Medianoche Roja (completa)

Lucian.

Si aquello era el infierno, no era como esperaba. Abrí los ojos con dificultad y bajé la mirada hasta mi abdomen. La herida abierta aún sangraba, pero ya no sentía dolor, tampoco sentía frío, no sentía absolutamente nada.

Me incorporé a duras penas, la oscuridad me envolvía, silenciosa y fría como la noche. Unos ojos llameantes me observaban desde la distancia.

-Bienvenido Lucian -exclamó una voz de ultratumba.

-¿Dónde estoy?.

Aquellos ojos infernales desaparecieron , para reaparecer frente a mí de nuevo. Esta vez, el demonio se materializó, y la visión fue aterradora. El ser era una bestia enorme, de más de dos metros, con unos cuernos retorcidos y largas y afiladas garras. Sus ojos, brillaban como las llamas.

-¿Estoy muerto?.

-Sí.

Ophelia , mi propia hermana, sangre de mi sangre, me había asesinado. Apreté los puños con ira, todo lo que había hecho por ella, no había servido para nada. Me había condenado.

-Sí Lucian, tu propia hermana te ha asesinado. ¿ No es eso irónico? -rió. Aquella risa, haría temblar al más valiente. Me alegra de que estés aquí, me has servido bien.

-¿Qué pasará con Viktor?.

-Creo que ya conoces la respuesta a esa pregunta.

-No puede transformarse en una bestia, por favor, él...

-Era el trato, Lucian -gruñó, acercando su rostro a mí - sabías lo que sucedería si morías.

No podía permitir que mi hermano pasara por todo lo que yo había pasado. No podía permitir que el demonio se adueñara de su alma , como había hecho con la mía.

-Quiero hacer un nuevo trato.

El ser rió de nuevo y se desmaterializó , para materializarse a mi espalda.

-No me interesa hacer más tratos contigo, me servirás bien.

-Por esa razón, te he servido durante más de quinientos años, he asesinado y he reclamado la sangre de personas inocentes en tu nombre, necesito regresar para vengarme.

-¿Vengarte, Lucian? . Sabía que aquellas palabras, habían llamado su atención.

-De Ophelia.

-Uhm... -el demonio se acarició la barbilla -¿ y qué me ofreces como pago? Todo tiene un precio.

Tragué saliva. Pensé en Abi y en Viktor y cerré los ojos.

-¿Y bien? -exclamó el demonio con impaciencia.

-Mi alma como pago, no importa si rompen tu maldición. Te serviré, si me das la oportunidad de regresar.

-Ya tengo tu alma mortal.

-Seré tu arma por toda la eternidad.

El demonio sonrió , mostrando una sonrisa afilada llena de dientes.

-Piensas que si te dejo regresar, salvarás a tu hermano y a esa catalizadora... dudo mucho que puedas hacerlo, sin embargo, me gustaría ver si lo logras. Podrás regresar temporalmente para reclamar tu venganza, y cuando la medianoche roja cubra de carmesí el firmamento mortal, regresarás aquí y me servirás como bestia para toda la eternidad, sin embargo, perderás completamente tu humanidad. Cada luna llena hasta ese momento, seguiré reclamando la sangre de Almandine. ¿Estás de acuerdo, Lucian?.

Estaba condenándome por las personas que amaba, ya había perdido demasiado y aún así... Suspiré y miré a esa bestia a los ojos, con todo el valor que pude reunir.

-Trato hecho, pero pido poder convertirme en bestia cuando lo desee y no sólo cada luna llena. Me facilitará las cosas, ya que no dispondré de mucho tiempo. Sé que eso te complace -sonreí. Sabía que al demonio le divertía que fuera su mano, contra almas inocentes.

-Que así sea-susurró en mi oído, desmaterializándose -hasta pronto Lucian...

Algo me ardió en el estómago y caí de rodillas retorciéndome de dolor. Sentí naúseas y la piel de mis manos, comenzó a desgarrarse, hasta convertirse enenormes garras . Los dientes , afilados como cuchillas, descendieron de mis encías y la sangre resbaló por mi boca, al contacto con mis labios.

Grité de dolor, aquello era insoportable y de repente, silencio. Todo a mi alrededor pareció congelarse en el tiempo, sólo podía escuchar un leve zumbido en mis oídos.

Varias gotas de lluvia, resbalaron por mi rostro. Abrí los ojos y observé el cielo plomizo sobre mí. Me encontraba de nuevo en el bosque, junto a la cueva oculta.

Estaba de regreso. Reí como un paranoico, había logrado convencer al demonio.

Miré mi herida, ahora inexistente. Sólo las manchas carmesí que decoraban mi ropa, eran el recordatorio de que no lo había soñado todo.

Me incirporé , justo cuando la lluvia se hizo más intensa.

Miré mi mano, que se convirtió en garras en cuestión de segundos, y la cerré en un puño. Tenía cosas que hacer, y no me quedaba mucho tiempo.




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