Sé que quizá no he sido una hija ejemplar. Sé que muchas veces los saqué de quicio, que no supe comprender momentos ni situaciones por capricho o por simple rebeldía. Hoy, un poco más sensata y un poco más madura, agradezco todo lo que he tenido gracias a ustedes.
Sé que no nacieron con un instructivo para ser los mejores padres, pero también sé que hicieron lo posible. Y aunque aún tengo momentos de rebeldía, hoy puedo reflexionar, reconocer mis errores y entender los suyos. Gracias por darme todo lo que estuvo a su alcance, porque aunque quisieron darme más, me dieron todo lo que tenían.
Nunca podría imaginar mi vida sin ustedes. Y aunque a veces no lo digo con palabras, intento demostrarlo con actos. Agradezco todo lo que me enseñaron: el amor, el cariño y esa entrega incondicional con la que me formaron.
Sé que se perdieron como mujer y como hombre por cuidar y dedicar su vida a sus hijos. Sé que hubo momentos difíciles, situaciones delicadas y caminos que yo no comprendía, pero hoy los agradezco.
Gracias, mamá, por cuidarme día y noche, por hacer que el dinero alcanzara incluso para unos dulces, por dedicarte a ser madre aun cuando dejaste de lado partes de ti. Ojalá hoy estés retomando ese lado que también te pertenece.
Gracias, papá, por trabajar y proveer todo lo que estuvo a tu alcance, por no dejarnos nunca sin comida, sin luz ni sin agua. Gracias por tu esfuerzo, por tu sudor y por esos momentos de desesperación que aun así llevaste con valores y principios firmes.
Gracias por todo lo que son para mí. Tal vez no nacieron sabiendo ser padres, pero lo hicieron lo mejor posible. Y aunque yo tampoco nací sabiendo ser hija, todos aprendemos de los momentos, los lugares y las circunstancias que la vida nos da.
Porque ustedes han estado a mi lado en mis mejores y peores momentos, y espero algún día ser el apoyo que ustedes necesiten, aprendiendo juntos de nuestros errores.
Gracias a todos los que entregan su vida por sus hijos sin tener un manual, pero dando siempre lo mejor de sí.
Papá, mamá: los amo.