Eres, fuiste y serás Inmarcesible.
Un ser angelical, una luz firme que, a pesar de todo, brilló.
Fuiste una rosa valiente y poderosa,
una rosa que no se marchita,
una rosa inmarcesible, eternamente.
Aunque hoy tu luz ya no brille en este mundo,
dejaste raíces irrompibles.
Dejaste tu claridad en quienes te amamos,
en quienes te apreciamos y te recordamos,
porque fuiste guerrera, luchadora
y heroína en cada etapa de tu vida.
Inmarcesible es la fuerza de no marchitarse,
la valentía de persistir
y la bondad de un amor incondicional.
La eternidad te pertenece,
porque la huella que dejaste en cada vida que tocaste
es inmensa
y siempre lo será.
El dolor persiste,
pero tu amor prevalece.
Vive en cada recuerdo,
en cada alegría
y en cada baile que llenaba tus días.
Fuiste una rosa heroica,
un ángel que dejó una marca imborrable,
porque así son los inmarcesibles:
poderosos,
eternos,
imposibles de marchitar.
Siempre llevaré en mi corazón
la dicha de haberte tenido en mi camino.
Y aunque duele tu ausencia,
agradezco lo vivido,
agradezco lo amado.
Porque los ángeles que pisan la tierra
dejan huellas profundas en el alma.
Gracias por haberte cruzado en mi vida,
gracias por haberme acogido,
gracias por tu existencia.
Siempre fuiste
una rosa valiente,
una Rosa muy linda,
en todo tu esplendor.
Para quien llegó como refugio,
se quedó como raíz
y partió como luz eterna.