—Si no paras de moverte, no podré soltarte pequeño —dije, rompiendo con facilidad, las cadenas que le mantenían inmóvil.
El niño, tenía un ligero parecido a su hermana.
—¡Vaya, menuda fuerza! — exclamó Lukas con asombro.
La maldición me había otorgado, algunas habilidades sobrehumanas; la fuerza, la agilidad, la visión nocturna y la capacidad de proyectarme con la mente a cualquier lugar, por tiempo limitado.
—¿Por qué quieres ayudarnos? —preguntó el adivino, con curiosidad.
Le observé durante unos segundos, sopesando mi respuesta. Si era honesto conmigo mismo, estaba saltándome mis propias reglas por Abi.
—No lo hago por vosotros —respondí con sequedad.
—Ya veo —exclamó, con una sonrisa retorcida.
—Vayámonos, antes de que Ophelia se de cuenta de mi ausencia.
Les ayudé a salir de la cueva , retirando la maleza que ocultaba la entrada. La noche estaba despejada, y las estrellas parecían titilar con fuerza, en el cielo oscuro.
—Antes de partir —dije —hay varias cosas que deben quedar claras. La primera y más evidente, no revelaréis a nadie en Almandine mi identidad, tampoco donde se encuentra ubicada la cueva, aunque dudo mucho que lográseis llegar hasta aquí por vuestra cuenta.
—Entendido —dijo Nicholas.
—Creo que no es necesario que os aclare, que sería sencillo encontraros a ambos.
—Mentiste a Abi —exclamó Lukas con el ceño fruncido.
—Sólo he obviado cierta información, por ahora.
El sonido de unos cascos me puso en alerta, seguramente Ophelia había notado mi ausencia.
—Seguid el sendero hasta llegar al claro, no os desviéis del camino. Hay una cabaña abandonada no muy lejos de allí, resguardaros un tiempo. Os llevaré agua y alimento en cuanto pueda. Rápido...
Sostuve las riendas de mi caballo y se las tendí a Lukas, quién lo miró emocionado.
—¿Sabes montar?
El niño asintió y le ayudé a subirse al animal. Acto seguido le tendí la mano a Nicholas. El adivino dudó, pero finalmente aceptó mi ayuda.
—Lukas deberás ser sus ojos , ¿ podrás hacerlo?
—Claro que sí.
—Y tú...protege al niño. Si le sucede algo...
—Le protegeré con mi vida —afirmó.
—Que los dioses os acompañen —dije, azotando a Velor, quien comenzó a galopar perdiéndose entre la espesura oscura del bosque.
Aquello había sido demasiado arriesgado. Nadie me aseguraba que el adivino y el niño, cumplieran su palabra, sin embargo, no podía dejar que Ophelia les hiciera daño. Jamás me lo perdonaría. Justo en ese momento, mi hermana llegó con su yegua. El animal, relinchó al verme y comenzó a agitarse de un lado a otro, con nerviosismo.
—Nunca imaginé, que acabarías traicionando a tu familia, Lucian.
No me sorprendió, ver que sostenía la espada bendita de Lordiel , que brillaba con una tenue luz morada.
—¿Vas a matarme, Ophelia?¿esa es tu intención?
Ophelia saltó ágilmente del animal y sostuvo de manera amenazante la espada.
—Siempre fuiste débil. Siempre pensando en los demás, siempre anteponiendo a todos, antes, que a tus propios intereses. No puedo arriesgarme a que nos descubran por tu causa, creo que me entenderás, hermano —exclamó, lanzándose hacia mí con la espada.
La esquivé con facilidad, no deseaba hacerla daño. Era un simple mortal , los días en los que no había luna llena, también sangraba y también, sufría. Ophelia no podía sostener apenas la espada, era demasiado grande y pesada para ella, lo noté en cómo se le tensaban los brazos al sostener la empuñadura.
—Ophelia , detente.
Ella apretó los dientes y se lanzó al ataque de nuevo, esta vez me libré por poco. Iba desarmado, pero seguía siendo más ágil que ella.
—¡Basta! —grité.
Ella parecía no escucharme, totalmente fuera de sí, mientras me atacaba sin tregua, una vez y luego otra. No deseaba luchar contra mi propia hermana.
Ophelia tropezó con una pequeña rama rota, cayendo sobre sus rodillas. Su pecho subía y bajaba acelerado y un leve sollozo escapó de sus labios. Me acerqué despacio y me agaché hasta estar a su altura. Ella levantó el rostro lleno de lágrimas, y me dedicó una sonrisa triste.
Le tendía la mano y ella la aceptó.
—Ophelia... —exclamé en un susurro.
—Abrázame —dijo entre sollozos. Me acerqué a ella y la envolví entre mis brazos.
Recordé nuestra infancia. Ophelia tenía pánico a quedarse sola al anochecer, por lo que Viktor y yo, solíamos abrazarla hasta que se quedaba profundamente dormida.
Me preguntaba, qué es lo que había cambiado en ella. Porqué una niña dulce y amorosa, se había convertido en una mujer con el corazón oscuro y lleno de rabia.
Cuándo había comenzado el declive de su alma, lo que había convertido a la mujer en monstruo.
Algo afilado me desgarró el estómago.
Abrí los ojos por la sorpresa y bajé la mirada para encontrarme con sus ojos azules, vacíos y carentes de compasión.
Un hilillo de sangre resbaló por la comisura de mis labios. Me llevé la mano hacia la herida, donde un puñal estaba clavado casi hasta la empuñadura.
—¿Qué has hecho? —exclamé antes de derrumbarme en el suelo, cubierto de hojas y pequeñas ramas. Me retiré el puñal y la sangré salió a borbotones, fuera de mi cuerpo empapandome la ropa. Ophelia se agachó y me sonrió.
—¿Pensabas que sólo vendría con la espada? Me subestimas Lucian, siempre lo habéis hecho. Esto va más allá de una simple maldición demoniaca. Cuando Viktor regrese con el descendiente, le pediré al demonio que me convierta en su arma. Aniquilaré a todos esos desgraciados, hasta que solo queden las cenizas de Almandine, seré la criatura más poderosa de todo el reino.
—Has perdido el juicio... —balbuceé —el demonio te pedirá algo a cambio. Intenté no cerrar los ojos, pero estaba perdiendo mucha sangre, y la consciencia iba y venía, con demasiada rapidez.
—Le entregaré el alma de Viktor y de esa brujita a la que tanto amas...
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Editado: 31.07.2026