Me gustas, tonto.

Capítulo 30: Verdades dichas.

Helena

Me fui porque Debora y tu madre empezaron a presionarme.

Además, tu madre me empezó a culpar por la pelea que tuvieron y ya no quise aguantar más su desprecio y sus maltratos.

En eso llega el colectivo y salgo corriendo hacia él para subirme, pagar y sentarme en un asiento.

Vuelvo mi mirada hacia la pantalla del celular y veo que tengo dos mensajes de Mateo.

Teo ❤️

Mañana ya me dan de alta.

Así que sí o sí te quiero ver, no sé si en el hospital o afuera de mi casa, pero te quiero ver.

31 de mayo de 2016.

09:15

—Así que… Te vas a Córdoba, Marcos —murmuro.

—Sí, quiero ver si tengo suerte allá. —Agacha su cabeza, mientras le da una calada a su cigarro.

—Espero que lo consigas…

—Entonces, ¿te vas a Inglaterra?

Asiento.

—Si el abuelo estuviese vivo, les hubiese dicho vende patria a los tres.

Me río y vuelvo a asentir.

—Sí, también hubiese dicho que “¿Cómo que a la tierra de los enemigos, tontos?”

—¿Cuándo empiezan las clases allá?

—Tengo entendido que en septiembre, mis papás ya están haciendo los papeles, así me voy a estudiar allá.

—Cuándo junte la plata, me voy a ir allá para visitarte. Hace amigas Inglesas —Sonríe y me muestra su dentadura casi perfecta—. Quiero tener una novia.

—Ya superaste a Miel.

Se le borra la sonrisa de su boca y agacha la cabeza para luego negar con ella. Vuelve a alzar la cabeza para por fin responderme.

—No, no la superé. Fui un pelotudo en dejarla por una chica que no amaba —Aprieta sus labios como si aguantara las ganas de llorar—. Intenté volver con ella, pero me dijo que no… Le supliqué por un mes entero, pero a las malas me hizo entender que no va a volver conmigo —Suelta un suspiro—. Por eso, ya no insistí y la dejé ir.

Asiento y me muerdo mi labio inferior antes de hablar.

—Creo que no voy a superar a Mateo o si lo llego a hacer, creo que no me podré enamorar de otro chico por un largo tiempo.

—Bueno, ¿qué preferís? ¿Estar con él y aguantar el maltrato de su madre o estar sin él, pero estando en paz?

Me quedo pensando en lo que dice mi primo y tiene razón, por meses estuve aguantando a la madre de Mateo y no pienso aguantarla más. Sería tener tan poco amor propio.

—Prefiero mi paz, no volveré con Mateo… Nunca me defendió de su madre por más que yo no haya hecho algo malo… Lo único que pequé fue en decirle que es una mala madre por haber botado a su hijo de su casa siendo un menor de edad.
—¿Sabes que se está muriendo por vos? —pregunta mientras me mira a los ojos.

—Sí, lo sé —Paso mi mano para hacer mi pelo para atrás—. Yo también siento que me estoy muriendo por él, pero mi vida no puede tratarse solo en él. —Suspiro.
—Un hombre nunca va a superar a la mujer que amó de verdad, Len.

—No creo en eso, primo… Creo que podés superar a tu primer amor con el paso del tiempo, al final, solo son los momentos que extrañas.
18:30.

Estoy llegando a la casa de Mateo, estoy muy nerviosa porque casi en todo el día no lo veo.

—Hace un frío de la mierda —digo.

Suspiro y veo como sale humo de mi boca. Meto mis manos dentro de los bolsillos de mi campera y sigo caminando.

Mamá y papá preguntan por qué voy a la casa de Mateo cuando ya no somos novios, pero ellos no entienden que yo aún lo amo, que mi vida, o bueno, mi adolescencia entera estaba/está alrededor de Mateo… Los cumpleaños, los eventos, las Navidades, Años nuevos, salidas de amigo hasta de novios, TODO lo comparto con él desde los trece o catorce años. Aunque sea, solo quiero pasar por última vez con él y ya…

Estoy enfrente de la puerta de su casa, tengo miedo de tocar y que sea su madre la que abra, pero tengo que hacerlo.

—Se lo prometí —digo mientras respiro hondo.
Toco la puerta y espero unos cinco minutos… Es la madre de Mateo.

—Señora —dice Helena—, vengo a ver a Mateo, ¿puede llamarlo?

—¿Por qué estás acá? Ya hiciste mucho daño… Provocaste que una madre y un hijo se peleen. —Cierra la puerta.

Vuelvo a tocar la puerta, dando un suspiro de cansancio por toda la inmadurez de la señora. Espero unos segundos y la puerta se vuelve a abrir.

—Señora, se lo estoy pidiendo con toda la amabilidad del mundo, estoy acá porque su hijo me lo pidió cuando estaba internado.

—Te odio, Helena. Te odio con todo mi ser. —Escupe su veneno hacia mí.

—¿Y por qué me odia tanto, señora? ¿Podría explicarme así entiendo todo el maltrato que viví por parte de usted?

—Me quitaste a Mateo, a mi hijo —dice casi llorando.

—No se lo quité, él sigue viviendo acá y se muere por usted —Trato de no querer darle un golpe por lo tonta que es—. Si algo le pasa a usted, Mateo se muere.

—No —murmura—, solo le importas vos, si yo le importara no me habría tratado como lo hizo en el hospital… Desde antes que fueran novios, se me empezó a revelar… Cada vez que le hablo, él no me escucha…

—¿Le habla o le grita? Porque si en esas estamos, yo solo le enseñé a Mateo que no debe dejarse tratar mal por nadie aunque sea su madre. Él no es una basura como para tirarlo a la calle, no es un perro… Él es un gran hombre, inteligente, laburador, luchador, especialmente valiente. Es muy valiente, no tiene miedo a recibir un navajazo o de tirarse al fuego por usted… Mientras que usted siendo su madre le hace daño sin pensarlo dos veces. Si lo ama como usted dice, ni siquiera es necesario pensarlo una vez para hacerle daño, no le haría eso —Siento que mi pecho sube y baja, trato de controlar mi enojo para no insultarla con palabras vulgares—. Usted no se merece a Mateo, no se merece el hijo que tiene.

Siento que mi mejilla arde, me la toco y veo a la madre de Mateo, está tratando de respirar.

Puedo notar que sus ojos están rojos por las lágrimas contenidas, su respiración está muy acelerada como si hubiese corrido un maratón. La mujer quiere volver a levantar su mano, pero el grito de Mateo la detiene.



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En el texto hay: romance, amor, amistad

Editado: 11.01.2026

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