Agradezco a mí
por luchar conmigo misma,
por no soltarme
cuando todo pesa.
Agradezco seguir construyéndome,
aun entre dudas y caídas.
Agradezco este corazón grande
que, pese a las decepciones,
sigue siendo amoroso,
puro
e inocente.
Agradezco a quienes estuvieron,
y también a quienes fingieron estar,
porque abrir los ojos
también es una forma de despertar.
Agradezco las personas,
las situaciones
y los momentos
que trajeron desilusión,
porque me enseñaron a verme con verdad.
Agradezco a quienes me quieren
por quien soy
y no por quien esperan que sea.
Agradezco a la vida
por mis seres amados,
y aunque algunos hoy me faltan,
agradezco profundamente
haberlos tenido.
Agradezco lo que no pude hacer,
mi frustración,
mi enojo,
mis silencios.
Agradezco mi persona,
mi humildad
y la armonía que intento sostener.
Agradecer cada segundo,
el bueno,
el malo
y el peor,
es reconocer mi humanidad.
Ser agradecida conmigo misma
es un acto de amor
y una gran bondad.