Me gustas, te quiero, pero no funcionará.

1. Rutina

Otra vez lo mismo: trabajo, casa, fines de semana de videojuegos o de ver reels todo el día. No te das cuenta del tiempo. Otra vez trabajo, casa.
Oh, un ascenso: más trabajo, menos casa.
La rutina es agobiante. El celular se llena de videos guardados, pensados para “hacer después”, aunque ese después seguramente nunca llegará. Así pasa la vida de un adulto: imaginando que el futuro será mejor, hasta que un día se da cuenta —muy tarde— de que la juventud se fue y quedó estancado en lo mismo.
Marco tenía la misma rutina todos los días. Tenía novia, un trabajo estable y estaba en una universidad que, si bien no asistía presencialmente, le serviría para obtener el certificado, que al final es lo que importa. Todavía vivía en casa de sus padres. No tenía el valor —ni la economía— para irse a vivir solo, sabiendo que acabaría cocinando comida instantánea.
—Hoy te visitaré más tarde. Veremos pelis en tu casa y estaremos juntos, ¿te parece?
Ángela acepta con un “ujum”.
Ver las calles en las que hace años me perdí, y que ahora son como mi segunda casa, me hace feliz… ¿no? Me pongo los audífonos y solo espero que el tiempo pase más rápido y me lleve hasta ella.
Hora de irse de nuevo a casa. Ha sido otro día más de buscar una nueva película. Con todo el tiempo libre que tiene Ángela es difícil: ya se ha visto todas las películas y todas las series. Encontrar algo que nos sorprenda a ambos se vuelve casi imposible.
Ella es más de acción. Yo, más de romance.
Tal vez nos equivocamos de sexo al nacer.
No.
Qué machista sonó eso.
Me detengo un instante en la calle. Tomo una bocanada de aire y la expulso. No estoy enfermo, pero me gusta hacerlo. Se siente como tomar valentía para algo… aunque esta vez solo sea para seguir caminando hacia mi casa.
Comienza otra vez la semana.
Otra vez la misma rutina: casa, trabajo.
Veo publicaciones de mis compañeros de trabajo, casi todos casados y con hijos. Fotos con la “hermosa familia”. Si supieran que uno de ellos anda con la señora de limpieza, tal vez no se verían tan felices.
Oh, ya pasó la media hora de esconderse en el baño.
—Oye, ¿este sábado quieres salir? Mi amiga nos invita a su cumpleaños. Dice que será algo tranquilo.
—¿Tu amiga? ¿Aquella a la que le gusta andar con la suficiente poca ropa como para que no la denuncien por exhibicionismo?
—Deja de decir esas cosas. Tiene buen gusto para vestirse y, además, ¿a ti qué te importa cómo se vista? Es su vida, ella sabe lo que hace.
—Tal vez no me importaría si no te juntaras tanto con ella. Ya sabes lo que dicen: dime con quién andas y…
—Sí, ya basta de esto. Si no querías acompañarme, solo tenías que decirlo.
—Ya sabes que no es que no quiera. El domingo tengo que entregar mi proyecto y, como soy nuevo en el área, tengo que quedarme a trabajar. Me pagarán más, así que me conviene.
Ángela se pinta los labios y parece ignorar lo que dijo Marco.
—Te estaré escribiendo, ¿ok? No duermas tarde y, por favor, deja ya ese maldito celular.
La videollamada termina.
Ella piensa que todas las personas tienen su tiempo. Si supiera que estas horas son las únicas en las que puedo distraerme de toda la responsabilidad que ahora recae sobre mí…
Jajajaja.
Los videos hechos con IA son geniales.



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En el texto hay: amor, rutinas, cansancio emocional

Editado: 06.02.2026

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