Demonios!- Clara se agachó para recoger los trozos de vidrio, Ethan se acercó.

— Lo lamento, es mi culpa por asustarte…

— Descuide, es que soy muy torpe. – El pelirrojo se arrodillo junto a ella para ayudarla a juntar el vidrio. Clara agacho más la cabeza para que no la vea.- ¿Por qué vino aquí? – preguntó.

— Vine a buscar algo de la alforja antes que tu padre siguiera con su historia, con todo este alboroto no he tenido oportunidad de mostrarles…- Ethan buscó hasta dar con el rostro de Clara y entendió en seguida.

— Estabas llorando…- Ella desvió la vista.

— No, no, solo… me entro una basura en el ojo.

De pronto sintió la mano de Ethan apartándo su cabello del rostro para verla mejor.

— Harding…- ella lo miro.- No me mientas.

Los labios de Clara comenzaron a temblar, ella los apretó tratando de contenerse pero las lágrimas inundaron sus ojos y ya no pudo retenerlas. Comenzó a llorar.

Ethan alzo la mano y acaricio su hombro, luego la rodeo con los brazos, cuando ella apoyo su cabeza en su hombro le dio unas palmaditas en el cabello.

— Conocer mi pasado no te haría a compartir mi dolor de esta manera… ¿acaso has recordado algo triste?- Ella no podía responder por el llanto compungido, sin embargo asintió con la cabeza. – Lamento haberte recordado cosas tristes. No es necesario que me cuentes. Solo déjalo salir, y te sentirás mejor.

Ethan permaneció en aquella posición un buen rato.

Cuando se hubo calmado Clara se separó abruptamente, como si hubiese recordado de pronto que el capitán era quien la estaba consolando.

— Déjeme.- Dijo dándose la vuelta.

— ¿Y ahora que bicho te picó?- No comprendía su reacción abrupta.

— Es que no quiero que me vea ahora. - Contestó mientras se limpiaba las lágrimas con la manga del vestido. -estoy hecha un desastre…- Ethan libero una risa espontanea.

— Pero si siempre estás hecha un desastre.- Clara se volvió solo para darle unos golpecitos en el brazo de manera consecutiva.- Auch, Auch, Auch…

— ¿Acaso quiere comprobar si recupere ya mi fuerza? ¿Eh?- Ethan alzo las manos en señal de paz.

— No por favor, ya tuve suficiente con los golpes de tu padre.- Clara se detuvo ya más calmada.

— Oh si… Lamento eso.

— Ya me pediste disculpas antes, deja de hacerlo.

Clara observo al capitán, no estaba enfadado. De hecho tenía una sonrisa amable como pocas veces deja ver, una que le transmitía tranquilidad.

Sin decir nada sus comisuras de los labios se alzaron también.

Ya era imposible negarlo, cada vez que conocía una nueva faceta de ese hombre más crecía ese sentimiento en su pecho. Estaba enamorada de él, contra toda lógica y razón.

— De acuerdo.- volvió la vista al charco de vino que se estaba filtrando en la tierra.- Mi padre se va a enfadar, esa era a ultima botella.

— Descuida, tengo algo que lo va a calmar.

Tomo el fardo pesado que tenía atado en su caballo, se lo cargo al hombro y volvieron al interior de la casa. Ernest había ido a buscar más leña para avivar el fuego mientras Francis y Rob terminaban de levantar la mesa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.